Conoce a D. rex, el recién coronado “rey” de los hongos gigantes que mide casi 60 centímetros de altura
Mindy Weisberger
Cuando el reinado de los dinosaurios se desmoronó hace unos 65 millones de años, surgió una nueva realeza de entre las cenizas: un rey entre los hongos.
Científicos identificaron recientemente a Dianjunus rex, una especie de hongo gigantesco en lo que hoy es China, que comparte parte de su nombre con el Tyrannosaurus rex, el célebre dinosaurio “rey”. D. rex pertenece a una familia de hongos que apareció tras el evento de extinción que acabó con todos los dinosaurios no aviares, así como con aproximadamente el 75% de toda la vida vegetal y animal de la Tierra.
D. rex eclipsa a otros hongos por su tamaño, gracias a sus estructuras reproductivas erguidas y de color amarillo pálido —conocidas como estromas o cuerpos fructíferos—, que pueden alcanzar los 50 centímetros de altura (aproximadamente la altura de una maleta de mano para avión) y pesar cerca de 2,2 kilogramos.
“Siempre resulta interesante saber de un nuevo tipo de hongo o especie de seta que destaca por su tamaño espectacular”, afirmó Kabir Peay, profesor de biología y ciencias del sistema terrestre en la Universidad de Stanford, California, quien no participó en la nueva investigación. “Esto ayuda a poner de relieve todas las formas de vida fúngica realmente exóticas que existen en el planeta y que aún no han sido descritas por la ciencia”.
Los científicos registraron la presencia de D. rex en los bosques de la provincia de Yunnan, en el suroeste de China, durante estudios sobre diversidad fúngica realizados en 2024 y 2025. Los hallazgos se publicaron el 28 de septiembre en la revista Frontiers in Fungal Biology.
Agricultores de la zona ya habían visto anteriormente los estromas carnosos del hongo, que recuerdan a dedos, agrupados alrededor de un árbol muerto. Aunque no se han realizado pruebas para detectar toxinas en este hongo gigante, algunos lugareños incluso lo habían probado sin sufrir efectos adversos, señaló Indunil Senanayake, coautor del estudio y profesor asociado del Instituto de Botánica de Kunming, en China.
“Sin embargo, nadie le dio importancia”, comentó Senanayake a CNN por correo electrónico. Pero cuando un residente curioso envió fotos del peculiar hongo a los científicos, los investigadores se dieron cuenta rápidamente de que estaban ante algo especial.
El nuevo estudio que describe a D. rex pone de manifiesto cuánto queda aún por descubrir sobre la biodiversidad de los hongos.
La extinción masiva que provocó la desaparición de los dinosaurios pudo haber creado el entorno propicio para que este hongo de dimensiones colosales evolucionara y prosperara, según el estudio. D. rex no solo era una especie recién descubierta, sino que pertenecía a una familia única de hongos. Mediante análisis genéticos y comparaciones con otros hongos, los investigadores descubrieron que la nueva familia, denominada Dianjunaceae, probablemente surgió cerca de un millón de años después del impacto del asteroide que puso fin al periodo Cretácico (hace entre 145 y 66 millones de años).
“Durante este evento, la fotosíntesis se vio interrumpida y se acumularon enormes cantidades de hojas muertas, madera, raíces y cadáveres”, señaló Senanayake. En una época en la que otras formas de vida luchaban por sobrevivir, los organismos descomponedores —como los hongos que se alimentan de materia orgánica muerta— pudieron aprovechar ese banquete.
En cuanto al tamaño, el D. rex no se acerca ni de lejos al T. rex, pero sí supera con creces a otros hongos. Esta especie es la más grande conocida dentro del filo Ascomycota, el grupo de hongos más diverso, que abarca unas 65.000 especies, incluidas las colmenillas, las trufas y las levaduras.
Antes del descubrimiento del D. rex, el miembro más grande conocido de los ascomicetos era un hongo pardo y bulboso de Kenia llamado Engleromyces goetzei, que alcanza un diámetro de casi 30 centímetros (12 pulgadas) y un peso de unos 3,2 kilogramos (7 libras), indicó Senanayake. El resto de los ascomicetos, también conocidos como hongos de saco, estrechamente emparentados con el D. rex varían desde tamaños microscópicos hasta apenas unos pocos centímetros de altura.
Una de las preguntas que los científicos quieren responder a continuación es por qué el D. rex es tan grande en comparación con otros hongos de su mismo tipo, comentó Senanayake.
“Por lo general, los ascomicetos no producen estromas grandes, ya que ello supone un gasto de energía”, explicó.
Los hongos en saco se reproducen expulsando activamente sus esporas; en el caso de D. rex, la parte superior de los cuerpos fructíferos contiene miles de poros diminutos que liberan esporas. Sin embargo, el suelo forestal de sus hábitats está densamente cubierto de material vegetal fibroso que podría atrapar dichas esporas, señaló Senanayake.
El cuerpo fructífero de D. rex se eleva considerablemente por encima del suelo del bosque, lo que podría permitir que las esporas se dispersen más ampliamente y mejorar así el éxito reproductivo, sugirió la investigadora.
Los hongos son organismos esenciales que contribuyen al ciclo del carbono de la Tierra y favorecen la salud y la nutrición de muchas especies vegetales.
“Es realmente importante que comprendamos su función”, afirmó Peay, de la Universidad de Stanford. “El primer paso para entender qué hacen es describirlos, reconocer su existencia y, posteriormente, tratar de comprender más detalles sobre su ecología”.
Hasta la fecha, los científicos han descrito unas 150.000 especies de hongos, pero algunas estimaciones indican que en el planeta existen entre 2 y 13 millones de especies.
“Es un grupo de organismos enormemente subestimado y poco descrito”, añadió Peay.
Los hongos pueden resultar sorprendentemente difíciles de localizar en sus hábitats forestales, incluso ejemplares tan grandes como D. rex. Un hongo está compuesto en gran medida por filamentos similares a hilos llamados hifas, conocidos colectivamente como micelio. Estas estructuras suelen encontrarse enterradas en el suelo, en madera en descomposición o entre la vegetación, mientras que las partes reproductivas —los estromas— emergen sobre la superficie “cuando las condiciones ambientales son adecuadas o cuando el hongo llega al final de su ciclo vital”, explicó Peay.
Debido a estas características, el descubrimiento de un nuevo hongo suele depender de estar en el lugar y el momento adecuados. De lo contrario, “incluso setas realmente impresionantes como esta pueden quedar sin describir o pasar desapercibidas”, comentó refiriéndose a D. rex.
The-CNN-Wire
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