Skip to Content

La flamante Nobel de la Paz, Navi Pillay, envió un mensaje al mundo, y también a Trump

Por Issy Ronald, CNN

Cuando la jurista sudafricana Navi Pillay ganó el Premio Nobel de la Paz de este año, se encontraba en una conferencia en el Tribunal de Núremberg (Alemania), lugar donde el histórico juicio contra los líderes nazis, hace casi 80 años, sentó las bases del derecho internacional moderno.

Mientras sus colegas del ámbito de los derechos humanos aplaudían y felicitaban a la exjueza de la Corte Penal Internacional (CPI) por su galardón, su primera reacción fue simplemente: “¿Es verdad? Pensé que era una broma”.

“Si aplauden un poco más, tal vez comparta este premio con Trump”, bromeó —en referencia a cómo la ganadora del año anterior entregó su medalla al presidente estadounidense—, antes de añadir: “Es muy apropiado que esté rodeada de amigos y colegas que apoyan los derechos humanos”.

La labor de esta comunidad y el orden jurídico internacional se han visto cada vez más atacados en los últimos años; un hecho que el Comité Nobel quiso destacar al decidir reconocer a Pillay, de 85 años.

Al poner el foco en Pillay —quien ha formado parte de varios tribunales internacionales y supervisó un informe de la ONU de 2025 que concluía que Israel cometió genocidio en Gaza—, el comité afirmó querer “recordar al mundo que el Estado de derecho, tanto nacional como internacional, es el pilar del sistema que hemos establecido para garantizar la paz”.

Ese mensaje no iba dirigido explícitamente a ningún Estado en particular. Sin embargo, de manera implícita, cuestionaba a aquellos países —especialmente a Estados Unidos— cuyas acciones han debilitado las instituciones jurídicas internacionales.

Horas después de que se anunciara el premio de Pillay, el Gobierno de Trump comunicó nuevas sanciones contra la CPI, el organismo creado en 2002 para procesar a individuos acusados ​​de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio. La CPI condenó la medida calificándola de “ataque al Estado de derecho y a los propios cimientos del orden jurídico internacional”, instó a otros Estados a apoyar al tribunal y subrayó que su labor continuaría. Varios fiscales del tribunal ya han sido objeto de sanciones estadounidenses tras la emisión de órdenes de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su exministro de Defensa, Yoav Gallant, en 2024.

El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, incluso prometió en julio “desmantelar” la CPI, acusándola de “librar una guerra contra nuestro país, no con balas o misiles”, sino con “la fuerza del llamado derecho internacional”.

Sin hacer referencia a estos esfuerzos, el comité del Nobel advirtió que el derecho internacional es “una necesidad absoluta” para la paz, aun cuando ha tenido dificultades para hacer que los actores más poderosos del mundo rindan cuentas por sus acciones.

“La historia ha demostrado que un mundo que funciona sin el Estado de derecho es injusto, imprudente e inhumano”, continuó el comité. “Por tanto, los jueces —aquellos que custodian la delgada línea roja entre el orden y el caos— merecen con creces nuestro reconocimiento. Pero hoy, esos mismos jueces son sancionados y sus instituciones son atacadas”.

Pillay, quien ha ejercido como jueza en los principales tribunales internacionales y como alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, encarna muchos de los valores que el comité quiso destacar. Ella también advirtió que el derecho internacional, la CPI en particular y los derechos humanos están bajo ataque, lo que socava el principio de que la justicia es necesaria para una paz duradera.

Fue una elección valiente, declaró a CNN Haakon Gjerløw, director interino del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (PRIO). “Son grandes actores políticos los que presionan contra algunas de estas instituciones, contra algunos de los órdenes jurídicos”.

Elegir a una persona, en lugar de a las instituciones para las que trabaja, “demuestra que nosotros, como individuos, podemos trabajar por la paz desde nuestras diferentes capacidades”, añadió Gjerløw.

Nacida el 23 de septiembre de 1941, Pillay creció en una familia de origen tamil indio en Durban, Sudáfrica, mientras el país aún estaba bajo el régimen del apartheid.

Las donaciones de su comunidad local le permitieron matricularse en clases para estudiantes no blancos en la Universidad de KwaZulu-Natal, y fue allí donde tuvo contacto por primera vez con las transcripciones de los Juicios de Núremberg. Aquello la cautivó profundamente, tanto por mostrar cómo los países podían unirse en pos de la justicia penal como por ofrecer un marco para comprender los crímenes de la era del apartheid.

Tras graduarse, defendió a activistas contra el apartheid, denunció las torturas a detenidos políticos y emprendió acciones legales con éxito para evitar que torturaran a su propio marido, quien se encontraba detenido.

“Logré que los presos políticos, incluido Nelson Mandela, tuvieran acceso a abogados”, escribió en un artículo de opinión para CNN en 2021. “El primer despacho judicial al que entré fue el mío propio, en 1995, al convertirme en la primera mujer no blanca en ejercer como magistrada del Tribunal Superior”.

Sin embargo, nunca completó su mandato en el Tribunal Superior de Sudáfrica, ya que fue elegida por la Asamblea General de la ONU como jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, organismo creado para procesar a los responsables del genocidio en ese país de 1994.

Pillay desempeñó un papel fundamental en dos precedentes jurídicos importantes establecidos por dicho tribunal: en primer lugar, que la violación y la violencia sexual podían constituir crímenes de lesa humanidad y genocidio; y en segundo lugar, que un acusado podía enfrentar “cargos de incitación a cometer genocidio basándose únicamente en la difusión de propaganda”, señaló el Comité Nobel.

Ejerció como jueza en la Corte Penal Internacional (CPI) entre 2003 y 2008, antes de ser nombrada Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Actualmente es jueza de la Corte Internacional de Justicia en un caso en el que Myanmar ha sido acusado de genocidio.

La decisión del Comité Nobel de otorgar el Premio de la Paz a Pillay provocó este viernes una reacción negativa por parte de Israel, país que ha negado rotundamente las acusaciones de genocidio.

Netanyahu criticó duramente al Comité Nobel, al afirmar que había “perdido su brújula moral” y acusando a Pillay de decir “mentiras”.

Hasta el momento no ha habido reacción por parte de Trump, quien nunca ha ocultado su deseo de obtener dicho galardón.

En un discurso improvisado pronunciado este viernes en Núremberg, Pillay dedicó su Premio Nobel a “todos los sobrevivientes de crímenes internacionales” y a quienes defienden la justicia penal internacional, “cuya compasión y valentía siguen garantizando que no se permita que reine la impunidad”.

“Quizás estaba destinada a que me encontrara en esta histórica Sala 600 —donde se celebraron los Juicios de Núremberg— cuando se hizo el anuncio y se me comunicó la concesión del galardón”.

The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.

Con información de Lauren Kent, Arina Porkhovnik, Dana Karni, Jennifer Hansler, Jo Shelley y Lauren Said-Moorhouse, de CNN.

Article Topic Follows: CNN - Spanish

Jump to comments ↓

CNN Newsource

BE PART OF THE CONVERSATION

KION 46 is committed to providing a forum for civil and constructive conversation.

Please keep your comments respectful and relevant. You can review our Community Guidelines by clicking here

If you would like to share a story idea, please submit it here.