Cuando Irán desafía el cese del fuego, el Gobierno de Trump se encoge de hombros
Análisis por Aaron Blake, CNN
Las respuestas a los más recientes ataques entre EE.UU. e Irán durante el supuesto cese del fuego han sido reveladoras.
Teherán calificó los ataques estadounidenses contra sus plataformas de lanzamiento de misiles y embarcaciones como una flagrante “violación” del cese del fuego y amenazó con responder.
Mientras tanto, Estados Unidos aseguró que el cese del fuego seguía “en marcha”, pese a presentar a Irán como el agresor.
Un portavoz del Comando Central de EE.UU. acusó a embarcaciones iraníes de “intentar colocar minas” en el estrecho de Ormuz. Eso sería un acto notablemente provocador, especialmente en medio de lo que parecían ser algunas de las conversaciones de paz más serias hasta ahora. Pero luego el portavoz agregó: “El Comando Central de EE.UU. continúa defendiendo a nuestras fuerzas mientras actúa con moderación durante el cese del fuego en curso”.
Este tipo de respuesta se ha vuelto habitual.
Y el patrón refuerza cuán ansioso parece estar el Gobierno de Trump por poner fin a la guerra, una dinámica que está debilitando la capacidad de presión de Estados Unidos.
El episodio más reciente involucra lo que el ejército de EE.UU. calificó como “ataques de autodefensa” dirigidos contra plataformas de lanzamiento de misiles y embarcaciones cerca del estrecho de Ormuz el lunes. Más tarde ese mismo día, la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán dijo que “derribó un dron estadounidense y obligó a huir a un dron y un avión de combate de EE.UU.”, presentándolo como una “respuesta recíproca”.
Pero mientras la respuesta de Irán fue desafiante, la de EE.UU. no lo fue tanto.
Además de que el Comando Central aseguró que el cese del fuego seguía “en marcha”, el secretario de Estado Marco Rubio evitó en dos ocasiones referirse directamente a los ataques cuando fue consultado al respecto durante un viaje en India. La primera vez habló en términos generales sobre negociaciones de paz. La segunda habló de la necesidad de mantener abierto el estrecho de Ormuz.
La situación recuerda dos episodios ocurridos a comienzos de mayo.
En el primero, el presidente del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, dijo durante una conferencia que Irán había disparado en nueve ocasiones contra embarcaciones comerciales y capturado dos buques portacontenedores, además de realizar “más de 10” ataques contra fuerzas estadounidenses. Pero inmediatamente aclaró que todos estaban “por debajo del umbral para reiniciar operaciones de combate importantes en este momento”. Lo describió como “acciones cinéticas de bajo nivel”.
Cuando al secretario de Defensa Pete Hegseth le preguntaron si el cese del fuego había terminado, aseguró a los periodistas que no.
En un momento pareció presentar lo que ocurría en el estrecho como algo distinto de la guerra en general. Y pidió a Irán “ser prudente” y asegurarse de que sus acciones militares no cruzaran el “umbral” para violar el cese del fuego.
Pocos días después, EE.UU. atacó instalaciones militares que, según dijo, eran responsables de ataques contra buques de guerra estadounidenses en el estrecho.
Pero el presidente Donald Trump volvió a restarle importancia.
“El cese del fuego sigue adelante. Está en vigor”, dijo a ABC News a comienzos de mayo. Describió los ataques estadounidenses como “solo una pequeña palmada”.
Al igual que ahora, mientras el Gobierno de Trump aseguraba al público que el cese del fuego seguía intacto, Irán decía que había sido violado y respondía con lo que calificó como ataques “recíprocos”.
Y luego está posiblemente la mayor violación potencial del cese del fuego: que Irán mantenga cerrado el estrecho de Ormuz.
Cuando Trump anunció el cese del fuego el 7 de abril, dejó claro que este solo duraría mientras Irán reabriera el estrecho.
Escribió en redes sociales que “sujeto a que la República Islámica de Irán acepte la APERTURA COMPLETA, INMEDIATA y SEGURA del estrecho de Ormuz, acepto suspender el bombardeo y ataque contra Irán por un período de dos semanas”.
Esa reapertura “COMPLETA e INMEDIATA” del estrecho, por supuesto, nunca ocurrió. El Gobierno intentó mostrar una imagen positiva en los días posteriores y citó supuestos avances para reabrirlo. Pero EE.UU. ya lleva siete semanas de cese del fuego y el estrecho sigue bloqueado.
Al intentar mantener vigente el cese del fuego y restar importancia a las provocaciones de Irán, el Gobierno de Trump está dejando en evidencia una ansiedad evidente por evitar reanudar la guerra y un deseo de alcanzar un acuerdo.
En ese sentido, Trump ha ignorado repetidamente sus propios plazos para que Teherán llegue a un acuerdo y se ha negado a reiniciar hostilidades a gran escala, pese a sus frecuentes amenazas.
Y esa postura está debilitando su posición negociadora. Irán parece apostar a que Trump tiene más prisa por poner fin a la guerra que el propio país persa.
Las respuestas divergentes a los ataques más recientes solo refuerzan esa percepción.
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