Cómo el álbum del Mundial desafía a la inflación y crea su propia economía en América Latina
Por Iván Pérez Sarmenti, CNN en Español
El campeonato mundial de la FIFA se vive en las canchas. Pero en América Latina, la Copa del Mundo arranca mucho antes en las calles, plazas y escuelas con otra pasión asociada que genera un fervor similar al de un gol de último minuto: completar el álbum oficial de figuritas, cromos, láminas o estampas. La denominación puede variar, pero nombra la misma obsesión futbolera.
Desde México hasta la Patagonia, miles de niños, jóvenes y adultos se movilizan masivamente para conseguir sus “figus”, como las llaman los más chicos en Argentina. Sin embargo, en esta edición, la ilusión de pegar el último cromo viene acompañada de un duro golpe al bolsillo: de un Mundial a otro, los precios de la colección han experimentado un aumento significativo que, en la gran mayoría de la región, se ubica muy por encima de la inflación acumulada de los últimos cuatro años.
Para entender el fenómeno, el experto en marketing deportivo Claudio Destefano propone un paralelismo financiero: “Habría que hacer el ‘Índice Panini’, así como se hace con el ‘Índice Big Mac’, para ver cómo es esa medida de valor en cada economía”.
Los expertos consultados sostienen que parte del incremento se justifica argumentando que el álbum de este Mundial es sustancialmente más grande. Al expandirse el torneo a 48 selecciones participantes en lugar de las 32 tradicionales, la colección ahora tiene más páginas y un total de 980 figuritas. Además, los sobres ahora contienen siete láminas en lugar de cinco.
CNN consultó la multinacional italiana Panini para pedir comentarios sobre el incremento de precios y está a la espera de una respuesta.
A pesar de estas modificaciones, el salto de precios supera cualquier proyección inflacionaria regional. El caso de Argentina es, sin dudas, el más extremo debido a la compleja dinámica económica que atravesó el país en un período donde registró una inflación oficial acumulada del 1.147,10%. Sin embargo, allí el álbum saltó un 1.900%, lo que significa que hoy cuesta 20 veces más que su valor original. Por su parte, los sobres individuales aumentaron un 1.233,33%, quedando levemente por encima del índice general de precios.
Esta tendencia de “precios mundialistas” que derrotan a la inflación se replica en varios puntos del continente y se refleja principalmente en el valor del álbum:
- México: Mientras que la inflación oficial acumulada fue del 17,55%, el álbum subió un 67,80% y los sobres un 38,89%.
- Colombia: Frente a una inflación del 31,15%, el álbum escaló un 50,51% y el paquete un 42,86%.
- Ecuador: En una economía dolarizada con apenas un 7,64% de inflación acumulada, el álbum trepó un 59,90% y los paquetes un 33,33%.
- Uruguay: Con una inflación del 23,10%, el valor de los sobres individuales aumentó un 50%. Aquí no hay comparación para el álbum porque en 2022 se entregaba gratuitamente al comprar los sobres.
“La diferencia entre uno y otro es notable; la inflación general no lo marca de esa manera”, explica Destefano. “Yo creo que es oferta y demanda. Ante un furor tan grande, el mercado valida el precio”.
La brecha económica obliga a los coleccionistas a agudizar el ingenio. “Acá el secreto es buscar cómo poder cambiar figuritas”, afirma Destefano.
En pleno corazón de Buenos Aires, el Parque Rivadavia se convierte cada tarde en el epicentro del trueque. Cientos de personas se reúnen a diario con pilones en la mano y hojas, cuadernos o planillas donde van tachando los números de las “figus” que consiguieron.
“Toda la familia nos estamos juntando para intercambiar. Ahora incorporamos venir acá para hacer un intercambio más grande porque comprás cinco sobres y te pueden tocar diez repetidas”, relata una madre rodeada de niños.
“Acá cambiamos bien”, sostiene Facundo, un chico de 13 años que está con su padre en medio de la multitud. “Cuando te faltan muchas cambiás un montón, pero cuando te faltan pocas, solo una o dos quizás”, agrega. Para su padre, en tanto, se trata de “compartir la pasión que uno tiene por el fútbol y estar un rato con otra gente”.
“A diferencia de lo que pasa en la mayoría de las cosas, donde lo digital funciona tanto o más que el formato físico, acá el papel resiste. Los chicos quieren tener las figuritas y los padres jugar con ellos en un terreno que ellos dominan”, arriesga en clave sociológica Destefano. “Si yo juego con mi hijo a la Play, pierdo 7 a 0 en el primer tiempo y 8 a 1 en el segundo tiempo. Ahora, con las figuritas yo le puedo decir que en la Argentina la más difícil fue la de Carrascosa en el 76, Mukombo en el 74 o Sepp Maier en el 78. Lo mismo puede pasar en Perú, en Uruguay y en Ecuador con las difíciles. Entonces ahí yo soy padre o abuelo, el que domina el terreno y el que puede contar la historia. Desde ese lugar yo miraría este boom”, agrega.
De todos modos, el mercado secundario tiene sus propias reglas de juego, y no siempre rige el “uno por uno”. En Uruguay, los coleccionistas admiten que en las mesas de intercambio se llega a negociar un “tres por una o dos por uno cuando son muchas”. En Ecuador, la selectividad eleva el precio del trueque: “Aquí cambiamos cinco por uno porque los cromos ya están escogidos y separados”.
En las plazas conviven la empatía y la especulación. “Hay de todo, desde el típico que viene a entretenerse y te cambia una por una, como debe ser un asunto totalmente lúdico y empático, hasta los abusivos que te quieren cambiar 30 estampas por un Messi o incluso gente que las está revendiendo”, relata en el Parque Rivadavia Fernando, quien ya completó dos álbumes y ahora va por el tercero.
Para ordenar el caos del intercambio físico, la tecnología ha salido al rescate de los bolsillos latinos con varias plataformas digitales y aplicaciones móviles permiten optimizar los encuentros y agilizar el trueque. Como Figu.lat, que busca sistematizar el cambio.
Rodrigo Liotti, creador de la plataforma, explica su funcionamiento: “Cada persona se registra, elige el punto de intercambio que le queda más cómodo —ya sea su barrio, una plaza o la escuela— y carga sus figuritas. A partir de ahí, el sistema empieza a generar las propuestas o los matches de lo que tienes cerca para recibir e intercambiar”.
Sin embargo, hay un fenómeno que ni los algoritmos ni las billeteras virtuales logran controlar: la desesperada búsqueda de las grandes estrellas del fútbol, con un nombre propio que paraliza el mercado: Lionel Messi.
“A Messi se lo intercambié a un amigo por 20 figuritas y dos escudos de selecciones”, confiesa Benjamín, de 12 años, en el Parque Rivadavia, adonde acude regularmente con su madre.
¿Existe una escasez planificada de los ídolos? Destefano derriba el mito urbano: “No es que la empresa esconda los ‘Messis’. Es que son figuritas terminales. Cuando te toca, te la quedás y si tenés diez Messi, no los cambias, tenés diez Messis”.
A pesar de los costos elevados, las economías en crisis y las dificultades lógicas del azar, la tradición permanece intacta y los fanáticos se las ingenian para ganarle a los precios altos. Porque completar el álbum, al igual que levantar la Copa del Mundo, no entiende de razones lógicas, sino de pura pasión.
The-CNN-Wire
™ & © 2026 Cable News Network, Inc., a Warner Bros. Discovery Company. All rights reserved.