Kash Patel y la burla del Gobierno de Trump hacia las audiencias del Congreso
Análisis de Aaron Blake
Los altos funcionarios del Gobierno de Trump han dejado claro desde el primer día el poco respeto que tienen por el Congreso, incluidas —y quizá sobre todo— sus funciones constitucionales de control.
Solo hay que ver el historial de acusaciones de la exsecretaria de Justicia Pam Bondi y su comentario sobre el Dow en sus audiencias de febrero, o el testimonio extremadamente combativo del Secretario de Defensa Pete Hegseth en fechas recientes. La estrategia general parece girar en torno a atacar a los legisladores para evitar responder hasta preguntas sencillas sobre temas delicados, incluso si el interrogador es un republicano.
Pero rara vez una comparecencia ha ejemplificado el absoluto desprecio de la administración por la rendición de cuentas como la audiencia en el Congreso del director del FBI, Kash Patel, el martes.
Miembros de una subcomisión de Asignaciones del Senado presionaron a Patel con una serie de preguntas sobre su gestión del FBI, incluido un reporte reciente en The Atlantic en el que alarmó a sus colegas con su consumo excesivo de alcohol (él ha negado estas afirmaciones y demandó a la publicación) y su exorbitante celebración con el equipo de hockey de EE.UU. después de su victoria olímpica en Italia.
La situación se puso especialmente tensa con el senador demócrata Chris Van Hollen de Maryland, quien leyó una declaración inicial particularmente crítica hacia Patel y sus supuestos hábitos de consumo de alcohol.
Cuando Patel tuvo la oportunidad de responder, no se conformó con negar el informe. Intentó revertir la situación contra el demócrata de Maryland.
“La única persona que estaba sirviendo margaritas en El Salvador con el dinero del contribuyente con un violador convicto pandillero eras tú”, le dijo Patel a Van Hollen. “La única persona que acumuló una factura de bar de US$ 7.000 en la ciudad de Washington en el Lobby Bar eras tú. La única persona en esta sala que ha estado bebiendo durante el día con el dinero del contribuyente eres tú”.
Los aliados de la administración del presidente Donald Trump devoraron el intercambio de palabras y lo compartieron ampliamente en las redes sociales.
Pero hay un problema con esa cita de Patel —cuatro, de hecho— las cuales el director del FBI logró meter en apenas 20 segundos de testimonio.
La alusión de Patel fue al viaje de Van Hollen el año pasado a El Salvador para verificar el bienestar de Kilmar Ábrego García. Ábrego García es un inmigrante indocumentado del estado natal de Van Hollen a quien el Gobierno de Trump deportó ilegalmente a una brutal prisión de El Salvador.
Excepto que:
1. Abrego García no ha sido condenado por pertenecer a una pandilla.
2. No ha sido condenado por violación.
3. Las “margaritas” que fueron colocadas frente a Van Hollen y Ábrego García durante una sesión de fotos aparentemente fueron orquestadas por funcionarios del Gobierno de El Salvador. El presidente Nayib Bukele es un estrecho aliado de Trump.
4. No hay evidencia de que Van Hollen haya bebido con dinero del contribuyente ni en el incidente de El Salvador ni en el Lobby Bar.
Patel pronto publicó una imagen de los informes de financiamiento de la campaña de Van Hollen que muestra una factura de US$ 7,128 de diciembre de 2025 en el Lobby Bar. Pero la factura era para “catering” en general, lo que puede significar comida además de alcohol, y Van Hollen dijo el martes que era para una fiesta navideña de su personal.
Independientemente de en qué se gastó el dinero, no fue “con dinero del contribuyente”; fue dinero de la campaña.
(Los legisladores suelen organizar eventos de recaudación de fondos o de personal en restaurantes o bares que pueden acumular grandes cuentas y cargarlas a la campaña. Eso podría ser problemático, pero no por las razones que sugirió Patel).
Incluso si la referencia del “dinero del contribuyente” de Patel era al encuentro con Ábrego García en lugar del evento de campaña, no hay evidencia de que Van Hollen bebiera lo que le pusieron frente enfrente en El Salvador. De hecho, él dijo en aquella ocasión: “Ninguno de nosotros tocó las bebidas”.
Van Hollen en la audiencia acusó a Patel de difundir una “leyenda urbana en los medios de derecha”.
Estos son los tipos de hechos que el Gobierno ha tergiversado repetidamente, al intentar argumentar que Ábrego Garcia es una mala persona y que los demócratas estaban demasiado ansiosos por defender a un inmigrante indocumentado. Han sugerido en repetidas ocasiones que se demostró que Ábrego García estaba en una pandilla y que había cometido delitos no relacionados con la inmigración, aunque eso aún no ha sido comprobado.
(Ábrego García fue acusado de presunto tráfico de personas, pero no fue acusado de violación.)
SIn embargo, Patel no es solo un funcionario cualquiera del Gobierno en este contexto. Es el director del FBI, y está testificando ante el Congreso bajo pena de perjurio. Sin embargo, está diciendo cosas que podrían entenderse lógicamente como difamatorias para otros, tanto para Ábrego García como para Van Hollen.
Todo esto va en contra de la ética del Departamento de Justicia, que establece que los funcionarios no deben hacer declaraciones falsas sobre personas ni prejuzgar la culpabilidad de alguien.
(Bondi, también, ha violado casi con seguridad estos estándares. Cuando Ábrego García fue acusado en junio, ella en una conferencia de prensa citó afirmaciones de que Ábrego García había cometido otros delitos atroces que ni siquiera estaban incluidos en la acusación.)
Y es bastante evidente que Patel no se equivocó al llamar a Ábrego García un “violador miembro de una pandilla convicto”. Más tarde, en su testimonio, volvió a mencionar a Van Hollen supuestamente “tomando margaritas con delincuentes”, aunque Ábrego García, de nuevo, no ha sido condenado por un delito grave.
En una administración típica, testimonios como éste llevarían a preguntas sobre si Patel corregiría el registro y retiraría sus afirmaciones. Incluso sin que Patel tema una acción penal, los republicanos podrían insistir en ello para afirmar el papel del Congreso en la supervisión del poder Ejecutivo.
Pero nadie tiene ilusiones acerca de algún tipo de responsabilidad para Patel. Y el Congreso controlado por el partido repubicano aparentemente renunció a proteger sus prerrogativas y su estatus como un poderoso y separado poder del Gobierno cuando Trump fue investido por segunda vez.
De hecho, Patel no es el único funcionario de alto rango de la administración que ha realizado declaraciones falsas en testimonios ante el Congreso durante la última semana.
Hegseth lo hizo el miércoles y jueves pasados, cuando afirmó que el Gobierno de Biden había enviado a las fuerzas a lugares de votación en 15 estados en 2024.
El venerado sistema de controles y equilibrios del Gobierno aparentemente se ha deteriorado tanto ahora que los funcionarios pueden decir lo que quieran en sus testimonios, siempre y cuando sea combativo y satisfaga a Trump.
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