Llegó a EE.UU. a los 4 años y soñaba con entrar al Ejército, pero fue deportado a un país que no recuerda
Por Elvin Sandoval y Rafael Romo, CNN en Español
“Yo estaba viviendo la vida, el sueño de Estados Unidos”, dice Axel Archaga Ríos. Todo se conviritó en pesadilla desde que fue detenido por un agente de tránsito y posteriormente deportado Honduras, su país natal del que apenas tiene recuerdos borrosos. El estudiante de 18 años, que aspiraba a entrar al Ejército de EE.UU., ahora pasa sus días con miedo de pisar la calle en un barrio de Tegucigalpa con presencia de maras y pandillas.
“Me quitaron todo en solo un mes”, indicó Archaga, quien recuerda los momentos traumáticos de su llegada al país centroamericano, cuando tuvo que pedirle a una persona que le preste un teléfono para comunicarse con su abuela, para que lo busque en el lugar donde lo dejaron. “Me sentía muy asustado porque era de noche”, cuenta en entrevista con CNN.
Archaga Ríos fue detenido el 27 de marzo por la policía en Dunwoody “por no respetar una señal de alto”, según el sargento Michael Cheek, vocero de la policía, quien agregó que el joven no portaba una licencia de conducir. Por su parte, Axel asegura que se detuvo, pero que el agente le dijo que no había parado inmediatamente cuando se le dio la señal.
Luego fue trasladado a la cárcel del condado de Dekalb para su procesamiento y, según la policía, desconocían su estatus migratorio. Pero Dekalb informó al ICE sobre la detención y pasó bajo su custodia.
El Departamento de Seguridad Nacional informó a CNN que Archaga “ingresó ilegalmente a Estados Unidos el 25 de junio de 2014, cerca del Valle del Río Grande en Texas” y un juez de inmigración emitió una orden final de deportación en su contra el 1 de septiembre de 2015. Archaga dice que no estaba enterado de esa orden.
Tanto la madre de Archaga como su abogado insistieron en diálogo con CNN que el joven no tenía antecedentes penales, por lo que no había razón para una deportación expedita, considerando que llegó a Estados Unidos no por voluntad propia, sino traído cuando tenia 4 años. CNN comprobó que era estudiante con buen expediente académico en la Dunwoody High School, donde además era parte del equipo de fútbol.
“A mí me llamó él de Honduras cuando llegó (…) Esto es lo más cruel. Esto es muy cruel. Es inhumano. Se llevaron a mi niño”, declaró la madre, Kelin Ríos con la voz entrecortada por el llanto. “Trataron a mi hijo como a un criminal”, dijo a CNN sobre de la deportación. “Me dijo que cuide mucho a sus hermanitos (Daniel, de 16 años, y Brianna, de 8). Algún día nos vamos a volver a ver”.
Antes de la expulsión, Ríos había asegurado a CNN que su hijo “respeta mucho las leyes” y que nunca había tenido ningún problema legal. “Él se ha dedicado a estudiar y siempre me decía, ‘mami, el día que llegue a arreglar papeles, quiero entrar al Ejército’. Ese siempre fue su sueño”, contó.
Alejandro Cornejo, abogado de Archaga Ríos, explicó a CNN que si bien su cliente tenía una orden final de deportación, el caso de asilo de su madre (en el que estaba incluido) no prosperó porque ella sufrió violencia doméstica y tuvo que huir de Florida, y no pudo acudir a sus citas en la corte. “Ella no tuvo jamás ningún tipo de notificación de que tenía una audiencia con el juez de inmigración en Florida. Por lo tanto, el juez dicta una orden de deportación”, dijo Cornejo.
Por ahora, Archaga Ríos se aloja en la casa de sus abuelos maternos en Tegucigalpa, pero su futuro es incierto. Su madre dice que no recordaba casi nada su país natal y que, cómo creció en EE.UU., habla más ingles que español.
El joven prefiere no salir a la calle, en un barrio desconocido y marcado por la actividad del crimen organizado. “Solo paso aquí con mis abuelos porque no tengo más familia acá, todos viven en Estados Unidos y tengo miedo de que me pase algo allí afuera”, asegura.
Lo único que quiere Axel es poder regresar a Georgia, culminar sus estudios y ayudar a su madre y a sus dos hermanitos. “Yo nunca pensé que iba a regresar a Honduras, yo siempre hablaba con mi mami que ella se regresara para Honduras y yo siempre le iba a ayudar, le iba a mandar dinero y hacerle su casa. Ese era mi sueño, pero me lo quitaron”, dice.
Por ahora, su destino estará en medio de las cuatro paredes de la casa donde habita junto a sus abuelos, a la espera de que su caso en Estados Unidos se resuelva pronto. “Ojala me den el chance de regresar, extraño a mi familia, a mi hermanita, a mi hermano, a mi novia, a mi mamá”, insiste.
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