Ron DeSantis se ha convertido en un aliado clave de Trump. ¿Se postulará para 2028 en el futuro?
Por Steve Contorno, CNN
Esta semana, en cuestión de días, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, convocó a los legisladores a Tallahassee, les presentó un mapa de distritos electorales agresivamente manipulado, presionó con mano dura a la legislatura controlada por los republicanos para que lo respaldara e inclinó el campo de batalla de las elecciones intermedias a favor de su partido.
Fue una demostración familiar del poder político puro que DeSantis utilizó en el pasado para librar guerras culturales y cosechar victorias conservadoras mientras perseguía la presidencia. Ahora está haciendo gala de esa misma autoridad al servicio del hombre que empañó sus sueños de llegar a la Casa Blanca, pero que aún podría reavivarlos: el presidente Donald Trump.
En los últimos 16 meses, pocos republicanos —si es que hubo alguno— fuera de Washington han demostrado ser más indispensables para Trump que DeSantis. Ha colaborado con entusiasmo en la ofensiva federal contra la inmigración, obligando a las fuerzas del orden a cooperar con ICE, lanzando una redada masiva en todo el estado que ha inquietado incluso a alguaciles profundamente conservadores, y erigiendo un costoso centro de detención en los pantanos de Florida que llegó a conocerse como el “Alligator Alcatraz”. Creó una versión floridana del Departamento de Eficiencia Gubernamental, se hizo eco de Robert F. Kennedy Jr. al impulsar el fin de los requisitos de vacunación escolar, está ayudando a la Casa Blanca a reescribir las normas sobre la remuneración de los estudiantes deportistas universitarios y gestionó que el estado cediera una codiciada parcela frente al mar en Miami a una fundación que planea construir la biblioteca presidencial de Trump.
El realineamiento de DeSantis con Trump se produce en un momento de incertidumbre sobre su futuro político. Su segundo mandato como gobernador concluye en enero, dejándole dos caminos plausibles: un cargo en el Gobierno de Trump o posicionarse para un Partido Republicano pos-Trump.
Ambas opciones requieren el favor del presidente, y tal vez recomponer las relaciones con los adversarios que le quedan dentro del círculo íntimo de Trump. DeSantis ha respondido a esa realidad con el mismo estilo de gobierno intransigente y maximalista que impulsó su ascenso inicial al estrellato político.
Su victoria más reciente a favor de Trump —un nuevo mapa de distritos electorales que podría reportar al Partido Republicano cuatro escaños adicionales en la Cámara de Representantes este otoño— ha salvado, potencialmente, la tambaleante estrategia de redistribución de distritos de mitad de década del Partido Republicano. Y le ha valido elogios de sectores de la órbita del presidente que, en su momento, se movilizaron en su contra cuando DeSantis desafió a Trump en las primarias republicanas de 2024.
Mike Davis, asesor legal de Trump desde hace mucho tiempo y quien solía burlarse de la campaña presidencial de DeSantis, escribió en X poco después de que los legisladores de Florida aprobaran los nuevos límites de los distritos: “Una vez más, el mejor gobernador de Estados Unidos cumple. Y lo hace rápido”.
“Terminar con fuerza será importante para su legado, y él sabe que eso es lo que influirá en su futuro y en la percepción que la gente tenga de él más que ninguna otra cosa”, afirmó Nick Iarossi, un cabildero que ha recaudado fondos tanto para Trump como para DeSantis y que cuenta con clientes en Washington y Tallahassee.
La oficina de DeSantis no respondió a las solicitudes de comentarios de CNN. El portavoz de la Casa Blanca Davis Ingle declaró que Trump “aprecia la labor que el gobernador DeSantis está realizando en el gran estado de Florida, así como la colaboración constante que mantienen para ayudar a impulsar la agenda de ‘Estados Unidos primero’ del presidente”.
No es ningún secreto que DeSantis sigue albergando ambiciones presidenciales. “Ya veremos”, respondió con un tono enigmático cuando el presentador de Fox Sean Hannity le preguntó recientemente si volvería a postularse. DeSantis ya está poniendo a prueba un discurso dirigido a los futuros votantes de las primarias que se apoya firmemente en su historial de victorias conservadoras.
“Creo que podremos decir: ‘Sabes qué, tuvimos ocho años. Muéstrame a alguien que haya sido más trascendental’”, afirmó en una entrevista reciente con el presentador de televisión Graham Bensinger.
Es un mensaje que se hace eco del que difundió por todo el país en el periodo previo a las primarias republicanas de 2024 y que, según él, habría tenido éxito de no haber sido por Trump. DeSantis aseguró a Hannity que el 90 % de los asistentes a los caucuses de Iowa lo habrían respaldado si Trump no hubiera buscado otro mandato. (En cambio, DeSantis quedó en segundo lugar en los caucus republicanos de Iowa con el 21 % de los votos, superando por estrecho margen a Nikki Haley. Puso fin a su campaña poco después y brindó su apoyo a Trump).
“Había gente en estos estados de votación temprana que me decía: ‘Sabes, vas a ser un gran presidente. Creo que serás mejor que (Ronald) Reagan, pero esta vez voy con Trump. Sin embargo, votaré por ti la próxima vez’”, le contó a Bensinger.
Los críticos de la campaña de DeSantis para 2024 —incluso algunos provenientes de su propio equipo— consideraron que sus problemas iban más allá de la mera presencia de Trump, argumentando que cometió errores estratégicos y no logró movilizar a los votantes republicanos. Un par de veteranos operadores republicanos la calificaron como “la peor campaña presidencial republicana de la historia”.
Las personas cercanas a DeSantis reconocen que le espera una ardua tarea para resurgir como una figura destacada en 2028. Su maquinaria política es prácticamente inexistente, y existen pocas expectativas —incluso entre los partidarios más leales de DeSantis— de que sus donantes de 2024 se arriesguen a enemistarse con el vicepresidente J.D. Vance, el candidato con más probabilidades de postularse como el sucesor de Trump, o con el secretario de Estado Marco Rubio, un aspirante en ascenso que también proviene de Florida.
En este contexto, la estrategia actual del gobernador consiste en convertirse en un activo para Trump y, una vez más, en un aliado. Han jugado al golf juntos en dos ocasiones en los últimos meses. El año pasado, durante una aparición conjunta, Trump le dijo a DeSantis: “Siempre serás mi amigo”.
DeSantis también ha mostrado una mayor disposición que Trump para atender algunas de las prioridades de la base del movimiento MAGA. Ha ido más allá de los esfuerzos de Trump por frenar la inmigración legal, impulsando medidas para impedir que los titulares de visas H-1B ocupen puestos de trabajo en las universidades estatales. Asimismo, se ha desmarcado de Vance al erigirse como uno de los principales críticos de la industria tecnológica, promoviendo límites estatales a la inteligencia artificial en contra de los deseos de Trump.
Una persona cercana a DeSantis comentó que, si bien Vance y Rubio podrían llevar la ventaja por el momento, la capacidad del gobernador para mantener una relación personal con Trump —distanciándose al mismo tiempo en ciertos temas— podría resultar ventajosa si los republicanos terminan desilusionándose con la actual administración. Además, sigue sin estar claro si Trump respaldará formalmente a un sucesor —y, de ser así, cuándo lo hará—, lo cual deja a DeSantis con margen de maniobra.
“Él está observando”, afirmó dicha fuente. “Y no dudará en postularse si se le presenta la oportunidad”.
A corto plazo, sin embargo, DeSantis podría necesitar un empleo. A medida que han surgido vacantes en la cúpula de los departamentos de Justicia, Seguridad Nacional y Trabajo, el nombre de DeSantis ha aparecido con regularidad como posible sustituto, y él se muestra dispuesto a servir en la administración Trump. Varias personas revelaron a CNN que Trump es consciente de que la preferencia de DeSantis sería dirigir el Pentágono, aunque el puesto del secretario de Defensa, Pete Hegseth, parece seguro por el momento.
“Soy una persona orientada al servicio”, le dijo a Bensinger, añadiendo que “nunca descartaría nada”.
No obstante, la gélida relación de DeSantis con el círculo íntimo de Trump —incluyendo a la secretaria general de la Casa Blanca, Susie Wiles, y el secretario general adjunto, James Blair— sigue constituyendo un obstáculo para cualquier nombramiento. Wiles y Blair trabajaron en el pasado para DeSantis, hasta una agria ruptura que se convirtió en una subtrama de las feroces primarias republicanas de 2024.
Dado ese historial, su reputación en el Ala Oeste sigue siendo tan mala que Vance llegó a escuchar por casualidad una conversación sobre el gobernador entre asesores de Trump y comentó: “Vaya, ustedes realmente odian a Ron DeSantis”, según relató una persona que presenció el intercambio.
La misma persona añadió que, si bien el nombre de DeSantis puede ser sugerido por partidarios tanto del gobernador como de Trump, dicha propuesta no ha surgido desde el interior de la Casa Blanca.
“No se le considera alguien que juegue en equipo”, agregó la fuente.
Cabe destacar que DeSantis no tiene previsto asistir al acto de Trump este viernes en Florida, a pesar de haber sido invitado, según una persona conocedora de la agenda. La oficina de DeSantis no explicó por qué declinó la invitación.
“No ha habido ningún deshielo en la relación entre DeSantis y el círculo íntimo de Trump”, declaró a CNN un veterano recaudador de fondos de Trump. “No sé qué le deparará el futuro después de esto”.
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