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Científicos colocaron transmisores a estos “unicornios del mar”. Los datos recopilados sobre el Ártico fueron alarmantes

Por Laura Paddison, CNN

Los narvales son conocidos como los “unicornios del mar” por sus largos colmillos en espiral —en realidad, dientes— que les confieren una apariencia mítica. Pero a un grupo de estos mamíferos marinos de aspecto sobrenatural se les asignó recientemente un papel decididamente terrenal: el de científicos del Ártico.

Los investigadores equiparon a seis narvales con transmisores satelitales y luego rastrearon a los animales durante tres años mientras recorrían la escarpada costa del este de Groenlandia y nadaban en las profundidades de su laberíntico sistema de fiordos, el más grande del mundo. Su trabajo consistía en recopilar datos sobre el estado del océano en esta remota pero crucial región.

La información recopilada proporciona aún más evidencia preocupante sobre lo que está sucediendo en el Ártico. Revela que el agua relativamente cálida y salada del Océano Atlántico está llegando hasta el interior de los fiordos de la región —valles gigantes llenos de agua y hielo— donde puede erosionar los glaciares y amenazar la capa de hielo que protegen.

“Los hallazgos son muy preocupantes, ya que indican el rápido deshielo de los glaciares que desembocan en el mar”, afirmó Eric Achterberg, profesor del Centro GEOMAR Helmholtz de Investigación Oceánica de Kiel, Alemania, quien no participó en el estudio. Estos nuevos datos subrayan una tendencia en curso, añadió.

El este de Groenlandia alberga importantes glaciares que drenan parte de la capa de hielo hacia el océano. También es la ubicación de importantes corrientes oceánicas que transportan agua polar fría hacia el sur, al Atlántico Norte, redistribuyendo el agua dulce e influyendo en la vida marina.

Estas corrientes forman parte de la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico, un sistema crucial de corrientes oceánicas con un enorme impacto en el clima global, pero que los científicos temen que pueda estar al borde del colapso. Los efectos serían catastróficos, incluyendo un rápido aumento del nivel del mar en Estados Unidos, heladas intensas en Europa y sequías en África.

“En muchos sentidos, el este de Groenlandia es un indicador clave de los cambios climáticos que podemos esperar en el Atlántico Norte”, afirmó Mads Peter Heide-Jørgensen, autor del estudio y profesor del Instituto de Recursos Naturales de Groenlandia.

Sin embargo, la investigación sobre los cambios oceánicos en la zona es relativamente escasa debido a su lejanía y a las duras condiciones climáticas. “Es una región muy poco estudiada… por lo que necesitábamos más datos”, explicó Heide-Jørgensen.

Enviar barcos es complejo y peligroso, y se necesitan rompehielos costosos para navegar por el hielo impredecible. Los narvales, en cambio, pueden llegar a estas zonas con facilidad y lo hacen durante todo el año. “Podemos estar sentados frente a nuestros ordenadores y ver a los narvales nadando en las aguas heladas en la oscuridad”, comentó Heide-Jørgensen.

Pueden sumergirse a profundidades de casi 1.800 metros, lo que significa que “analizan toda la columna de agua”, concluyó Heide-Jørgensen. También visitan las mismas zonas, lo que permite realizar mediciones repetidas.

Los narvales fueron capturados y metidos en redes por cazadores. Los científicos les colocaron instrumentos que pesaban menos de medio kilo, explicó Heide-Jørgensen. “Desarrollamos un transmisor más pequeño que podía recopilar datos de temperatura y salinidad de forma fiable durante un largo periodo y transmitirlos vía satélite”, afirmó. “No les causa ningún daño”, añadió.

Los narvales proporcionaron más de 2.000 observaciones de temperatura y salinidad del agua entre 2017 y 2020. Los científicos combinaron estos datos con información de la Base de Datos Mundial de los Océanos, recopilada principalmente por barcos.

La región está experimentando la “atlantificación”, concluye el estudio, un proceso en el que aguas relativamente cálidas y saladas del océano Atlántico se adentran en los mares árticos.

Los científicos descubrieron una tendencia a largo plazo: esta agua más cálida fluye directamente hacia el frente de los glaciares, donde derrite su base y acelera la pérdida de hielo. En algunos casos, el estudio reveló que el agua del océano Atlántico llegó a penetrar más de 290 kilómetros en el sistema de fiordos. Fue un hallazgo revelador, afirmó Heide-Jørgensen.

Utilizar narvales para recopilar datos durante tres años es una práctica “única y elegante”, señaló Achterberg, de GEOMAR. El estudio aporta nuevos conocimientos sobre los procesos de deshielo en la región, añadió, y destacó que, en particular, los datos de invierno son excepcionales, ya que los barcos no pueden operar en la zona durante esa estación.

Helen Coxall, profesora de micropaleontología marina en la Universidad de Estocolmo, quien tampoco participó en el estudio, afirmó que los narvales proporcionaron en tres años una cantidad de análisis prácticamente igual a la que los humanos realizaron en los últimos 130 años.

Los animales pudieron revelar “la magnitud del deshielo en partes de la capa de hielo de Groenlandia en esta región”, añadió, lo cual es “sumamente valioso”.

Aún queda mucho por hacer para comprender los procesos oceánicos en esta inhóspita zona del Ártico, afirmó Heide-Jørgensen, quien agregó que este estudio “es solo una pequeña parte del panorama general de lo que sucede en todo el Atlántico Norte”.

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