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Mientras Caracas intenta volver a la normalidad, miles en La Guaira buscan cómo reconstruir sus vidas

Por Osmary Hernández y Rocío Muñoz-Ledo, CNN en Español

Poco a poco, Caracas empieza a recuperar algunos gestos de la vida cotidiana tras los potentes terremotos que sacudieron el norte de Venezuela con apenas segundos de diferencia. Hay más coches en las calles, algunos comercios volvieron a abrir sus puertas y centros comerciales, gimnasios y peluquerías retomaron sus actividades, aunque muchos todavía funcionan con horarios reducidos.

El tráfico, que suele ser uno de los mayores dolores de cabeza de las grandes capitales, se siente más fluido de lo habitual, especialmente en las horas pico debido a que las clases continúan suspendidas en la ciudad.

En las oficinas, el regreso también es parcial. Algunos edificios resultaron afectados por los terremotos y varias compañías han tenido que mudar temporalmente sus operaciones a otras sedes mientras evalúan si sus espacios son seguros. En los edificios residenciales, volver a casa se ha convertido en un proceso lento. Hay zonas de acceso restringido mientras equipos técnicos revisan estructuras afectadas.

Las autoridades utilizan un sistema de semáforo para determinar cuáles pueden ser ocupados. En algunos edificios se han autorizado únicamente reparaciones menores, como corregir grietas, arreglar frisos o atender daños superficiales. Los que requieren obras mayores esperan ser evaluados a detalle.

Los ascensores también muestran que el miedo sigue ahí. Aunque en algunos edificios ya comenzaron las inspecciones para volver a ponerlos en funcionamiento, muchos vecinos todavía prefieren subir y bajar por las escaleras porque temen que pueda ocurrir otra sacudida.

A unos 30 kilómetros de Caracas, en La Guaira, la realidad es otra. El estado costero fue declarado zona de desastre por ser uno de los más golpeados por los terremotos del 24 de junio. Allí, muchas familias mantienen la incertidumbre acerca de dónde vivirán después de haber perdido sus casas.

Las cifras oficiales dan una idea de la magnitud del desastre. Según los datos presentados por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se tenía registro hasta la semana pasada de 189 edificios totalmente colapsados en todo el país, de los cuales 158 estaban en La Guaira.

En Caraballeda, un lugar que durante años fue uno de los destinos turísticos más populares de La Guaira, Mercedes Osuna intenta reconstruir su vida después de perder a su hermana y quedar a cargo de cuatro niños.

Desde hace dos semanas vive en un refugio junto a sus dos hijas y sus sobrinos Damián y María, quienes perdieron a su madre cuando el edificio donde vivían se derrumbó durante los fuertes sismos.

“Necesito una casa, en verdad. Es difícil pues, acá con los cuatro niños”, cuenta a CNN la mujer de 40 años, que antes del terremoto ya era madre soltera y trabajaba en Hidrocapital, una empresa estatal que controla el suministro de agua.

Su hermana Olga, de 39 años, y madre de sus sobrinos estaba embarazada de gemelas. Osuna recuerda que fueron días de angustia buscando encontrarla entre los escombros. Caminó entre la destrucción hasta que finalmente pudo ubicarla y despedirse. “Una satisfacción que la conseguí, la pude cremar y ahí está”, dijo.

Damián, de apenas 13 años, estaba jugando fútbol cuando sintió el primer temblor. Después llegó el segundó. “Pasa el primer terremoto y me caigo. Después viene el otro, bum, bum, bum, durísimo. El edificio se me venía encima. Yo iba a correr para la 22, pero no me dio chance porque el otro edificio se me venía encima también. Lo que hice fue correr para la carretera”, contó.

Durante horas no supo dónde estaba su familia. Pasó un día hasta que logró reencontrarse con su tía. Ahora está con ella y trata de acostumbrarse a una vida sin su madre.

“Creo que no voy a volver a casa… Mi mamá se me fue”, dijo.

En medio del duelo, Damián también ha tenido que empezar de nuevo. Los amigos con los que creció ya no están. “He hecho amigos nuevos porque todos se me fueron”, contó durante la entrevista. Solo ha logrado saber de uno de ellos, su mejor amigo desde pequeño. Del resto simplemente respondió: “Se fueron”.

Damián casi no habla del terremoto. En el refugio, prefiere jugar fútbol con otros niños. Los especialistas que lo han atendido le explicaron a Osuna que esa puede ser su forma de enfrentar lo ocurrido.

Su hermana María, de 10 años, vivió el terremoto desde adentro del apartamento. Estaba con su madre cuando el edificio colapsó. Mercedes cree que sobrevivió porque estaba en la parte de atrás de un cuarto y una puerta amortiguó el peso de los bloques que cayeron sobre ella. “Ella dice que salió como pudo”, recordó.

Desde entonces, María pregunta constantemente por su mamá, tiene momentos de ansiedad y cualquier ruido fuerte la sobresalta. “Cualquier ruidito, quedó como traumada”, dijo Osuna.

En el refugio reciben comida y atención psicológica. Mercedes agradece el apoyo que han recibido. “Ha sido excelente. Les dan comida, juegan con ellos, los ayudan”, dijo.

La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, aseguró la semana pasada que el Gobierno entregará soluciones habitacionales antes de que termine el año. Sin embargo, analistas consultados por CNN consideran que esa promesa será difícil de cumplir debido a la compleja situación económica del país y a las limitaciones para desarrollar proyectos de vivienda en el corto plazo.

Para Osuna el mayor desafío sigue siendo el mismo: encontrar un lugar donde vivir. “Necesito una casa, en verdad… necesito es la casa, la casa es para estar con mis cuatro muchachos ahora”.

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