La lucha de una mujer desde un albergue en Miami: su marido detenido por ICE, una niña enferma y otros siete hijos que cuidar
Por Carolina Peguero y Rocío Muñoz-Ledo, CNN en Español
Hace casi dos años, Carmen Teresa Benavides dejó su vida en Venezuela y emprendió junto a su esposo y sus ocho hijos una de las rutas más peligrosas del mundo. Cruzó la selva del Darién con su hija pequeña enferma en brazos, aferrada a la esperanza de encontrar en Estados Unidos el tratamiento médico que en su país no podía conseguir.
“Sigo aferrada a Dios, que él va a ayudar a mejorar a mi hija”, cuenta a CNN desde la pequeña habitación dentro de un centro de acogida en Miami, donde hoy vive con sus ocho hijos. Abrahannys, de 4 años, lleva un vestido rosa con un tutú de tul y respira a ratos con dificultad. Padece una malformación congénita que afecta la columna y el sistema nervioso que, con el tiempo, ha traído complicaciones que han empeorado su salud. Los médicos le han dado seis meses de vida. “Para lo que la ciencia es imposible, para Dios, no lo es”, asegura Carmen, intentando contener las lágrimas.
La familia llegó a Estados Unidos a finales de 2024, después de un largo recorrido por Colombia, Panamá y México. En el camino, esperaron una cita migratoria a través de la aplicación CBP One y finalmente cruzaron la frontera por Brownsville, Texas.
La aplicación, creada durante el Gobierno de Joe Biden, permitía que los migrantes que buscaban asilo al llegar a la frontera sur programaran citas en un puerto de entrada. Pero apenas regresó Donald Trump a la Casa Blanca, muchas de esas familias, como la de Carmen, quedaron en una especie de limbo legal. La aplicación fue inhabilitada en enero de 2025 en las horas siguientes a la toma de posesión de Trump.
A finales de diciembre de 2025, la situación de Carmen y de toda la familia cambió de forma abrupta. Su esposo, Jorge Socorro Cuenca Hurtado, fue arrestado durante una parada de tráfico en Wesley Chapel, un suburbio cerca de Tampa, Florida. Una de sus hijas, que iba con él, le contó a su madre que estaban detenidos en un semáforo cuando una patrulla los siguió y luego encendió las luces para detenerlos.
“Él dice que a él lo paran sin razón de ser porque él estaba en un semáforo”, cuenta Carmen.
Después fue trasladado a un centro de detención del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en Broward, donde permanece detenido desde enero.
Un portavoz del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) dijo a CNN que el 1 de enero ICE arrestó a Cuenca Hurtado, “un extranjero ilegal de Venezuela, después de que fuera detenido por conducir sin licencia”.
“Hurtado ingresó ilegalmente a Estados Unidos en 2024 y fue PUESTO EN LIBERTAD dentro de nuestro país bajo la administración Biden. Recibirá el debido proceso completo y permanecerá bajo custodia del ICE mientras se resuelve el resultado de sus procedimientos de deportación”, añadió el portavoz del DHS en un correo electrónico.
Mientras tanto, los días de Carmen se reparten entre las citas médicas de la pequeña Abrahannys y la búsqueda de un abogado que pueda ayudar en el caso de su esposo.
Cuenca fue trasladado después a un centro de detención del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en Broward, Florida, donde permanece detenido desde diciembre.
Desde su llegada a Florida, la familia buscó atención médica para Abrahannys en distintos hospitales, incluyendo centros pediátricos en el área de Tampa y posteriormente en Miami, donde su caso ha sido evaluado más recientemente.
Según su madre, Abrahannys nació con mielomeningocele y desarrolló hidrocefalia a los pocos días de vida. Con el tiempo, su condición se ha agravado. Los médicos, dice Carmen, han identificado además un quiste de origen aún no completamente determinado, que ha deteriorado su salud y la mantiene dependiente de asistencia constante para respirar y alimentarse.
“Me dicen que la niña tiene una data de vida de aproximadamente seis meses, razón por lo cual a ella le mandan cuidados paliativos y de hospicios en el hogar”, dice Carmen sobre el último diagnóstico que le han dado los médicos.
Hoy la familia vive en una pequeña habitación dentro de una casa de acogida en Miami de la organización sin fines de lucro Hermanos de la Calle, dedicada a ayudar a personas sin hogar. Carmen comparte ese espacio con sus ocho hijos mientras intenta sostener una rutina marcada por el cuidado permanente de su hija menor y la ausencia de su esposo.
“Ha sido bastante difícil quedarme sola, sin poder trabajar, sin contar con una red de apoyo en un país con un idioma totalmente diferente”, dice.
El cuarto se ha convertido en un espacio de atención médica improvisada. Los hijos mayores ayudan en el cuidado de la niña. “Ella depende completamente 24/7 de la atención que yo como mamá y ellos como hermanos le brindan. Porque eso sí, gracias a Dios, mis hijos han sido un pilar en todo esto. Me han colaborado muchísimo. Las grandes siempre están pendientes de ayudarme, que sea a bañarla, a cambiarle un pañal”, explica.
Carmen recuerda el recorrido que los trajo hasta aquí como una cadena de supervivencias. “Yo pude con mi hija atravesar una selva, pasar muchísimos países e incluso estuvimos durmiendo un mes y medio en la calle cuando mi esposo cayó detenido”, dice.
Carmen dice que volver a Venezuela no está sobre la mesa. La condición de Abrahannys requiere asistencia constante y equipos médicos que dependen de electricidad, algo que, según Carmen, no está garantizado en su país.
“En Venezuela la crisis humanitaria y sanitaria que existe tampoco permite… o sea, ni la evolución de ella, ni mucho menos que pueda vivir lo poco o mucho que a ella le quede dignamente. Si se va la luz, como el alimento… si depende completamente de esa máquina para comer”, dice.
Además, su estado de salud le impide viajar en avión. En el pasado, médicos ya habían desaconsejado su traslado aéreo debido a su condición.
La familia tiene un caso de asilo pendiente y busca apoyo legal para solicitar la liberación del padre mediante un permiso humanitario.
Carmen dice que nunca fue su intención depender del sistema migratorio. “Somos los que vinimos a trabajar”, afirma. “A luchar. En mi caso, mi hija, mis hijos, mi familia están pagando las consecuencias de un arresto arbitrario”. Cuenca hacía trabajos de construcción. Tomaba empleos ocasionales en techado, pintura y otras labores para sostener a la familia antes de su detención.
“Buscaba la manera de brindarnos un sustento. Y obviamente esto nos afecta muchísimo, porque nosotros estamos ahorita vulnerables totalmente”, dice Carmen.
En medio de la incertidumbre sobre el futuro de su esposo —sin saber cuándo podrá regresar o si será deportado— y del miedo a que su propia situación migratoria termine separándola también de sus hijos, Carmen pide a las autoridades que tengan compasión por su caso.
“Mi esposo no es un criminal. Es un hombre de familia”, asegura.
“Si Dios decide llevarse a mi hija,(espero que) él pueda estar ahí con ella porque ha luchado bastante por el bienestar de su hija”, añade.
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