EE.UU. vs. Venezuela en la final del Clásico de Béisbol. La captura de Maduro y tensiones latentes yacen bajo la superficie
Por Kyle Feldscher, CNN
Estados Unidos y Venezuela se enfrentarán el martes por la noche en la final del Clásico Mundial de Béisbol, un duelo apropiado entre dos de los mejores equipos del mundo del béisbol, provenientes de naciones con una larga y tensa historia fuera de la cancha.
Venezuela aseguró su pase a la final con una victoria en semifinales sobre Italia el lunes, mientras que Estados Unidos derrotó a República Dominicana en la otra semifinal del torneo el domingo, lo que resultó en la tercera participación consecutiva de los estadounidenses en la final del CMB.
En el diamante, forman una dupla espectacular.
El equipo de Estados Unidos está repleto de estrellas que se han tomado muy en serio (algunos dirían que demasiado en serio) su objetivo de vengar la derrota sufrida en la final del torneo de 2023.
Venezuela, también con un plantel estelar, ha derrochado carisma durante toda su participación en el CMB y ha brindado momentos electrizantes en sus victorias sobre Japón, Italia y en la ajustada derrota ante su rival, República Dominicana, al inicio del torneo.
Pero la final también tendrá mayor trascendencia por todo lo ocurrido entre ambas naciones en la historia reciente, y no tan reciente.
Los dos países han estado estrechamente vinculados durante el último año, incluso con mayor intensidad desde la incursión del ejército estadounidense en el complejo del derrocado presidente venezolano Nicolás Maduro, que culminó con su captura y trasladado a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico.
Esto es lo que necesitas saber sobre por qué la final del CMB del martes (8:00 p.m., hora de Miami, en Fox) es tan interesante.
Basta decir que la relación entre Estados Unidos y Venezuela ha sido complicada, incluso conflictiva, durante décadas.
Desde el inicio del mandato de Hugo Chávez en 2007 hasta la captura de Maduro en enero, el Gobierno venezolano, rico en petróleo, estuvo constantemente enfrentado a Washington.
La tensión se intensificó a mediados de 2024, cuando la administración Biden endureció las sanciones contra el Gobierno venezolano y obligó a Caracas a depender más de China, Rusia, India, Turquía y otros socios comerciales.
Pero fue el regreso de Donald Trump a la presidencia lo que hizo que estallara una situación que ya venía calentándose.
Tras regresar a la Casa Blanca, Trump afirmó que no consideraba a Maduro un gobernante elegido democráticamente.
Asimismo, anunció una política de deportaciones masivas, argumentando que muchos inmigrantes que llegan a Estados Unidos —incluidos venezolanos— traen consigo delincuencia y otros males, y designó al grupo terrorista venezolano Tren de Aragua como organización terrorista extranjera.
En marzo de 2025, las tensiones entre los dos Gobiernos se intensificaron cuando Estados Unidos deportó a más de 200 inmigrantes venezolanos, calificándolos de delincuentes, al Centro de Confinamiento por Terrorismo (CECOT) en El Salvador.
Más adelante ese mismo año, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos acusó a Maduro de liderar el Cártel de los Soles, una supuesta organización criminal que, según Washington, se dedica al narcotráfico y al lavado de dinero.
En agosto de 2025, Estados Unidos también elevó a US$ 50 millones la recompensa por información que condujera al arresto o la condena de Maduro por violar las leyes estadounidenses sobre narcóticos. El presidente venezolano ha negado haber cometido delito alguno.
En septiembre, a pesar de algunos intentos de acercamiento y llamamientos al diálogo, las tensiones volvieron a aumentar.
Estados Unidos desplegó buques y aeronaves militares en el Caribe, supuestamente para combatir el narcotráfico, e inició una serie de ataques contra embarcaciones que, según afirmaba, intentaban introducir drogas de contrabando en su territorio. Estos golpes han continuado desde entonces.
En diciembre, Trump ordenó un “bloqueo total” de los petroleros sancionados por Estados Unidos, y la Guardia Costera comenzó a interceptar los buques que salían de la costa venezolana o que llegaban a ella.
Trump, que ya había autorizado operaciones de la CIA dentro de Venezuela, declaró el 12 de diciembre que las acciones militares terrestres en el país comenzarían pronto porque, según afirmó, Washington no permitirá que los narcotraficantes destruyan a la juventud estadounidense.
En enero, las fuerzas estadounidenses allanaron el complejo de Maduro en Caracas, donde fue capturado y trasladado a Nueva York para enfrentar cargos de narcotráfico que el manadatrio derrocado niega.
Desde entonces, Trump ha intentado ejercer su influencia sobre el país y sobre la presidenta interina Delcy Rodríguez. Maduro permanece detenido en una cárcel de la ciudad de Nueva York y enfrenta cadena perpetua por diversos cargos graves.
Entre las líneas blancas, esto es como ver a dos super equipos enfrentarse.
A pesar de una eliminación casi catastrófica en la fase de grupos, el equipo de Estados Unidos era uno de los favoritos en este torneo mucho antes de que se lanzara la primera bola.
El equipo de Estados Unidos, a pesar de haber estado al borde de una eliminación casi catastrófica en la fase de grupos, ha sido uno de los favoritos en este torneo mucho antes de que se lanzara la primera bola.
Liderado por el capitán Aaron Judge de los Yankees de Nueva York, su temible alineación cuenta con bateadores de la talla de Bryce Harper, Cal Raleigh, Kyle Schwarber, Alex Bregman y Bobby Witt Jr. Cualquiera de estos jugadores tiene el talento suficiente para darle la vuelta a un partido y dominarlo con unos pocos batazos.
¿Todos ellos en la misma alineación? Es simplemente una carnicería.
Pero la verdadera estrella del equipo estadounidense en este torneo ha sido su cuerpo de lanzadores, y en particular su bullpen.
Los equipos rivales les batean apenas .194 y permiten menos de un corredor por entrada, con una efectividad colectiva de 3.00.
Con la excepción del partido contra Italia, cuando los bateadores europeos prácticamente mandaban la pelota por encima de la valla en las primeras entradas, los estadounidenses han acumulado la mayor cantidad de ponches en el torneo y han concedido la menor cantidad de bases por bolas.
Será interesante ver cómo se recupera el abridor Nolan McLean en la final tras su última actuación contra Italia. Recibió una paliza y no pudo completar la tercera entrada, y Estados Unidos acabó sufriendo su única derrota por 8-6.
Esa combinación de bateadores explosivos y lanzadores potentes permitió a Estados Unidos derrotar a la poderosa República Dominicana en la semifinal.
El as Paul Skenes permitió un jonrón al inicio del partido, y ahí terminó la anotación de la República Dominicana. Dos jonrones solitarios de Gunnar Henderson y Román Anthony fueron suficientes para asegurar la victoria.
En el otro banquillo, los venezolanos son absolutamente electrizantes, tanto por su destreza atlética en el campo como por la energía que aportan al juego.
Ronald Acuña Jr. abre el orden al bate y es uno de los mejores jugadores cuando está sano, y sin duda parece que no arrastra ninguna molestia. Le conectó un jonrón a la estrella de los Dodgers de Los Ángeles y de Japón, Yoshinobu Yamamoto, para abrir el partido de cuartos de final el sábado y parece haber recuperado su nivel de MVP.
Y puede que ni siquiera sea el bateador más temido de la alineación venezolana en este momento.
Maikel García, tercera base de los Kansas City Royals, lidera el torneo en hits, y Luis Arráez, de alguna manera, está sumando jonrones a su habitual alto promedio de bateo en el Clásico Mundial de Béisbol.
Como equipo, Venezuela tiene el cuarto mejor promedio de bateo en el torneo de este año.
El cuerpo de lanzadores venezolanos tampoco se queda atrás. Los equipos rivales batean para .215 y los lanzadores venezolanos permiten un promedio de 1.09 corredores por entrada.
El Clásico Mundial de Béisbol ha sido en gran medida una fiesta para los venezolanos expatriados que han asistido a los partidos en Miami, donde se han disputado todos los encuentros del equipo.
Ronald Acuña Jr. abre el orden al bate y es uno de los mejores jugadores cuando está sano, y sin duda parece que no arrastra ninguna molestia. Le conectó un jonrón a la estrella de los Dodgers de Los Ángeles y de Japón, Yoshinobu Yamamoto, para abrir el partido de cuartos de final el sábado y parece haber recuperado su nivel de MVP.
Y puede que ni siquiera sea el bateador más temido de la alineación venezolana en este momento. Maikel García, tercera base de los Kansas City Royals, lidera el torneo en hits, y Luis Arráez, de alguna manera, está sumando jonrones a su habitual alto promedio de bateo en el Clásico Mundial de Béisbol. Como equipo, Venezuela tiene el cuarto mejor promedio de bateo en el torneo de este año.
El cuerpo de lanzadores venezolanos tampoco se queda atrás. Los equipos rivales batean para .215 y los lanzadores venezolanos permiten un promedio de 1.09 corredores por entrada.
El Clásico Mundial de Béisbol ha sido en gran medida una fiesta para los venezolanos expatriados que han asistido a los partidos en Miami, donde se han disputado todos los encuentros del equipo.
El mensaje: Esperanza y nostalgia.
Hannah Keyser, de CNN Sports, asistió a los dos primeros partidos del Clásico Mundial de Béisbol que disputó Venezuela y habló con los aficionados sobre lo que significa este torneo para ellos y cómo se sienten respecto al futuro de Venezuela tras un inicio histórico de cara a 2026.
Todos los aficionados venezolanos con los que Hannah habló en Miami estaban contentos de que Maduro se hubiera ido, pero tenían dudas sobre lo que eso significaba para el futuro del país.
“Fue un gran día”, declaró Francisco Zambrano sobre el día en que Maduro fue capturado, que también era su cumpleaños, “así que fue un gran regalo”.
Juan Sánchez, que lleva 20 años viviendo en Estados Unidos, 15 de ellos en Miami, estaba trabajando cuando se dio a conocer la noticia.
“Estaba en medio de mi turno, y simplemente llegué a casa y lo celebré. Llevaba esperando esto más de 20 años, y ahora sucede”, manifestó. “Tenía que ir a casa y celebrarlo con mi familia. Fue emocionante. Fue muy emocionante”.
“Siempre mantenemos la esperanza de que algún día suceda”, le trasladó Andrés Pacheco a Hannah. Su rostro estaba pintado de amarillo, azul y rojo, con estrellas blancas sobre el puente de la nariz, como la bandera venezolana. “Y finalmente, hicieron algo. No sabemos qué pasará después, pero es algo”.
“Estar juntos, compartir nuestra cultura aquí en el estadio, me emociona mucho porque nos sentimos como si estuviéramos de nuevo en Venezuela”, comentó Ángela Ramírez, quien le contó a Hannah que viajó desde Orlando con su esposo y sus amigos para el partido. Llevan casi una década viviendo en Estados Unidos.
Es una situación complicada para el equipo –nadie del Team Venezuela quería hablar mucho sobre la situación política en el país– pero para los aficionados en las gradas, el viaje a la final les brinda una oportunidad más para celebrar y tener esperanza en un futuro mejor.
Mauricio Torres, Gonzalo Zegarra, Germán Padinger y Jhasua Razo de CNN contribuyeron a este informe.
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