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¿Quién es Gadi Eisenkot, el principal rival de Netanyahu en las elecciones en Israel?

Por Tal Shalev, CNN

Una de las mayores bazas electorales de Gadi Eisenkot es un hecho simple e innegable: no es Benjamin Netanyahu. Y para muchos votantes, en una de las elecciones más críticas de la historia de Israel, eso bien podría bastar.

Sin embargo, otro de sus rasgos se convirtió en el centro de una tormenta política cuando Yinon Magal, un destacado presentador de televisión considerado ampliamente como portavoz de Benjamin Netanyahu, arremetió contra el principal rival del primer ministro. En una serie de comentarios de carácter racista, Magal llamó a Eisenkot “mono” de origen “mizrahi-marroquí”, manejado por “élites asquenazíes”.

Tales comentarios tocaron la fibra sensible de las desigualdades históricas entre los judíos de origen europeo y los procedentes de Medio Oriente, lo que desató un gran revuelo político y mediático. Más tarde, Magal alegó que no pretendía burlarse de los orígenes étnicos de Eisenkot, sino que estaba utilizando un término del argot para referirse a un testaferro controlado entre bastidores. Incluso Netanyahu, quien no suele caracterizarse por mostrar arrepentimiento, condenó los comentarios.

Aun así, el episodio puso el foco de atención en la historia familiar de Eisenkot.

Durante años, muchos votantes mizrahíes han apoyado tradicionalmente al partido Likud de Netanyahu. Eisenkot, de 66 años —hijo de inmigrantes marroquíes que llegó a ser el máximo general de Israel—, creció en Tiberíades y Eilat, lejos de los centros de poder político del país. Su historia contrasta marcadamente con la crianza de Netanyahu en los círculos de élite y poder de Jerusalén.

Eisenkot rara vez menciona su origen étnico, pero los analistas consideran que es parte de su atractivo. A pesar de que hace un año sus cifras en las encuestas eran de un solo dígito, ha surgido como el principal candidato de la oposición para desbancar a Netanyahu en la votación del 27 de octubre. Israel nunca ha tenido un primer ministro mizrahi; si Eisenkot resulta vencedor, sería la primera vez.

Eisenkot es el segundo de nueve hermanos y padre de cinco hijos. Es un recién llegado a la política, tras haber pasado la mayor parte de su vida en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).

Se alistó en la Brigada Golani en 1978 y, a lo largo de una carrera de 40 años, ascendió hasta convertirse en Jefe del Estado Mayor entre 2015 y 2019, sirviendo bajo el mandato de Netanyahu.

Su gestión incluyó uno de los episodios más polémicos de la historia militar reciente de Israel. En 2016, el sargento Elor Azaria disparó y mató a un atacante palestino herido en Hebrón. A pesar de la presión de políticos de derecha —incluido Netanyahu—, Eisenkot respaldó la investigación y el juicio militares, argumentando que defendía la disciplina y la ética del ejército.

Entró en política en 2022 junto a otro exjefe del Estado Mayor, Benny Gantz. Tras el ataque a Israel liderado por Hamas el 7 de octubre de 2023, ambos se unieron al gabinete de guerra de emergencia de Netanyahu. Sin embargo, lo abandonaron en junio de 2024, señalando la ausencia de una estrategia clara para la posguerra.

Para entonces, la guerra ya se había cobrado un alto precio en la familia de Eisenkot. Su hijo menor, Gal, de 25 años, murió combatiendo en Gaza en diciembre de 2023, dos meses después de iniciada la guerra. Dos de sus sobrinos también fallecieron en combate.

“Sobre la tumba de Gal, juré que el precio que él pagó —él y sus amigos, aquellos a quienes conocía y aquellos a quienes no— no sería en vano”, escribió Eisenkot en el periódico Yedioth Ahronoth en abril de 2026. Ha calificado esa promesa como el eje central de su misión política.

Eisenkot llega a la recta final como el candidato más fuerte de la oposición.

La mayoría de las encuestas recientes proyectan que su partido, Yashar, obtendrá entre 20 y 23 de los 120 escaños en juego en la Knéset, superando al Likud. También aventaja a Netanyahu en los sondeos sobre quién es el más idóneo para ocupar el cargo de primer ministro.

No obstante, la victoria dista mucho de estar asegurada, y las cifras de las encuestas —que pueden ser inexactas— importan menos que la aritmética de las coaliciones en Israel.

Bajo el sistema israelí, aunque el partido de Eisenkot quede en primer lugar, el presidente no le encarga automáticamente la formación del gobierno. El mandato recae en el legislador con mayores probabilidades de articular una coalición. Y ahí es donde entran en juego los números.

Las encuestas sugieren que ni el bloque de Netanyahu —que incluye partidos de extrema derecha y ultraortodoxos— ni el bloque opositor a Netanyahu están en camino de alcanzar una mayoría de 61 escaños. El bloqueo político es una posibilidad muy real.

El camino de Eisenkot hacia el poder pasa por partidos de izquierda, derecha y centro, y en algunos escenarios podría depender de los partidos árabes. Netanyahu ha pasado años tratando de deslegitimar cualquier cooperación con los partidos árabes, y algunos otros líderes de la oposición ya han declarado que no trabajarán con ellos.

Eisenkot ha dicho que intentará formar gobierno incluso sin contar con 61 escaños, planteando la posibilidad de un gobierno en minoría respaldado desde fuera por los partidos árabes. Sin embargo, los partidos de derecha que tendrían que formar parte de su coalición podrían rechazar esa opción.

Como antiguo planificador militar, Eisenkot difiere de Netanyahu en carácter, estilo y temperamento. Los carteles de su campaña lo presentan como “un guerrero, un líder, un unificador”. Su partido se llama “Yashar” —que significa “recto” o “directo” en hebreo—, nombre inspirado en la frase de Eli Sharabi, un exrehén del 7 de octubre: “No es derecha, no es izquierda, es recto”.

Sus principales promesas de campaña se centran en cuestiones internas y en la rendición de cuentas. Se compromete a crear una comisión estatal de investigación sobre los fallos del 7 de octubre, algo a lo que Netanyahu se ha resistido desde el inicio de la guerra. También promete el servicio militar obligatorio o un servicio nacional para todos los ciudadanos; la coalición saliente depende de partidos que exigen mantener las exenciones generalizadas para los judíos ultraortodoxos.

En materia de seguridad, sin embargo, es un partidario de la línea dura que comparte muchas de las posturas de Netanyahu. Al igual que casi todos los rivales de Netanyahu, apoyó en líneas generales las operaciones militares israelíes en Gaza, el Líbano e Irán. Dentro de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), se le asocia con la “doctrina Dahiyeh” —el uso de una fuerza abrumadora contra infraestructuras civiles para disuadir futuros ataques de milicias— y con la “campaña entre guerras”, una estrategia de operaciones encubiertas y de baja intensidad destinada a erosionar las capacidades del enemigo sin desencadenar un conflicto a gran escala.

Respecto a Irán, comparte los objetivos centrales de Netanyahu: impedir que el país adquiera armas nucleares y debilitar la red de aliados y grupos interpuestos de Teherán. No obstante, ha criticado la falta de estrategia en el conflicto más reciente y sostiene que los logros militares deben ir acompañados de diplomacia.

Criticó duramente a Netanyahu por su gestión de la guerra en Gaza, acusando al primer ministro de prolongar el conflicto y poner en peligro a los rehenes israelíes por motivos políticos, una acusación que finalmente le llevó a abandonar el gabinete de guerra.

Eisenkot proviene del estamento de seguridad y es probable que algunos de sus socios de coalición sean partidos de derecha, reacios a aceptar cambios radicales en la orientación estratégica de Israel. En cuanto a Gaza, se ha comprometido a poner fin al gobierno de Hamas en un plazo de 18 meses, ya sea mediante la implementación del plan de alto el fuego de Trump o a través de lo que denominó operaciones militares “creativas”.

En la práctica, los objetivos declarados de Netanyahu son muy similares, pero Eisenkot sostiene que “mientras Netanyahu esté en el cargo, Hamas permanecerá en el poder”.

Antes de entrar en política, Eisenkot advirtió que el control continuo de Israel sobre los palestinos en la Ribera Occidental ocupada corría el riesgo de crear un Estado binacional, lo que calificó como “el fin de la visión sionista”. Sin embargo, desde el 7 de octubre ha rechazado la solución de dos Estados; recientemente declaró en una entrevista que cualquiera que siga defendiéndola vive en un “delirio”, sin presentar ninguna visión alternativa.

Sí se opone a la anexión formal y a los asentamientos ilegales, y ha calificado de “error” el plan del gobierno israelí de construir en la controvertida zona E1 de la Ribera Occidental debido al coste internacional que ello supondría. Asimismo, ha prometido combatir con firmeza la violencia de los colonos y lo que calificó abiertamente como “terrorismo judío”, acusando al gobierno de atar las manos de las fuerzas de seguridad.

Trump ha dejado clara su preferencia: el domingo expresó su “respaldo total y absoluto” a Netanyahu, calificándolo de “gran primer ministro guerrero”. Advirtió que cualquier otra persona sería el “líder equivocado”, sugiriendo que, en tal caso, Estados Unidos tendría que enfrentarse a Irán en solitario.

Eisenkot y otros líderes de la oposición instaron a la Casa Blanca —a través de intermediarios como la gran donante republicana Miriam Adelson— a mantenerse al margen de la contienda, según fuentes israelíes conocedoras de estas gestiones. No surtió efecto. Netanyahu y Trump comparten una larga historia común que abarca hitos como el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén en 2017, la retirada del acuerdo nuclear con Irán en 2018, los Acuerdos de Abraham de 2020 y los ataques contra Irán de 2025-2026.

Cuando el analista político Barak Ravid le preguntó a Trump si podría trabajar con otro primer ministro, respondió: “Quizás sí, quizás no; ¿quién quiere correr el riesgo?”.

Sin embargo, durante el último año, Netanyahu ha tomado medidas que irritaron a Trump y a otros miembros de su administración, incluidos ataques en el Líbano y Gaza que socavaron sus intentos de lograr la paz regional.

Un gobierno encabezado por Eisenkot, sin los socios de extrema derecha de Netanyahu —Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich—, probablemente sería más moderado y daría a Trump mayor margen para impulsar la diplomacia regional, incluida la vía hacia la normalización con Arabia Saudita, una ambición largamente perseguida.

Si bien Riad sigue exigiendo una vía creíble hacia la creación de un Estado palestino, a una coalición que no dependa de la extrema derecha probablemente le resultaría más fácil avanzar en esa dirección.

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