Una vacuna experimental de ARNm reduce en un 42 % el riesgo de reaparición del melanoma
Por Meg Tirrell, CNN
Cuando en agosto se supo que la que podría ser la primera vacuna personalizada de ARNm contra el cáncer tuvo éxito en un ensayo clínico de fase avanzada para el melanoma, tanto los oncólogos como el público en general se mostraron entusiasmados. Y eso fue antes incluso de que sus creadores revelaran la eficacia real de la terapia.
Ahora lo consiguieron. La vacuna experimental, combinada con el fármaco ya aprobado Keytruda, redujo en un 42% el riesgo de que el cáncer de los pacientes reapareciera tras la cirugía o de que fallecieran, en comparación con el tratamiento solo con Keytruda, lo que abre la puerta a una forma totalmente nueva de tratar la enfermedad.
“Esta nueva vacuna es algo que realmente nunca habíamos visto antes, tanto por la eficacia que ha demostrado como por su mecanismo de acción”, declaró a CNN el Dr. Michael Postow, jefe del servicio de melanoma del Memorial Sloan Kettering Cancer Center.
La vacuna recibe el nombre de intismeran autogene hasta que se le asigne una marca comercial.
Está previsto que los resultados se presenten el sábado en Madrid, durante una reunión de la Sociedad Europea de Oncología Médica. Merck y Moderna, las empresas desarrolladoras de la vacuna experimental, divulgaron los datos antes de lo esperado, el jueves, tras conocerse informes de que se habían publicado en línea y posteriormente retirado.
Basándose en los resultados, las compañías están “colaborando con las autoridades reguladoras”, informaron en un comunicado de prensa, lo que sugiere que podrían solicitar la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU., FDA, de forma inminente. Asimismo, están probando esta tecnología en otros muchos tipos de cáncer, incluidos los de pulmón y páncreas.
La vacuna experimental utiliza la misma tecnología de ARNm que sustenta la vacuna de Moderna contra el covid-19; sin embargo, en lugar de entrenar al sistema inmunitario para combatir un invasor viral, lo ayuda a actuar con mayor contundencia contra las células cancerosas.
Además, se elabora a medida para cada paciente, basándose en la firma genética de su tumor. Una vez extirpado el cáncer mediante cirugía, se secuencia una muestra y se diseña la vacuna a partir de los marcadores del tumor con mayor probabilidad de generar una respuesta inmunitaria.
“Esta vacuna personalizada contra el cáncer es un tipo de tratamiento específico que potencia la respuesta inmunitaria del organismo únicamente frente a las células cancerosas presentes”, explicó Postow, “por lo que supone un refuerzo inmunitario mucho más dirigido directamente contra el tumor específico de cada paciente”.
Postow trabajó con pacientes inscritos en el ensayo, entre ellos Beth Ryzyk, de 59 años, a quien se le diagnosticó melanoma en estadio IIIC en diciembre de 2023. Este estadio indica que el cáncer presentaba un determinado grosor en la piel y se había propagado a los ganglios linfáticos, lo que aumentaba el riesgo de recurrencia tras la cirugía.
“Ojalá la cirugía por sí sola fuera curativa, pero sabemos, gracias a numerosos estudios, que los pacientes en esa situación tienen una probabilidad muy alta de que la enfermedad reaparezca en algún lugar, ya sea en otros ganglios linfáticos o en otras partes del cuerpo, como los huesos, el hígado, los pulmones o el cerebro”, señaló Postow.
Por ello, se prescribe a los pacientes un tratamiento para intentar evitar que esto ocurra, en lo que se denomina contexto adyuvante, es decir, tras un tratamiento principal (en este caso, la cirugía). Por lo general, se trata de un fármaco como Keytruda, que resultó revolucionario cuando se aprobó en 2014. Su mecanismo consiste en permitir que el sistema inmunitario ataque a las células cancerosas que, hasta entonces, podrían haber permanecido ocultas.
Keytruda cobró notoriedad al utilizarse para tratar el melanoma del presidente Jimmy Carter, el cual se había propagado al hígado y al cerebro. Carter anunció que estaba libre de cáncer en diciembre de 2015.
Ryzyk, al igual que los otros 1.136 participantes en el ensayo, aún desconoce si recibió la vacuna experimental o un placebo junto con Keytruda (fármaco que se administró a todos los pacientes); no obstante, sospecha que recibió la vacuna porque, tras cada sesión de tratamiento, se sentía “un poco enferma, con síntomas leves similares a los de la gripe y algo decaída al día siguiente”.
La vacuna experimental —o el placebo— se administraba mediante inyección intramuscular cada tres semanas, hasta un máximo de nueve dosis, mientras que el Keytruda se administraba por vía intravenosa cada seis semanas durante un periodo de hasta un año aproximadamente; por ello, Ryzyk no siempre recibía ambos tratamientos al mismo tiempo.
Lo que sí sabe es que, más de un año después de finalizar el tratamiento del ensayo, sigue libre de cáncer.
“Me encuentro bien; a veces incluso me olvido del tema”, declaró Ryzyk a la CNN. “Siempre lo tienes presente en el fondo de tu mente… pero me están vigilando”.
Los resultados del ensayo, que mostraron una reducción del 42% en el riesgo de recurrencia del cáncer, se obtuvieron tras un periodo medio de unos dos años desde el tratamiento. El ensayo continuará para evaluar otros parámetros, incluida la durabilidad del efecto y la métrica más importante: la supervivencia global, es decir, si el tratamiento ayuda a los pacientes a vivir más tiempo.
Las empresas señalaron que, en este momento, es demasiado pronto para afirmarlo, aunque “se ha observado una tendencia favorable” en la mejora de la supervivencia global.
A pesar de unos resultados que oncólogos como Postow consideran muy positivos, Wall Street reaccionó negativamente a la noticia el jueves, provocando una caída del 18% en el precio de las acciones de Moderna antes del cierre del mercado. Las acciones de Merck bajaron un 1,8%.
Analistas como Trung Huynh, de la firma financiera RBC Capital Markets, señalaron que los resultados no fueron tan sólidos como los observados en un ensayo anterior de menor envergadura, aunque indicaron en un informe de análisis que es probable que la FDA apruebe la terapia el próximo año.
Los inversores de Moderna, en particular, están muy interesados en ver pruebas de que este enfoque funciona no solo para el melanoma, sino también para otros tipos de cáncer, dada la trayectoria de altibajos de la empresa biotecnológica: desde el suministro de vacunas de ARNm contra covid-19 hasta el posterior estancamiento de la demanda una vez superada la fase aguda de la pandemia.
Ven una salvación en la aplicación de la tecnología de ARNm al tratamiento del cáncer; el precio de las acciones de Moderna se duplicó con creces en agosto tras conocerse el éxito del ensayo y ha seguido subiendo desde entonces. Incluso con la caída del jueves, las acciones acumulaban una subida superior al 500% en lo que va de año, según señaló Myles Minter, analista de William Blair, quien calificó los resultados de “datos excelentes”.
Ryzyk expresó su esperanza de que otras personas tengan la oportunidad de beneficiarse de esta nueva forma de tratar el cáncer y de que el precio no resulte inasequible para los pacientes. Por lo general, las compañías farmacéuticas no anuncian el coste hasta que el medicamento recibe la aprobación.
Tras hacer sonar la campana en su centro de tratamiento la primavera pasada para marcar el fin de su terapia, Ryzyk cuenta que ha retomado una vida que le encanta, llena de viajes junto a su esposo.
“Estamos en plena etapa de jubilación”, comentó Ryzyk, señalando que tienen hijos adultos pero aún no tienen nietos, una situación que ella describió como el momento ideal para explorar el mundo. “Podemos decidir irnos de un momento a otro. Así que nos vamos”.
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