Hay otra crisis hídrica en la cuenca del río Colorado, pero esta es invisible
Por Laura Paddison, CNN
Los dos embalses más grandes de Estados Unidos han descendido a niveles mínimos sin precedentes este año, mientras la sequía azota el suroeste del país. Sin embargo, bajo tierra se desarrolla otra crisis hídrica, mucho menos visible, pero no por ello menos alarmante.
La cantidad de agua subterránea en la cuenca del río Colorado está disminuyendo rápidamente, y lo hace de formas inesperadas, según un nuevo estudio realizado por científicos de Virginia Tech y publicado en la revista Water Resources Research.
El lago Mead y el lago Powell son la cara visible del crítico problema hídrico del suroeste, donde el río Colorado —que abastece de agua a cerca de 40 millones de personas— se reduce debido a una combinación del cambio climático y la demanda humana.
“Sin embargo, solo representan una parte de los recursos hídricos de la región”, señaló Esther Oyedele, autora del estudio y estudiante de posgrado en geociencias en Virginia Tech. “El agua subterránea es otro componente esencial”. Se trata de una fuente alternativa vital en la cuenca del río Colorado, especialmente cuando el agua superficial de ríos, lagos y embalses se agota.
Para obtener una imagen de lo que ocurre con el agua subterránea en la región, los científicos compararon mediciones de satélites de la NASA con estimaciones de agua superficial, humedad del suelo y reservas de agua en forma de nieve entre 2004 y 2023.
Detectaron descensos en toda la cuenca durante esas dos décadas, con una aceleración de las pérdidas a partir de 2019. Una sequía severa entre 2020 y 2022 provocó caídas especialmente significativas, y los investigadores descubrieron un giro sorprendente.
Históricamente, el agua subterránea solía disminuir más en la cuenca baja del río Colorado, que abarca California, Arizona y Nevada. La cuenca alta —que incluye Colorado, Nuevo México, Utah y Wyoming— tendía a ser más resiliente, ya que sus reservas subterráneas se benefician del deshielo que desciende de las Montañas Rocosas.
No obstante, entre 2020 y 2022, el agua subterránea en la cuenca alta disminuyó en unos 17,4 metros cúbicos, casi el doble de la tasa registrada en la baja, donde el descenso fue de aproximadamente 9,4 metros cúbicos.
“El sistema ha llegado a un punto de inflexión: la cuenca superior está experimentando actualmente una rápida pérdida de agua subterránea”, escribieron los autores del informe.
El agua superficial y el agua subterránea están conectadas en un delicado equilibrio: la lluvia y el deshielo se filtran en el terreno y recargan los acuíferos; a su vez, el agua subterránea puede llegar a ríos y lagos, por ejemplo, a través de manantiales.
El estudio reveló que existen diferencias significativas en la forma en que estas dinámicas se manifiestan entre la cuenca superior e inferior. El deshielo desempeña un papel mucho más relevante en la superior, que recibe una mayor cantidad de precipitaciones que la inferior, la cual es, por lo general, más cálida y seca. La sequía prolongada, el aumento de las temperaturas y la reducción de la nieve parecen estar sometiendo a la región de la cuenca superior a una presión adicional.
Esta investigación se suma a otro estudio publicado el año pasado, que concluyó que el volumen de agua subterránea extraída de la cuenca del río Colorado durante las dos últimas décadas habría sido suficiente para llenar el lago Mead.
La recarga de estos acuíferos requiere miles de años, “y nosotros, como seres humanos, prácticamente los hemos agotado a lo largo del último siglo”, señaló en su momento Jay Famiglietti, profesor de la Universidad Estatal de Arizona y coautor del estudio del año pasado.
Según explicó recientemente Famiglietti a CNN, tanto este documento como el nuevo estudio subrayan que, si bien el agua superficial acapara toda la atención en términos de políticas y gestión, es el agua subterránea la que representa la mayor parte de las pérdidas en toda la cuenca.
La disminución de las reservas de agua subterránea supondrá un problema, dado que Arizona, California y Nevada se ven obligadas a recortar el volumen de agua que extraen del río Colorado, indicó Famiglietti, en referencia a un nuevo plan operativo para la cuenca publicado en agosto.
El estudio no ofrece detalles sobre la cantidad total de agua subterránea que queda en la cuenca, sino únicamente sobre cómo ha variado con el paso del tiempo. Tampoco cuantifica el impacto exacto del cambio climático en el descenso de los niveles de agua en comparación con otros factores, como la demanda humana de agua y la extracción de aguas subterráneas.
Lo que sí revela el estudio es que “las reservas de agua subterránea han experimentado una disminución sustancial y persistente”, añadió Oyedele.
“Por tanto, centrarse exclusivamente en los embalses podría llevar a pasar por alto una parte importante de los desafíos hídricos generales de la región”, señaló, añadiendo que el agua subterránea no debe considerarse una “reserva ilimitada”.
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Con información de Ella Nilsen.