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Trump intentaba que los precios bajaran antes de las elecciones intermedias, pero Irán también tiene voz y voto

Análisis de David Goldman

El presidente Donald Trump y los republicanos acaban de recibir la peor noticia posible sobre la inflación antes de las elecciones intermedias: los precios subieron más de lo previsto en septiembre.

La noticia no sorprendió a los votantes estadounidenses. Las encuestas muestran que están furiosos por el elevado costo de la vida, una situación que persiste desde la pandemia pero que se ha visto agravada este año por las políticas de Trump, incluidos los aranceles y, sobre todo, la guerra con Irán.

Para aliviar parte de la presión de los precios, la administración de Trump ha recurrido a diversas estrategias. Hace más de un mes, la Marina de EE.UU. inició una operación de alto riesgo para escoltar a los petroleros que transportan crudo del Golfo a través del estrecho de Ormuz. Además, en un intento desesperado, Trump anunció la semana pasada un controvertido acuerdo para levantar algunas sanciones a Rusia y así importar una cantidad relativamente pequeña de diésel de ese país.

Irán y sus aliados hutíes están saboteando ambas operaciones. El aumento de los ataques contra petroleros e infraestructuras petroleras durante la última semana provocaron una subida de los precios del petróleo y el diésel. Esta perturbación hizo que cayera drásticamente el tránsito por los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, justo cuando se habían recuperado en gran medida hasta alcanzar los niveles anteriores a la guerra.

El Gobierno de Trump nunca iba a resolver el problema de la inflación en el mes previo a las elecciones intermedias. Sin embargo, su último intento por lograr noticias positivas sobre los precios se estrelló frontalmente contra un muro esta semana.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) publicado este miércoles reveló una historia ya conocida: la inflación siguió aumentando en septiembre, impulsada principalmente por el fuerte incremento de los costos energéticos.

Los precios de la gasolina subieron un 9,1% a lo largo del mes y cerraron septiembre más de un 34% por encima de los niveles del mismo periodo del año anterior. Los precios del gasóleo de calefacción aumentaron un 15,3% el mes pasado y se dispararon más de un 74% en el último año.

Estos costos más elevados están empezando a extenderse a otros sectores de la economía. Como señaló el martes mi colega Matt Egan, la guerra con Irán está suponiendo un gasto adicional de US$ 2.000 para cada hogar estadounidense promedio, según Moody’s Analytics.

Un aspecto especialmente preocupante del informe de inflación de este miércoles fue el sorprendente repunte de los costos de vivienda y alquiler; se trata de un factor que contribuye significativamente a la inflación y que se había moderado durante la primavera y el verano.

El costo de los servicios en general aumentó un 0,4% en el mes; son precios que tienden a subir a medida que los estudios de yoga, los servicios de jardinería y negocios similares cobran más a sus clientes para compensar sus propios gastos crecientes. Es posible que los precios de esos servicios sean simplemente una consecuencia indirecta de la guerra con Irán, pero a los economistas les preocupa cuando aumentan, ya que tienden a ser “rígidos” (difíciles de bajar).

Dicho sin rodeos: ¿cuándo fue la última vez que la guardería de tus hijos bajó los precios?

La economía estadounidense en su conjunto sigue mostrando gran dinamismo y los consumidores continúan gastando a pesar del aumento de los precios. Sin embargo, una mayor inflación se traduce en un aumento de los rendimientos de los bonos y de las tasas de interés de la Reserva Federal, lo que eleva los costos de financiación y hace que la vivienda sea aún menos asequible.

Irán es consciente de todo esto. Sabe de la presión política que enfrentan Trump y el Partido Republicano. Y sabe en qué mes estamos.

Tras un mes de septiembre relativamente tranquilo, al menos 18 buques fueron atacados en Medio Oriente y sus alrededores durante las últimas dos semanas, según Kpler, un servicio de seguimiento marítimo. El martes, los hutíes —aliados de Irán— aparentemente atacaron la sede de Aramco, el gigante petrolero estatal saudí.

“Parece que Irán intenta mantener elevados los precios del petróleo de cara a las elecciones de intermedias, y la mejor forma de lograrlo ha sido intensificar los ataques, tanto los perpetrados directamente por ellos como los realizados a través de los hutíes”, señaló Matt Smith, analista de Kpler.

La narrativa, siempre cambiante, sobre quién controla el estrecho de Ormuz dio un nuevo giro.

La compleja operación de las llamadas “flotas en la sombra” —protegidas por fuerzas navales—, que transportaban petróleo del Golfo fuera del estrecho para trasvasarlo a otros buques cisterna en el golfo de Omán, había resultado sumamente exitosa. Hace apenas unas semanas, el volumen de petróleo que salía por el estrecho de Ormuz se había recuperado casi por completo hasta alcanzar los niveles previos al conflicto.

En los últimos siete días, el tránsito de petróleo y combustible a través del estrecho cayó al 54% de los niveles previos a la guerra, según datos de Kpler.

Las represalias de Irán no deberían sorprender a nadie, señaló Dan Pickering, fundador y director de inversiones de Pickering Energy Partners.

“Mientras Estados Unidos proclama a los cuatro vientos el éxito de llevar más crudo a los mercados mundiales, es un poco como llevar un gran cartel que diga “patéame”, afirmó. “Irán está atacando a casi todo el mundo. Entretanto, los hutíes —actuando como representantes de Irán— están atacando a Arabia Saudita con resultados significativos”.

Los recientes ataques hutíes contra infraestructuras saudíes elevaron la gravedad del conflicto. Aunque el mercado petrolero logró esquivar una bala tras un ataque —exitoso pero reparable— contra el crucial oleoducto este-oeste de Arabia Saudita, las agresiones recientes demuestran que el conflicto no remitirá a corto plazo.

Aún no se sabe quién saldrá victorioso: la Marina de EE.UU. podría recuperar la ventaja, o bien la administración podría encontrar otras formas creativas de hacer llegar más diésel al mercado.

Mientras tanto, el perdedor está claro: el consumidor estadounidense. Y dentro de tres semanas emitirá su veredicto sobre la economía al votar en las elecciones intermedias.

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