Un duelo entre hombres negros estadounidenses representa progreso y oportunidades en el tenis
Análisis de Hannah Keyser, CNN
Martin Blackman no pensaba en la representación ni en la raza cuando él y su familia escucharon la transmisión radiofónica de la BBC en 1975, en la que Arthur Ashe venció contra todo pronóstico a Jimmy Connors en cuatro sets, y se convirtió en el primer —y hasta ahora único— hombre negro en ganar el título individual de Wimbledon.
Pero sus padres sí lo hacían.
“Creo que mis padres, al comprender las enormes barreras que existían debido a la falta de acceso al tenis en Estados Unidos, entendieron lo que aquel logro significaba para Arthur. También comprendieron la importancia de la serenidad y la dignidad con las que él se representaba a sí mismo y abría puertas a otros afroamericanos; creo que eso les resultó muy impactante”, declaró a CNN Sports Blackman, quien ahora tiene 56 años. “Yo solo era un niño de cinco años que escuchaba la radio”.
Lo único que sabía en aquel entonces era que el tenis se había convertido en el deporte de la familia. El éxito de Ashe como hombre negro en un escenario de gran magnitud había desempeñado un pequeño papel en la iniciación de Blackman en el deporte que marcaría su vida.
“Y luego, a lo largo del camino, hubo personas que me abrieron puertas y me brindaron oportunidades que yo nunca habría podido costearme. Así que me siento muy afortunado en ese aspecto”, dijo Blackman. “Por eso me encanta lo que hago”.
Durante 10 años, eso significó trabajar como gerente general de desarrollo de jugadores de la Asociación de Tenis de Estados Unidos (USTA, por sus siglas en inglés), donde procuró “diseñar los programas de iniciación de manera deliberada para asegurarnos de atraer al grupo más amplio y diverso posible de jugadores juveniles”.
Sin embargo, fue antes de eso —durante su primera etapa de trabajo en el Junior Tennis Champions Center (JTCC, por sus siglas en inglés) en College Park, Maryland— cuando Blackman conoció a Frances Tiafoe.
Tiafoe tenía seis años cuando Blackman asumió la dirección del JTCC; para entonces, ya habían transcurrido un par de años de una historia de origen que hoy se cita con frecuencia. El padre de Tiafoe, un inmigrante de Sierra Leona, trabajó en la construcción del centro, pasó a desempeñar labores de mantenimiento y crió a sus hijos gemelos, Frances y Franklin, dentro y alrededor de las pistas. Cuando su madre, enfermera también originaria de Sierra Leona, trabajaba en el turno de noche, los niños dormían en un almacén.
“Cuando tenía siete u ocho años, lo veía golpeando la pelota contra el muro siempre que tenía tiempo libre. Lo veía observar a otros entrenadores impartir clases particulares en sus ratos libres; simplemente miraba y aprendía”, comentó Blackman sobre el joven Tiafoe.
Y a veces, si a un grupo de jugadores mayores le faltaba un compañero para su partido de dobles, un Tiafoe, que cursaba la escuela primaria, intervenía para jugar.
“Así que veías a Frances, con siete u ocho años, jugando con otros tres hombres de 70 años que tenían la peor técnica del mundo”, dijo Blackman entre risas. “Pero él estaba aprendiendo el juego desde la base, mentalmente”.
Antes de esta temporada, Tiafoe renovó su estilo de juego y regresó a las mismas instalaciones donde lo aprendió por primera vez. Blackman también ha vuelto al JTCC, esta vez como director ejecutivo. Hace unos meses, ambos celebraron en el JTCC cuando el fondo benéfico de Tiafoe —dedicado a ofrecer programas de tenis y académicos a comunidades desfavorecidas— superó el millón de dólares en recaudación.
Es un pilar fundamental no solo de su propio legado, sino también de la iniciativa más amplia para aumentar el acceso y, en consecuencia, la diversidad en el tenis. Ese esfuerzo alcanzó un nuevo hito el viernes por la noche en el estadio Arthur Ashe, cuando Tiafoe se enfrentó a Ben Shelton: fue la primera vez que dos hombres negros estadounidenses disputaron las semifinales del US Open, y así garantizar la presencia de un hombre negro estadounidense en la final por primera vez desde que lo hiciera el propio Ashe en 1972.
El trabajo en la pista también dio sus frutos. Tiafoe perdió peso, redobló su concentración y vio cómo su clasificación ascendía del puesto 34 al 12 a lo largo de la temporada. Sin embargo, el viernes por la noche se vio superado por la resistencia física constante de Shelton; su energía decayó mientras el jugador más joven lograba imponerse gracias a su aguante y a la eficacia de su servicio.
Tiafoe ganó el primer set; Shelton, el segundo. Luego, con Shelton liderando 5-3 en el tercer set, ambos disputaron un juego de 15 minutos que llegó a empate (deuce) en siete ocasiones antes de que Shelton se adjudicara el set gracias a un error no forzado de su rival.
El siguiente juego, el primero del cuarto set, llegó a estar igualado a 40 (deuce) en tres ocasiones. Shelton también se lo llevó. La inercia del partido estaba claramente a su favor. A partir de ahí, el encuentro siguió siendo una batalla, pero una en la que Shelton marcaba el ritmo mientras Tiafoe flaqueaba. Perdió al cometer una doble falta en el que sería su último servicio de la noche.
En sus declaraciones a ESPN tras el partido, Shelton —quien a sus 23 años acababa de clasificarse para su primera final de un torneo Grand Slam— describió a Tiafoe, de 28 años, como a un “hermano mayor”. El comentario reflejaba la amistad que ambos han forjado en el circuito profesional, pero también aludía a la historia que ahora comparten como hombres negros que triunfan en la élite del tenis.
Antes del partido, Blackman reflexionó sobre cómo lo percibirían los niños negros —o sus padres— y si aquello podría inspirar a la próxima generación de personas como él a iniciarse en este deporte.
“Les aseguro que esto va a suceder cien veces en cien lugares distintos”, dijo: “Porque estos tipos… quiero decir, estos tipos son tan fascinantes. ¿Qué niño no vería esto y diría: ‘Madre mía, quiero hacer eso’?”.
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