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10 años sin Juan Gabriel, el mexicano que enamoró al mundo cantándoles a sus penas con mariachi y lentejuelas

Por Paulina Nares, CNN en Español

Juan Gabriel estudió hasta quinto de primaria, pero “la escuela de la vida” —como él mismo decía— lo llevó a ser uno de los cantautores mexicanos más importantes de todos los tiempos, reconocido en todo el mundo. Diez años después de su muerte su legado vive, de generación en generación, a través de las personas que cantan y bailan sus canciones.

Alberto Aguilera Valadez nació el 7 de enero de 1950 en Parácuaro, un municipio ubicado en el estado de Michoacán, al oeste de México. Desde muy pequeño, se enfrentó a una cruda realidad de pobreza y soledad. “Muchas veces en los niños, como yo, que no tuvieron oportunidades, cada calle es una escuela y cada gente un libro”, dijo el cantautor mexicano en una entrevista con CNN.

Sus padres eran campesinos y él fue el menor de diez hijos. Su papá, Gabriel Aguilera Rodríguez, tuvo que ser internado en una clínica de salud mental en la Ciudad de México, luego de que un incendio durante su labor en el campo se saliera de control. Se cree que escapó tras su ingreso porque nunca volvieron a saber de su paradero, según una biografía de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM).

Tras este acontecimiento, su madre, Victoria Valadez Rojas de Aguilera, se fue con Juan Gabriel, que apenas era un bebé, a Apatzingán, después a la capital Morelia y, finalmente, se asentó en Ciudad Juárez, en el estado mexicano de Chihuahua, muy cerca de la frontera con El Paso, Texas, donde fue trabajadora del hogar.

Debido a las circunstancias difíciles a las que se enfrentaba para subsistir, Victoria metió a Juan Gabriel a un internado cuando tenía cinco años. “La pasaba muy bien con los demás niños, compartíamos juegos, pero a la vez, estábamos conscientes de la tristeza por estar ahí internados”, declaró Juan Gabriel, según SACM.

Sus días en la Escuela Laica de Mejoramiento Social para Menores transcurrieron entre música —gracias a que un compañero le rentaba una guitarra por diez centavos—, travesuras, aprender oficios, cocinar, y de extrañar a su madre.

“Yo carecí, por ejemplo, del cariño de mi madre, no porque ella haya querido, sino por (…) las circunstancias de la vida”, contó a CNN en 1996. Años más tarde, se refirió a la relación con su madre así: “Me la hice mi amiga, como si nunca hubiéramos estado separados”.

A los 13 años, escapó del internado cuando fue a tirar la basura y no volvió jamás. Desde entonces, Juan Gabriel tuvo que buscar cómo ganarse la vida, ya fuera vendiendo piezas de hojalatería que él mismo hacía, cantando en las calles, afuera de los restaurantes y en los camiones; incluso como mozo de un sacerdote, quien habría abusado sexualmente de él, según revela la serie documental de Netflix “Juan Gabriel: debo, puedo y quiero”, de la cineasta María José Cuevas.

La vida nómada fue clave para forjar su propio estilo musical. “Tengo raíces en Michoacán, mezcladas con el turbulento escándalo que hay en Juárez, donde se amalgama la música de todas partes”, se lee en su biografía de la SACM.

“Nunca volverás, paloma. Triste está el palomar. Solito quedó el palomo. Ahogándose entre sollozos. Pues ya no puede llorar”, dice una estrofa de la primera canción que escribió Juan Gabriel cuando apenas tenía trece años, sin imaginar que sería el comienzo de una brillante carrera artística.

“La muerte del palomo” fue un augurio de su gran talento como compositor. A los 18 años ya había escrito más de 300 canciones. Actualmente, se le atribuye la composición de más de 1.800 canciones, según la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación.

“Para poder escribir no necesito un lugar especial. En cuanto a si primero la letra o la música, depende del estado de ánimo. No hay ninguna regla en mi manera de componer”, afirmó Juan Gabriel.

Sus canciones han sido interpretadas por varios artistas a través de los años, entre ellos José José, con “Lo pasado, pasado”; Rocío Dúrcal, con “Amor eterno”; “La diferencia”, que interpretaron Lucha Villa y Vicente Fernández; “Así fue”, que cantó Isabel Pantoja. A la lista se suman bandas icónicas del rock mexicano como “Jaguares”, que popularizó la canción de “Te lo pido por favor”, y “Maná” hizo su versión de “Se me olvidó otra vez”.

Las canciones “Te sigo amando” y “Abrázame muy fuerte” alcanzaron el puesto número 1 en lista Hot Latin Songs de Billboard, mientras que “Hasta que te conocí”, “Querida” y “Amor eterno”, son catalogadas por Billboard como una de sus 20 mejores canciones.

A lo largo de su trayectoria, Juan Gabriel, grabó alrededor de 35 álbumes y vendió más de 100 millones de discos. Sus canciones han llegado a más de 60 países y se han grabado en idiomas como inglés, japonés, turco, búlgaro, francés, italiano, griego y portugués, según Universal Music.

Rompió récord de presentaciones en lugares como Rose Bowl y Estudios Universal, en California, así como en el Radio City Music Hall de Nueva York. Desde 1986, cada 27 de octubre, se celebra “el Día de Juan Gabriel” en Los Ángeles.

Juan Gabriel nunca obtuvo en vida un premio Latin Grammy por sus álbumes. Sin embargo, fue galardonado póstumamente en 2016. Durante su carrera, recibió una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y los Reyes de España le concedieron el Laurel de Oro. También le entregaron las llaves de la Ciudad del Vaticano, Buenos Aires, Madrid y Asunción, entre otros, de acuerdo con Universal Music.

Pese a que su música, traspasó fronteras, Juan Gabriel siempre mostró orgullo por ser mexicano: “Hay que defender la música mexicana con cautela… Mis pensamientos, mis sentimientos, mi espíritu, todo está en español”, dijo en una entrevista con Los Angeles Times.

Para Juan Gabriel, el éxito en la vida era “haber nacido” y el mayor reconocimiento era el cariño de la gente. “No creo que exista otro reconocimiento mejor”, decía.

Para entender los inicios de la carrera de Juan Gabriel es fundamental hablar del bar el Noa Noa, en Ciudad Juárez, lugar donde se presentó en un escenario por primera vez en 1966. Por ello, también era conocido como el Divo de Juárez.

Luego de peregrinar probando suerte en Texas, donde subsistía apoyando en las labores de iglesias y cantando en los coros, y después en Tijuana, regresó a Ciudad Juárez para debutar en el Noa Noa, interpretando canciones de artistas como Armando Manzanero.

Este pasaje de su vida quedó plasmado en la famosa canción que lleva el mismo nombre del bar y en una película, también llamada “El Noa Noa”, que se estrenó en 1981 y en la que se narra la vida del compositor mexicano. El filme llegó hasta el Festival Internacional de Cine de Tashkent, en Uzbekistán.

Aunque la historia del centro nocturno Noa Noa tuvo un final trágico, ya que se incendió en 1994 y fue derrumbado en 2007, quedaría inmortalizado. “Este es un lugar de ambiente donde todo es diferente… ¿Quieres bailar esta noche? Vamos al noa, noa, noa”, dice la canción.

En 1970, en uno de sus varios intentos por tirunfar, llegó a la Ciudad de México, con veinte años y sin dinero. Su estancia fue compleja, ya que tuvo que dormir en la calle en lugares como la terminal de autobuses y la Alameda Central.

Además, fue acusado de robo sin pruebas, por lo que estuvo preso un año y medio en el temido Palacio de Lecumberri, que también pisaron personalidades como José Revueltas y David Alfaro Siqueiros, según el INAH.

Mientras estuvo en la cárcel, compuso canciones como “Tres claveles”, “Me he quedado solo” y “No tengo dinero”.

Irónicamente, este tormentoso episodio de su vida lo llevó a cumplir su sueño. Estando en la cárcel, su voz asombró al propio director de Lecumberri y a su esposa, por lo que le presentaron a la cantante Enriqueta Jiménez, quien le ayudó a salir de la cárcel y a conseguir su primer contrato. Fue así como en 1971, Juan Gabriel grabó su primer álbum llamado “Un alma joven”, con la disquera RCA, logrando su primer gran éxito justamente con la canción “No tengo dinero”.

El primer nombre artístico de Alberto Aguilera fue Adán Luna, que eligió en 1968 durante sus inicios en Ciudad Juárez. Sin embargo, cuando firmó el contrato de su primer disco decidió adoptar el nombre con el que haría historia: Juan Gabriel.

Eligió el primer nombre como un homenaje y agradecimiento a Juan Contreras, quien fue su mentor mientras estaba en el internado, y el segundo por su padre. La gratitud era una cualidad muy importante para Juan Gabriel, “porque uno puede llegar a ser lo que sea en la vida, menos ingrato”, dijo en la entrevista con CNN en 1996.

En 1990, cuando el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México era considerado como “la catedral de la alta cultura”, con presentaciones de música clásica y ópera, Juan Gabriel, vestido con brillos y lentejuelas, desafió a la burocracia y rompió el estereotipo de los hombres que cantaban música ranchera con una actuación histórica. La conmoción al respecto fue tal, que el entonces director de la Orquesta Sinfónica renunció en rechazo.

Durante cuatro días, el Divo de Juárez interpretó extraordinariamente sus canciones, llenando el recinto con su presencia histriónica, picardía, volteretas, bailes sensuales, lentejuelas y una voz desgarradora. Acompañado de la Orquesta Sinfónica Nacional, conquistó a los asistentes, quienes corearon, chiflaron, agitaron pañuelos e incluso se levantaron de las butacas para bailar, como se puede apreciar en el concierto publicado su cuenta oficial de YouTube, algo inédito en el recinto.

“La música es la música. Yo deseo de todo corazón que todos mis compañeros tengan la misma oportunidad que yo tuve de trabajar en este precioso teatro”, mencionó durante una de las fechas de su concierto.

La periodista mexicana Patricia Vega describió el concierto en una crónica como “una experiencia inolvidable que disolvió las barreras artificiales entre la ‘alta’ cultura y la cultura ‘popular’”.

Si hay una frase que caracteriza a Juan Gabriel, como muchos le decían, es la que soltó durante una entrevista para el programa “Primer Impacto”, misma que, hasta el día de hoy, sigue siendo parte del lenguaje de los mexicanos.

Fernando del Rincón, quien actualmente es presentador de CNN, le preguntó durante una entrevista: “¿Juan Gabriel es gay?”, a lo que él respondió: “Dicen que lo que se ve no se pregunta, mijo”.

“Yo veo a un cantante frente a mí, veo a un triunfador”, replicó del Rincón, a lo que, enseguida, Juan Gabriel, secundó diciendo que “uno no vale por las personalidades que otras gentes pueden achacar, todo lo que uno hace es lo que vale, los hechos son los más importantes”.

Juan Gabriel trató de ser discreto con su vida personal. Sobre sus cuatro hijos, de los que poco habló, dijo a CNN en 1996: “Quiero que lleguen a ser muchísimo mejor que yo”.

Alberto Aguilera Valadez murió el 28 de agosto de 2016, pero el legado de Juan Gabriel “es eterno”, como el “amor eterno e inolvidable”, letra que escribió tras la muerte de su madre en 1974.

“Juan Gabriel es eterno, nunca se esfuma”, afirma la cineasta María José Cuevas, quien estuvo a cargo de recolectar todo el archivo videográfico —que Juan Gabriel grabó a lo largo de su vida— y dirigió una serie documental autobiográfica del compositor mexicano estrenada en 2025.

Diez años después de su muerte, las nuevas generaciones escuchan su música en las plataformas, abarrotan el Zócalo y la Cineteca Nacional para revivir su legendario concierto en Bellas Artes y su catálogo musical sigue generando regalías. Según datos que Spotify compartió con CNN, una tercera parte de las reproducciones de su música en el último año fue de personas menores de treinta años.

La Secretaría de Cultura de México describe a la música de Juan Gabriel como “un punto de encuentro entre generaciones y una expresión viva de nuestra identidad”.

Juan Gabriel será recordado no solo por su inmenso talento musical, sino porque siempre estuvo orgulloso por la persona que era, para la que el amor “lo era todo” y quien creía que Dios “es todo lo bueno que uno hace”.

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