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¿Por qué la Conmebol no se aleja de Infantino en la pelea UEFA vs. FIFA?

Por Federico Leiva, CNN en Español

El 19 de julio, Ferran Torres marcaba un gol agónico ante Argentina para darle a España el segundo título en el Mundial en toda su historia, cerrando lo que para muchos aficionados fue una “fiesta”, con miles de fans llegando a Canadá, Estados Unidos y México, buen fútbol, muchos goles, una final definida en tiempo extra y muchos millones de dólares en movimiento. De hecho, según la FIFA, fue la Copa del Mundo con más ingresos en los casi 100 años que lleva el torneo.

Sin embargo, menos de 20 días después, de la fiesta ya se habla poco. O, mejor dicho, nada.

La política del fútbol mundial es un huracán, y nadie sabe en dónde terminará cada uno de los actores que, estas dos últimas semanas, se han robado el protagonismo con planes discutidos debajo de la mesa, declaraciones incendiarias, un boicot y la sensación latente de que la polémica está lejos de terminar.

El intento del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, por vender una parte de los derechos comerciales y operativos del Mundial de fútbol chocó contra una pared a varios cientos de kilómetros por hora.

Las quejas más fuertes se escucharon desde Europa, donde, a pesar de algún atisbo de apoyo que llegó desde República Checa, las 55 federaciones unificaron su postura en contra de la propuesta. Más aún, anunciaron un boicot que este mismo jueves ratificaron, a pesar de las “disculpas” que figuraron en un comunicado de la FIFA a nombre de Infantino.

El descontento de la UEFA con el mandamás del fútbol no es nuevo, y se reavivó con el caso Balogun, el delantero estadunidense que pudo jugar ante Bélgica (miembro de la UEFA) en octavos de final del Mundial a pesar de ser expulsado en la instancia previa. Una llamada del presidente Donald Trump, y el hecho de que entre los posibles inversores del FIFA Forward Enterprise (FFE) figure Joshua Kushner —cuyo hermano, Jared, es yerno de Trump— no mejoró el humor de la confederación que dirige Aleksander Ceferin, quien, por caso, abandonó el Mundial tras la polémica y no presenció el título de España en la final.

Al rechazo europeo se sumó la Concacaf (más molesta por las formas que por el contenido de la propuesta) y, más tibiamente, la confederación asiática. Desde África y Oceanía, en tanto, se quedó en discutir la propuesta, finalmente desechada por la casa madre del fútbol.

La última en pronunciarse fue la Conmebol, que representa a casi toda Sudamérica, y que se decidió también por ese enfoque de diálogo y consultas, lejos de posturas marcadamente confrontativas con la FIFA o su presidente.

El órgano que conduce Alejandro Domínguez incluso se acercó más a la figura de Infantino este jueves, después de que la UEFA ratificó el boicot a los Mundiales bajo la premisa de que perdió la confianza en la conducción del suizo, en lo que se leyó casi como una invitación a renunciar.

Conmebol respondió con otro documento, donde dice que “celebra la decisión de la FIFA de retirar la propuesta de FIFA Forward Enterprise”, pero cuestiona con claridad los ataques contra Infantino, al recordar que en los primeros meses de 2027 están previstas las elecciones para presidente y que “no acompañará ninguna actuación o procedimiento que desconozca o se aparte de dichos mecanismos institucionales”.

Dicho de otro modo, apoya la permanencia de Infantino como presidente hasta que las elecciones digan lo contrario. Una postura distinta a la de UEFA.

Pero, ¿por qué Sudamérica parece estar más cerca de Infantino que de la UEFA en esta historia?

La explicación tiene fecha: 2030. El Mundial cumplirá entonces 100 años y se jugará en España, Portugal y Marruecos. Casi todo porque Argentina, Uruguay y Paraguay recibirán un partido cada uno en honor al centenario de Uruguay 1930. La Celeste y la Albiceleste fueron reconocidas por ser el campeón y subcampeón, respectivamente, de esa primera Copa del Mundo, mientras que en Paraguay está la sede de la Conmebol.

Para Sudamérica, la decisión se trató de un premio de consuelo, porque había presentado su propia candidatura conjunta para organizar todo el torneo en Uruguay, Argentina, Paraguay y Chile. Sin embargo, la propuesta no prosperó.

El cambio, tal como está decidido, el Mundial de 2030 resulta un atajo ideal para que la FIFA pueda volver a llevar el máximo torneo a una fuente de dinero como Medio Oriente, ya que el modelo rotativo que pregona para determinar los continentes sede de la Copa del Mundo estipulaba que debían pasar varias ediciones desde Qatar 2022 para regresar a la tierra de los “petrodólares”.

Después de Norteamérica 2026 llegará Europa/África/Sudamérica 2030, por lo que en 2034 retornará a Asia, concretamente a Arabia Saudita.

Sin embargo, en el último tiempo la Conmebol fue por más, y Domínguez anunció una propuesta para que el Mundial de 2030 tenga 64 participantes, 16 más de los que tuvo en Norteamérica. Con este formato, el plan es que Argentina, Paraguay y Uruguay no reciban solo un partido del torneo, sino que sean sede de un grupo completo cada uno.

Detrás de esa búsqueda hay, por supuesto, una parte económica en juego. Ser sede de un solo partido no es lo mismo que ser sede de seis encuentros de un mismo grupo. Noventa minutos no cambiarán demasiado la ecuación para Argentina, Uruguay o Paraguay más allá de la felicidad de tener un encuentro mundialista en casa.

Será una fiesta para los locales, pero el seleccionado que sea visitante no aportará demasiado. ¿Cuántos aficionados visitantes llegarán a Sudamérica si luego deben viajar a Europa y África para los otros partidos? Pocos, seguramente.

En cambio, recibir seis juegos implica turismo, lo que a su vez se traduce en ocupación hotelera y otros gastos que tiene cualquier persona que ingrese al territorio. Además, está el dinero que las federaciones reciben para reacondicionar sus estadios para un evento como el Mundial, patrocinadores, etc. Mucho dinero, a fin de cuentas.

La propuesta de Domínguez no halló demasiado eco a favor en otras confederaciones, al menos no de manera pública, y el propio presidente de la UEFA se pronunció en contra.

Desde la Concacaf —una de las más beneficiadas por la ampliación de cupos en 2026— también le habían puesto freno a la idea: “No creo que ampliar la Copa Mundial masculina a 64 equipos sea la decisión correcta para el torneo en sí, ni para el ecosistema futbolístico en general, desde las selecciones nacionales hasta las competiciones de clubes, las ligas y los jugadores”, dijo en abril Víctor Montagliani, el presidente de la Concacaf, en una entrevista con ESPN.

No obstante, tras el éxito de la primera Copa del Mundo de 48 selecciones, el propio Infantino pareció abrirle la puerta a esa posibilidad: “Sin duda, es un asunto que se examinará y debatirá en las comisiones pertinentes tras esta Copa del Mundo”, dijo al medio suizo Bluewin.

“Al organizar una Copa del Mundo, es importante hacerlo pensando en todo el planeta —no solo en Europa y Sudamérica—, sino realmente en el mundo entero. Todas las naciones deberían poder soñar con participar en el Mundial”, añadió.

Esa puerta que dejó abierta Infantino y que cerró Ceferin quizás sea el eje de la postura sudamericana. 2030 es el objetivo y la Conmebol —que por dentro también tiene divisiones, sobre todo con Brasil— sabe que el actual presidente de la FIFA está más de su lado que la UEFA.

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