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Perú tardó semanas en dar resultados; Colombia, dos horas. ¿Por qué la diferencia y qué dice de las elecciones en la región?

Por Mauricio Torres, CNN en Español

Perú realizó elecciones el 12 de abril pero los resultados con los nombres de quienes pasarían a la segunda vuelta que se llevará a cabo este domingo se conocieron cinco semanas después. Colombia tuvo comicios el 31 de mayo y fue solo cuestión de dos horas para que se supiera quiénes avanzarían al balotaje del próximo 21 de junio. ¿A qué se debe este contraste?

Analistas consultados por CNN dicen que esto se deriva de factores como las diferencias en el diseño de los procesos electorales de los dos países y diversos grados de desconfianza en las instituciones, al tiempo que señalan semejanzas en ambas contiendas y resaltan la importancia que estas tendrán en la conformación del mapa político de América Latina.

Un primer factor que explica los contrastes entre las elecciones de Perú y Colombia está en la manera en la que están organizadas, dijo Daniel Zovatto, director de Radar Latam 360.

En Perú, recordó Zovatto, el 12 de abril se votó para elegir presidente, senadores, diputados y representantes del Parlamento Andino. En cambio, los comicios del 31 de mayo en Colombia únicamente fueron presidenciales, puesto que las votaciones para renovar el Senado y la Cámara de Representantes ya se habían efectuado en marzo.

La concurrencia de varias elecciones en una sola jornada suele hacer más lento el conteo de votos, a lo que en el caso de Perú se sumó que en la primera vuelta hubo un récord de 35 candidatos a la presidencia. En Colombia hubo 13 candidaturas.

Además, en Perú se registraron problemas logísticos, que derivaron en retrasos en la entrega de material electoral y en la apertura de algunos centros de votación. Por estas razones, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) tomó la decisión extraordinaria de extender el horario de las mesas el domingo e incluso permitir que algunas se instalaran el lunes.

Todos estos incidentes, junto con las impugnaciones a numerosas actas, retrasaron el cómputo. Fue hasta el 15 de mayo que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) concluyó con el 100 % del conteo. Dos días después, el JNE proclamó a Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y a Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, como los candidatos que pasaron a la segunda vuelta y entre quienes se definirá a la persona que gobernará el país a partir del 28 de julio.

“En el caso de Perú, el proceso electoral de la primera vuelta fue muy complicado, con muchas denuncias, mucha judicialización. No ocurrió lo mismo en el caso de Colombia, donde el proceso estuvo bien organizado, fluyó bien y, a su vez, los datos fueron transmitidos con mucha celeridad”, dijo Zovatto.

Dentro de Colombia, desde la noche del 31 de mayo se supo que el candidato ultraderechista Abelardo de la Espriella y el oficialista Iván Cepeda avanzarían a la segunda vuelta, según los resultados preliminares que dio a conocer la Registraduría Nacional.

Lucas Martínez-Villalba, profesor del Tecnológico de Monterrey, añadió otro elemento para el análisis. De acuerdo con el académico, mientras las instituciones de Colombia han generado experiencia en materia de elecciones, las de Perú se han visto afectadas por la propia inestabilidad política que vive el país, donde ha habido ocho presidentes tan solo en los últimos 10 años.

“Me parece que, en el modelo de Perú, precisamente esa falta de estabilidad incluso presidencial da una cuestión a que las elecciones tengan que moverse también en una falta de institucionalidad, y eso ha puesto en aprietos a todo el sistema electoral, en el sentido de que se da con mucha frecuencia y se da en un ambiente demasiado desconfiado respecto de los resultados”, dijo.

Si bien ambas elecciones tuvieron diferencias —especialmente aquellas marcadas por el tiempo que tomó conocer los resultados—, también guardan semejanzas.

Una de ellas, dijo Zovatto, es que en las dos contiendas hubo denuncias de supuesto fraude. En Perú, la denuncia fue de Rafael López Aliaga, candidato derechista de Renovación Popular que quedó en el tercer lugar y quien disputaba con Roberto Sánchez el pase a la segunda vuelta. En Colombia, la denuncia fue del presidente Gustavo Petro, quien rechazó que Abelardo de la Espriella fuera el competidor más votado. Sin embargo, ni López Aliaga ni Petro presentaron pruebas de sus señalamientos.

Otra similitud, señaló el especialista, es que ambos comicios están “tremendamente polarizados” y en ellos se observa un claro fenómeno de “voto en contra”, ya sea en rechazo al legado del fallecido expresidente Alberto Fujimori, padre de Keiko Fujimori y quien gobernó Perú de 1990 al 2000, o de los postulados de Petro, quien el 7 de agosto concluirá su mandato en Colombia.

“En un caso es el voto antifujimorismo, aunque Fujimori no esté en el Gobierno, y en el otro es un voto antipetro, aunque Petro no esté en la boleta, pero es si hay continuidad o no con el proyecto de Petro, y en el otro es si hay un retorno o no del fujimorismo vía Keiko”, expuso Zovatto.

A estos elementos se suma una semejanza más: escenarios de gran incertidumbre en los que la segunda vuelta podría arrojar resultados cerrados.

De cara a la jornada de este domingo en Perú, Martínez-Villalba comentó: “Puedo anticipar que, por lo que pintan las encuestas, donde también hay un margen muy estrecho entre los dos candidatos, es muy probable que pase algo semejante, que se tarde en que haya un resultado oficial y lo más probable también es que, si el margen sigue siendo así de estrecho, quien no sea reconocido quiera impugnar esas elecciones”.

Y ese mismo panorama de conflicto, dijo el académico, también es de esperarse para el balotaje en Colombia.

Perú no es el único país de la región donde los resultados de elecciones recientes han demorado en darse a conocer. A finales de 2025, Honduras tardó casi un mes en que el Consejo Nacional Electoral (CNE) declarara al derechista Nasry Asfura como ganador de la contienda presidencial.

Martínez-Villalba consideró que casos como estos son ejemplos de la alta polarización que prevalece en los países de América Latina, que a su vez genera desconfianza de los actores políticos y sociales hacia las instituciones y hace que estas se tomen más tiempo para anunciar un resultado.

“Lo que realmente llama la atención es la desconfianza en las instituciones que estamos viendo en América Latina”, dijo el especialista. En este contexto de polarización, agregó, el bloque que pierda una elección “va necesariamente a desconocer esos resultados”.

“Eso se traduce en que las instituciones tendrán que hacer un esfuerzo mucho más prolijo para ver un resultado confiable. Les va a tomar tiempo, por supuesto. Esa es la realidad que vemos en Honduras y es muy probablemente la que veremos en Perú”, argumentó.

Zovatto, por su parte, enfatizó en la importancia del resultado que tendrán las elecciones en Perú y Colombia, así como las de Brasil que se realizarán en octubre, porque de ellas saldrá un nuevo equilibrio de fuerzas en la región, donde gobiernos encabezados por políticos derechistas —muchos de ellos afines a Estados Unidos— han ido ganando terreno en los últimos años.

“Son procesos electorales que en los próximos cuatro meses van a terminar de redefinir el mapa político regional latinoamericano, un mapa que está pivotando hacia la derecha”, señaló el especialista.

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