De promesa del liderazgo demócrata a su renuncia del Congreso: así fue el derrumbe político de Eric Swalwell
Por Sarah Ferris, CNN
Mientras un demócrata de California se preparaba para respaldar formalmente al representante Eric Swalwell como candidato a gobernador esta primavera, el legislador dudó. Había escuchado rumores de que el hombre casado, padre de tres hijos, tenía amoríos en Washington y le preocupaba apoyarlo públicamente en una contienda crucial.
Este miembro, que habló bajo condición de anonimato para expresarse con libertad, dejó claro que no había escuchado las ahora públicas acusaciones de agresión sexual criminal ni de relaciones con subordinadas en el Congreso, lo cual constituye una violación de las normas éticas de la Cámara.
Pero cuando preguntó sobre la supuesta infidelidad que los demócratas en el Capitolio describían ampliamente a CNN como un “secreto a voces”, algunos de los amigos cercanos de Swalwell le aseguraron que todos los rumores eran “solo cosas de antes de que se casara” y lo alentaron a respaldarlo. Esta persona no estaba sola: otros miembros también cuestionaron directamente a Swalwell y su equipo sobre qué ocurriría si su historial de mujeriego en Washington salía a la luz, solo para que su equipo restara importancia al asunto, confirmó otra fuente.
Semanas después, ese miembro de California, junto con casi dos docenas más, retiró abruptamente su respaldo cuando Swalwell enfrentó una avalancha de acusaciones de agresión sexual y conducta inapropiada publicadas por CNN y otros medios.
La caída de Swalwell fue rápida. En apenas 100 horas, pasó de ser uno de los favoritos en la carrera por liderar el estado más poblado del país a abandonar su escaño en la Cámara de Representantes en medio de su caída en desgracia. Su renuncia, efectiva el martes, puso fin a una carrera legislativa de 13 años, durante la cual ocupó posiciones relevantes dentro del partido y fue visto por algunos como parte de una nueva generación de liderazgo demócrata.
CNN contactó al abogado de Swalwell para este reportaje, pero no obtuvo respuesta. El congresista ha reiterado que luchará contra lo que calificó como “las graves y falsas acusaciones” en su contra.
Su salida tanto de la contienda por la gobernación como del Congreso fue resultado de una intensa y inusualmente rápida presión por parte de sus colegas demócratas, liderada notablemente por su antigua mentora, la expresidenta de la Cámara Nancy Pelosi. Este grupo de influyentes demócratas, entre ellos varias mujeres, decidió no solo romper de inmediato con Swalwell, sino presionarlo para que abandonara el Congreso de forma definitiva.
Y en un movimiento extraordinario, y políticamente estratégico, trabajaron para que Swalwell no fuera el único sancionado por graves acusaciones de conducta sexual inapropiada en el Capitolio. Una vez que el partido lo abandonó, buscaron un acuerdo bipartidista con colegas republicanos para que el mismo destino recayera sobre el representante republicano de Texas Tony Gonzales, quien admitió haber mantenido una relación sexual con una exempleada que posteriormente se suicidó.
El final de la carrera de Swalwell comenzó a vislumbrarse semanas antes, cuando menciones vagas sobre su presunta conducta inapropiada empezaron a circular en línea, impulsadas por conocidos creadores de contenido en TikTok, antes de que las víctimas hablaran públicamente.
Estos influencers insinuaban que varias mujeres afirmaban haber sido afectadas por la conducta de Swalwell, incluidas algunas que habían trabajado para él. Una de ellas, Cheyenne Hunt, abogada y exasesora del Congreso, dijo que buscó que rindiera cuentas “porque la primera víctima que se acercó a mí es una amiga cercana”, según publicó en X el 6 de abril, días antes del primer reportaje de CNN.
Pero, añadió, al conocer otros casos con “el mismo patrón de manipulación y abuso de poder, supe que no podía quedarme en silencio”.
Estas publicaciones comenzaron a circular en chats internos de la delegación de California, según una fuente. Sin embargo, ninguno de sus colegas había hablado aún públicamente.
Hasta el martes, Swalwell seguía adelante con su campaña a gobernador, incluso organizando un encuentro comunitario en Sacramento durante el receso legislativo.
Horas después de que su campaña intentara contrarrestar las versiones en redes sociales sobre nuevas acusaciones, Swalwell respondió preguntas del público sin que nadie mencionara el tema. Sin embargo, poco después se vio obligado a responder a la prensa, negando con firmeza las acusaciones y sugiriendo que surgían por la cercanía de las elecciones.
“Estamos a 27 días de que comiencen las elecciones”, dijo a los reporteros.
El alcance total de las acusaciones se conoció el viernes siguiente, cuando varias mujeres hablaron públicamente sobre abusos sexuales. En los días posteriores, surgieron más denuncias, incluida la de una mujer que afirmó que Swalwell la drogó y la violó en un hotel.
El abogado de Swalwell afirmó que “niega categórica e inequívocamente todas y cada una de las acusaciones de conducta sexual inapropiada y agresión sexual que se le han imputado”.
Dentro del Capitolio de los Estados Unidos, las acusaciones desataron una sensación de furia y aversión entre algunos altos cargos demócratas, incluida su mentora de toda la vida, Pelosi, quien fue tomada por sorpresa por las acusaciones, según varias personas familiarizadas con las discusiones internas.
No todos, sin embargo, reaccionaron igual. Decenas de legisladores y asesores dijeron que la reputación de mujeriego de Swalwell era conocida, aunque se creía que esas relaciones eran consensuadas. Varios reaccionaron a la decisión de Swalwell de postularse para gobernador con un gesto de incredulidad, en lugar de una preocupación real, tal como lo hicieron con su breve candidatura presidencial en 2020.
Pero al conocer las nuevas acusaciones, potencialmente delictivas, los principales demócratas de la Cámara de Representantes decidieron romper de inmediato con él.
Horas después de que el San Francisco Chronicle publicara el primer reportaje —seguido poco después por CNN—, el líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, sostuvo conversaciones privadas con sus dos principales adjuntos, los representantes Katherine Clark y Pete Aguilar. Ninguno de ellos tuvo contacto directo con Swalwell tras la publicación de los reportes, en apego a la estricta política de cero tolerancia del partido vigente desde el impulso del movimiento #MeToo en el Capitolio hace una década, según varias fuentes familiarizadas con las conversaciones. En su lugar, acordaron rápidamente firmar de manera conjunta un contundente comunicado en el que le pedían abandonar la contienda por la gobernación de California.
Luego, a medida que esos reportes contundentes se propagaban por las bandejas de entrada de los legisladores el viernes, fue Pelosi quien ayudó a poner un punto final definitivo a la carrera de Swalwell en Washington y Sacramento.
Swalwell había sido ferozmente leal a la veterana demócrata y era conocido como “uno de los chicos de Pelosi” entre legisladores y asesores durante su presidencia de la Cámara.
En sus cuatro décadas en la política, uno de los mantras más repetidos de Pelosi ha sido que “nada se resuelve por sí solo”. En este caso, mientras los demócratas de la Cámara enfrentaban una creciente tormenta política y la posibilidad de una humillante votación para expulsar a uno de los suyos, Pelosi decidió resolver personalmente la crisis de Swalwell. La exlíder de la Cámara, de 86 años, dijo que lo llamó por teléfono y lo instó a abandonar la política, una declaración pública inusual y sorprendente de una figura conocida por su discreción.
En las horas previas, Pelosi había recibido llamadas y mensajes de muchos de sus colegas demócratas de California, quienes querían saber si planeaba tomar medidas, según una persona cercana a ella. Sabían que Pelosi había sido la principal aliada de Swalwell tanto en el Capitolio como en su estado. (Varios demócratas afirmaron confiar en que Pelosi decía la verdad cuando aseguró que nunca había escuchado las acusaciones comprometedoras contra Swalwell).
Durante su liderazgo del partido, Pelosi lo nombró en comisiones influyentes, incluida la Comisión de Inteligencia de la Cámara. En uno de sus últimos actos como presidenta, lo convirtió en uno de los rostros del segundo juicio político contra el presidente Donald Trump tras el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.
“Le debe prácticamente todo lo que ha hecho aquí a Pelosi”, dijo un alto asesor demócrata sobre Swalwell. “Ella, en cierto modo, adoptó a Swalwell” dentro de su círculo político del norte de California, añadió otro asesor. “Lo veía como una estrella en ascenso”.
También lo defendió en un momento clave de su carrera: poco después de su llegada al Congreso, funcionarios estadounidenses investigaron a Swalwell por su vínculo con una presunta espía china que llevaba a cabo una operación encubierta para acercarse a políticos estadounidenses y recopilar información en Washington.
Pelosi y la dirigencia demócrata confrontaron a Swalwell en privado y de inmediato sobre esa relación y le indicaron que rompiera todo vínculo. Él aseguró que así lo hizo, nunca fue acusado de delito alguno y posteriormente fue exonerado por una investigación de la Comisión de Ética de la Cámara.
Más recientemente, líderes demócratas parecían respaldarlo cuando volvió a quedar en la mira del Gobierno de Trump y sus aliados, quienes buscaban perjudicar su campaña a la gobernación reactivando esas acusaciones. El FBI, a solicitud de la Casa Blanca, destinó recursos en semanas recientes para editar documentos de esa investigación y entregarlos al Gobierno, según personas familiarizadas con el tema.
Pero en lo que respecta a las acusaciones de conducta inapropiada, no hubo discusión ni intercambio entre los dos colegas de la misma alianza del norte de California dentro de las conocidas facciones de las “cinco familias” del estado.
Pelosi fue consultada la noche del lunes, durante un evento en la Universidad George Washington, sobre si había recomendado a Swalwell renunciar, pero no respondió directamente. En su lugar, dijo que dimitir fue “su decisión” y “lo correcto”.
Una vez que quedó claro que los principales demócratas, incluidos Jeffries y Pelosi, estaban abandonando al congresista, varios miembros de base comenzaron a movilizar un esfuerzo para expulsarlo de sus filas.
No se trataba solo de Swalwell. Desde distintos puntos del país, varias congresistas llamaron a sus colegas republicanos en la Cámara para asegurarse de que cualquier castigo aplicado a Swalwell fuera el mismo para Gonzales, el republicano de Texas que enfrenta su propia ola de acusaciones. Estas legisladoras de ambos partidos, encabezadas por las representantes Teresa Leger Fernández, demócrata de Nuevo México, y Anna Paulina Luna, republicana de Florida, alcanzaron en la práctica un acuerdo de rendición de cuentas en una Cámara estrechamente dividida: si el demócrata es castigado, el republicano también lo será.
En privado, incluso algunos líderes del partido participaron. Clark habló con líderes republicanos para impulsar una resolución de “expulsión por expulsión” en respuesta a la conducta de ambos legisladores, según una persona involucrada en las conversaciones. Luego, a medida que surgieron más acusaciones, la propuesta pasó a ser de “renuncia por renuncia”.
Un portavoz de la oficina del presidente de la Cámara, Mike Johnson, negó que hubiera coordinación entre ambos partidos a nivel de liderazgo sobre este asunto.
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Con información de Eric Bradner, Dana Bash, Evan Perez y Hannah Rabinowitz, de CNN.