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Tuvo que irse de Cuba para tratarse contra el cáncer. Su travesía por el continente es la de miles que llegaron a Uruguay

Por Darío Klein, CNN en Español

Mariela y su mamá leyeron en silencio en un hospital de La Habana la palabra que nadie quiere ver cuando se hace una biopsia: positivo. Ambas se realizaron juntas el análisis debido a unos nódulos que tenían en sus senos. Fue entonces que Mariela, de 45 años, tomó la decisión, aconsejada por su hermana médica: viajar a Uruguay.

“En Cuba iba a ser todo un problema: el transporte para poder ir al hospital, los medicamentos que son caros o no hay, no hay guantes, alcohol, sutura. Y yo creía que acá en Uruguay le iban a poder dar el tratamiento que necesitaba”, recuerda su hermana Aneidys, médica general. Tanto Mariela como Aneidys y todos los cubanos mencionados en este artículo pidieron ser citados sin más señas de su identificación, por temor a represalias por parte del Gobierno cubano.

Mariela dejó Cuba a fines de 2025, cuando la isla ya sufría apagones constantes y desabastecimiento, por años de falta de inversión en infraestructura y una economía de ingresos casi nulos y deteriorada como pocas veces en la historia. Hoy, Cuba vive una realidad incluso peor, luego de que el presidente Donald Trump, dispuesto a debilitar el gobierno de Miguel Díaz-Canel, ordenara un bloqueo a cualquier barco de petróleo que intentara entrar en la isla, sin importar su origen. El último carguero con crudo llegó al país, que importa la mayor parte de su petróleo, en la primera mitad de enero. Esta semana arribó un buque ruso con 730.000 barriles, que apenas servirán para sostener la matriz de energía de la isla por poco más de 10 días.

El caso de Mariela y Aneidys no es el único. Con las puertas de Estados Unidos entrecerradas a los cubanos por la política migratoria del Gobierno de Donald Trump, muchos exploran rutas más baratas y seguras para escapar de la isla, y la vía Guyana-Brasil-Uruguay se ha convertido en una de las más utilizadas en el correr de estos últimos meses. La llamada “travesía” se promociona en las redes sociales, con videos, grandes carteles y promociones, aunque la mayoría dice que confía más en el boca a boca, en las experiencias exitosas de los que los precedieron, para elegir al “coyote” que los traslade.

El camino de la travesía empieza en Guyana, a donde algunos llegan en avión y otros por mar, atravesando el Caribe; luego cruzan —por tierra y por la selva tropical— la frontera con Bonfim, en el estado brasileño de Roraima. Esas dos primeras etapas, narran los viajeros, son las difíciles y las que requieren de “coyotes” ilegales. Una vez en Brasil, “se termina el delito” y los cubanos ya pueden sacar pasajes y viajar legalmente, explica la consultora en migración Karla Mateluna, de la organización no gubernamental VMIA. Desde allí, algunos eligen el lugar de Brasil en el que quieren quedarse y otros, últimamente la mayoría, según los datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), deciden seguir hasta Uruguay.

Es un viaje que a los cubanos les suele costar entre US$ 1.000 y US$ 2.000, dependiendo de la ruta y el vehículo elegido.

“Allá en Cuba no hay nada”, dicen las dos hermanas cubanas a CNN desde la ciudad del Chuy, fronteriza con Brasil, donde viven ahora. Mariela llegó junto a su esposo y su hijo. Cuentan que la decisión de viajar fue rápida. “Allá querían que primero me operaran y luego se haría la quimio. Pero si luego no hay suero y medicamento, ¿para qué me iba a operar? Me iba a infectar”, explica.

Así que decidió emprender “la travesía”: el largo viaje desde Cuba a Uruguay, vía Guyana. De Cuba a Guyana —que no les pide visa a los cubanos— en avión; luego en auto hasta llegar a Brasil, por caminos de barro muy complicados, a través de la selva; un avión desde Boa Vista a Brasilia, otro avión a Río de Janeiro y de ahí a Porto Alegre. Finalmente, un taxi desde Porto Alegre hasta la frontera uruguaya más al este, el Chuy. Todo guiado por su hermana en Uruguay y pagado por su otro hermano que vive en Chile. “Tuve suerte, mucha suerte, y mucha ayuda de mis hermanos y familiares”, agradece.

Apenas llegó a la frontera uruguaya, cuenta, hizo el trámite de solicitud de refugio y viajó en seguida a Montevideo, donde le realizaron numerosos estudios, que confirmaron el carcinoma. Pocos días después, solo con el pasaporte cubano como documento legal, empezó su tratamiento semanal de quimioterapia en el hospital público del departamento uruguayo de Rocha. “La doctora y las enfermeras me han tratado muy bien”, dice, y explica que, aunque se siente “un poco cansada, algunos días con náuseas”, el tumor se viene reduciendo. “Estoy muy agradecida, muy complacida con el país, con Dios y con todos los que me están apoyando en esto”, dice.

Pero la alegría por su mejoría de salud no es total. Su mamá, de 65 años, está empeorando, con un cáncer más avanzado, y ella no pudo hacer la travesía a Uruguay. Sigue en Cuba, y “hoy, por ejemplo, no le pudieron poner el suero”, lamenta. “A ella le interrumpieron la quimioterapia, porque no había, y recién se la pudieron volver a dar días después, gracias a la ayuda de mi hija, que le mandó desde Estados Unidos”, aclara. “Y su situación es más grave que la mía, su carcinoma es un poco más severo que el mío, y en las condiciones que está Cuba le es más difícil que a mí”.

Mariela dice que tiene más miedo por su madre que el que tenía por ella misma. “Pero no tengo dinero para traerla y los que me ayudaron tampoco tienen dinero para ayudarla a ella”. Explica que cuando decidió irse la situación ya era muy mala en Cuba, pero era mejor que la actual, con apagones que se multiplican, carencia de alimentos y de medicamentos.

En 2025, Uruguay alcanzó un récord histórico de inmigrantes cubanos. Durante ese año entraron al país más de 22.000 ciudadanos cubanos y salieron unos 7.000, según los datos oficiales de la Dirección Nacional de Migraciones. Esto da un saldo migratorio de unos 15.000, el triple del año anterior. En un país de 3 millones y medio de habitantes eso significa un 0,4 % de población en solamente un año. Además, según publicó el diario El Observador, en 2025 Uruguay emitió 13.852 cédulas de identidad uruguayas a personas llegadas de Cuba, más que a ciudadanos de cualquier otra nacionalidad.

En 2026 la tendencia se mantiene. Según la ONG VMIA, entre enero y febrero unos 2.000 cubanos llegaron a territorio uruguayo, “y estamos viendo que esa cifra se va a incrementar en marzo y el resto del año”, por la difícil situación en Cuba y porque están viniendo muchas familias enteras, explica Karla Mateluna, quien trabaja en la frontera entre Uruguay y Brasil.

También en Brasil se triplicó en 2025 el saldo migratorio de cubanos (la cantidad que entra menos la que luego sale). Según el último informe de la Organización Internacional para las Migraciones, emitido en marzo de 2026 con datos de los primeros 11 meses de 2025, entre enero y noviembre de 2025 ese saldo fue de +6404 (+2172 en 2024).

Según la OIM, la ruta de la migración cubana se está trasladando desde Centroamérica hacia Sudamérica, y Brasil y Uruguay son los dos principales destinos. De acuerdo con esas estadísticas, en el pequeño Uruguay ha decidido permanecer más del doble de cubanos que en Brasil.

Maite, quien también pidió no dar su nombre real por temor a represalias, vive en Uruguay desde 2023, junto a su marido y sus dos hijos. Llegó, como casi todos, haciendo la travesía. “A nosotros no nos pasó nada malo, pero la parte del camino por la selva desde Guyana hasta Brasil es peligrosa”. Hay relatos de estafas, robos, problemas con las autoridades e incluso de haber visto cadáveres en el camino.

Por eso, muchos toman precauciones: llevar solo el efectivo necesario, esconderlo entre pantalones, bolsillos dobles o hasta dentro del papel higiénico y, por supuesto, contratar un “coyote” confiable. “Al coyote lo contratamos desde Cuba. Más que una persona era una especie de agencia, que se ocupó de todo: nos cruzaron por los caminos de la selva, nos consiguieron un hostel por dos o tres días del lado brasileño y nos ayudaron hasta en los trámites del aeropuerto, hasta para hacer el check-in”, recuerda.

Hoy, Maite trabaja haciendo limpieza y su marido como jardinero y en un supermercado “de voluntario”, es decir, llenando bolsas a cambio de una propina. Cuenta que no les sobra, pero tampoco les falta nada. Pero hasta hace unos meses sí le faltaba algo importante: sus padres. “A mis padres allá no les daba para nada. Yo soy hija única y la única que podía ayudarlos. No podía dejarlos tirados allá”, explica.

Verónica y José Carlos, de 80 y 82 años, llegaron a finales de 2025. En su caso lo hicieron de manera legal, en vuelo desde La Habana con escala en Panamá, con carta de invitación suya, algo que la ley uruguaya y cubana permiten. Para poder viajar, los dos octogenarios vendieron todo lo que tenían y lo que no pudieron vender simplemente lo abandonaron. Una vida entera a cambio de un pasaje.

Mientras los dos cuidan a sus nietos, Maite y su marido trabajan de sol a sol, para mantener a toda la familia. Pese a los sacrificios, Maite se considera afortunada de estar en el Sur. “Allí en Cuba es todo un asco, todo oscuro, las casas destruidas, sin corriente, comida ni agua”, dice. “Todo empeoró muchísimo” en los últimos meses, agrega. Tal como ha reportado CNN, la isla se viene “apagando” cada vez más en medio de la creciente presión de Estados Unidos.

Ahora, con toda su familia junta, Maite se siente completa y dice estar segura de algo: no quiere volver a la isla. “Sé que muchos extrañan y quieren volver. Yo no. No tengo nada allá. Todo lo que quiero está en este país”.

Roilán mueve en vaivén la rasuradora, mirando ese peinado como si fuera el lienzo de un cuadro. Es uno de los peluqueros de la barbería cubana Asere, en pleno centro de Montevideo. Roilán, que también era barbero en Cuba, llegó hace tres meses a Uruguay, “en la travesía larga”. “Muchos meses me llevó”, cuenta, y dice que le costó unos US$ 2.400.

Su viaje fue en etapas. Primero hasta Guyana en barco, donde permaneció varios meses trabajando en una empresa termoeléctrica, hasta que decidió seguir viaje: cruzó la frontera a Brasil y viajó durante nueve días en autobús hasta la ciudad uruguaya de Rivera, en la frontera noreste. Allí hizo los trámites para solicitar el estatus de refugiado y de ahí viajó a Montevideo, también en autobús.

Los tiempos varían según la ruta y el transporte. Algunos cubanos viajan por aire, otros por tierra, parando, otros van viendo, otros se quedan, otros ya están decididos a seguir viaje. Pero el trayecto y la dirección siempre es similar. En el caso de Roilán, viajó solo y está solo en Montevideo, aunque en seguida encontró amigos y trabajo en la barbería.

Consultado sobre el motivo por el que eligió Uruguay, Rolián responde: “Porque te reciben y, bueno, eso es muy importante para nosotros los inmigrantes: un país donde te abran las puertas, te reciban y tú puedas avanzar”. Algo similar responden todos los cubanos en Uruguay entrevistados por CNN.

Karla Mateluna, experta en inmigración de VMIA, explica que Uruguay es el único país que tiene una garantía de acceso a derechos en general y tiene, además, una cohesión institucional para el trabajo con población inmigrante. “Entonces, resulta seguro para inmigrantes que la están pasando mal, ya sea por temas políticos, religiosos, de orientación sexual o por crisis como la que está pasando la población en Cuba”, detalla.

Mientras cuida a su hermana al día siguiente de la sesión de quimioterapia, Aneidys responde a la misma pregunta: “Porque acá se puede vivir mejor, y tenemos libre expresión, el país nos abre las puertas, nos da documentos en más o menos un mes, se puede trabajar y salir adelante. No es fácil, pero se puede”.

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