Funcionarios de Trump reconocen que no pueden prometer reabrir el estrecho de Ormuz antes de terminar la guerra con Irán
Por Alayna Treene, Kevin Liptak y Jennifer Hansler, CNN
El presidente Donald Trump y su Gobierno creen cada vez más que no pueden prometer reabrir el estrecho de Ormuz como requisito previo para declarar “misión cumplida” en la guerra con Irán, según fuentes familiarizadas con las conversaciones.
Dentro de la Casa Blanca, muchos altos funcionarios reconocen que reabrir el cuello de botella petrolero controlado por Teherán es un objetivo crucial, no solo para poner fin a la guerra, sino también para bajar los disparados precios del petróleo y la gasolina, que rápidamente se perfilan como un flanco vulnerable para los republicanos de cara a las elecciones intermedias de noviembre.
Pero, mientras se enfrentan al plazo autoimpuesto por Trump de cuatro a seis semanas para terminar la guerra, altos funcionarios han reconocido en privado que no pueden lograr sus objetivos militares con rapidez y, al mismo tiempo, garantizar la reapertura del estrecho dentro del mismo calendario, de acuerdo con las fuentes. Funcionarios y miembros de la comunidad de inteligencia estiman que podría tomar semanas —si no meses— devolver el estrecho a plena operatividad. Por esa vía marítima suele pasar alrededor del 20 % del suministro mundial de petróleo.
En cambio, Trump ha dicho públicamente —y también a asesores y aliados en privado— que otros países deben asumir parte, si no la mayor parte, de la carga. Ha argumentado que, como muchas naciones europeas dependen más del estrecho para su abastecimiento de petróleo, también deben ayudar a ponerlo de nuevo en funcionamiento.
“Reúnan un poco de valor, vayan al estrecho y simplemente TÓMENLO. Tendrán que empezar a aprender a luchar por ustedes mismos; EE.UU. ya no estará ahí para ayudarlos, igual que ustedes no estuvieron ahí para nosotros”, escribió Trump en Truth Social este martes por la mañana, señalando al Reino Unido.
Trump ha presionado durante semanas a los aliados de Estados Unidos para que envíen sus propios buques y capacidades navales al estrecho para escoltar a los petroleros. Se ha frustrado cada vez más porque, hasta ahora, ninguno ha aceptado intervenir mientras la guerra sigue en curso. Mientras tanto, la percepción entre muchos líderes extranjeros es que Trump busca trasladarles un problema creado por él mismo una vez que decida que la guerra ha terminado, según funcionarios familiarizados con ese sentir.
Los líderes europeos, a quienes no se consultó antes de los ataques de Estados Unidos contra Irán, han sido cautelosos a la hora de involucrarse en el conflicto mientras continúa. Varios países se han sumado a declaraciones en las que prometen cooperar para patrullar el estrecho en el futuro, pero no han fijado plazos sobre cuándo podría comenzar eso.
Trump ha sostenido que cree que será más fácil reabrir el estrecho una vez que terminen las hostilidades con Irán. Él y la Casa Blanca también han minimizado las preocupaciones sobre los posibles efectos a largo plazo de la guerra en los precios de la gasolina, que este martes alcanzaron un promedio nacional de US$ 4,02 por galón por primera vez desde 2022.
“Bajarán cuando nos vayamos, cuando se acabe”, dijo Trump a CBS News en una entrevista telefónica este martes.
En un comunicado a CNN, Leavitt volvió a restar importancia al alza de precios, al describirla como un problema temporal: “Cuando la Operación Epic Fury concluya, los precios de la gasolina caerán de nuevo a los mínimos de varios años que disfrutaron los conductores estadounidenses antes de estas interrupciones de corto plazo”.
La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, enumeró en un comunicado a CNN varias medidas que el Gobierno ha tomado para aliviar el impacto de los altos costos del petróleo, entre ellas levantar algunas sanciones al petróleo ruso, ofrecer seguros para los petroleros en el estrecho y coordinar la liberación de 400 millones de barriles de petróleo. Dijo que el Gobierno “está y estaba preparado para cualquier posible acción del régimen terrorista iraní”.
“El presidente está seguro de que el estrecho se abrirá muy pronto, y nuestras Fuerzas Armadas siguen degradando de manera constante la capacidad de Irán para aterrorizar a los buques mercantes”, añadió Kelly.
Muchas personas dentro del Gobierno de Trump reconocen que reabrir el estrecho es fundamental y, con ese fin, siguen trabajando estrechamente con los aliados de Estados Unidos, según fuentes familiarizadas con las conversaciones. Una persona cercana al presidente sostuvo que la agresiva retórica pública de Trump hacia las naciones europeas no solo refleja lo que realmente piensa del tema, sino que también es una buena estrategia de comunicación.
“Tiene razón cuando dice que no es solo un problema de Estados Unidos. Pero también es buena política y, francamente, buena comunicación presentar esto como un asunto compartido, y uno que requiere que otros países den un paso al frente para solucionarlo”, dijo esa persona.
Altos funcionarios estadounidenses han reforzado ese mensaje en los últimos días.
“Este asunto del estrecho de Ormuz —para el cual hemos establecido las condiciones para el éxito y nos aseguraremos de que Irán lo sepa con total claridad— no es un problema exclusivo de Estados Unidos”, dijo el secretario de Defensa, Pete Hegseth, durante una rueda de prensa en el Pentágono este martes por la mañana. “Hemos estado dispuestos a liderar; el presidente Trump ha liderado todo el tiempo. Pero no somos solo nosotros”.
“Así que, en última instancia, creo que otros países deberían prestar atención”, añadió. “Quizá quieran empezar a aprender a luchar por ustedes mismos”.
El secretario de Estado, Marco Rubio, ha sostenido que Estados Unidos todavía quiere formar una coalición internacional para vigilar el estrecho, pero reconoció que es un objetivo de más largo plazo.
Rubio habló del asunto con sus homólogos del G7 en Francia el viernes pasado y dijo que muchos entendían la necesidad de un grupo así.
“Estamos trabajando duro para que eso suceda”, aseguró.
En declaraciones tras la reunión ministerial, Rubio afirmó que el Gobierno “siempre” había considerado una coalición aliada para reabrir el estrecho como “una necesidad posterior al conflicto”, pese a que los países aliados no fueron avisados antes de que comenzaran los ataques y a la presión de Trump para obtener ayuda inmediata en el estrecho.
Rubio también ha indicado repetidamente que Estados Unidos desempeñaría solo un papel de apoyo en esa coalición. El viernes dijo que Estados Unidos estaba “preparado para ser parte de ese plan. No tenemos que liderar ese plan”.
“Pero estos países tienen mucho en juego —no solo los del G7; también países en Asia y en todo el mundo— y deberían contribuir de manera importante a ese esfuerzo para garantizar que ni el estrecho de Ormuz ni, francamente, ninguna vía navegable internacional, sea algo que pueda ser controlado o sometido a peajes por un Estado o por un gobierno terrorista como el que existe hoy en Irán, su régimen clerical radical”, añadió Rubio.
Mientras tanto, a medida que Estados Unidos busca potencialmente ceder el liderazgo en la reapertura de esta vía marítima crucial, China y Pakistán —este último actúa como un negociador clave entre Estados Unidos e Irán— han presentado su propio plan de cinco puntos para “restaurar la paz y la estabilidad” en Medio Oriente.
El plan incluye un punto sobre el estrecho.
“China y Pakistán instan a las partes a proteger la seguridad de los barcos y de los miembros de la tripulación varados en el estrecho de Ormuz, permitir el paso temprano y seguro de los barcos civiles y comerciales, y restablecer el tránsito normal por el estrecho lo antes posible”, señaló su declaración conjunta de este martes.
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