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Trump le pidió a América Latina que use a los militares para combatir al narco. Eso tiene más de un riesgo

Por Sol Amaya, CNN en Español

La Hidra de Lerna era un monstruo acuático con cuerpo de serpiente y numerosas cabezas. Su poder –casi— indestructible radicaba en dos fortalezas. Por un lado, su aliento venenoso, que causaba la muerte inmediata a quien lo respirara. Por otro lado, cada vez que alguien cortaba una de sus tantas cabezas, dos nuevas se generaban.

Como en el mito griego, en la realidad del crimen organizado de América Latina los operativos que apuntan a “cortar cabezas” de los carteles, como el que acabó con la vida del líder del CJNG en México, tienen un límite para acabar con el “monstruo”: por cada capo narco que cae, hay varios dispuestos a sucederlo.

La estrategia actual, sin embargo, corre por un camino paralelo a ese dato. Este sábado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió en Florida a una decena de líderes de América Latina que participaron en su denominada Cumbre Escudo de las Américas. Allí se acordó la conformación de una “coalición militar” contra el crimen organizado. No estaban invitados a este evento los mandatarios de Colombia ni México, dos países que enfrentan a los carteles desde hace décadas y que están atravesados por buena parte de las rutas del narcotráfico.

Para entender a qué “monstruo” se enfrenta la región, primero hay que hablar de algunos datos concretos.

Sucesión y fragmentación

Analistas consultados por CNN coinciden en que descabezar organizaciones criminales difícilmente ponga fin al problema del tráfico de drogas. Siempre hay varios candidatos para reemplazar al líder caído. Por otra parte, las peleas por sucederlo suelen crear fragmentaciones y luchas violentas por el liderazgo. Eso complica la posibilidad de respuesta del Estado.

“Ahí donde hay muchos grupos que se disputan territorio, se disputan negocios, ahí la violencia se exacerba y se van generando estas unidades autónomas. Esto es lo más peligroso”, explica Marcelo Bergman, sociólogo y experto en criminalidad. “Estos grupos terminan peleándose entre ellos, llevando a cabo ejecuciones, extorsionando, creando pánico en las sociedades”.

Esto no solo se observa con los carteles en México, sino también en organizaciones criminales de varios países de la región. “Un caso muy notorio es el de Ecuador, donde varias bandas se disputan por control de rutas, aparentemente para traficar la cocaína que sale de Colombia y entra a Ecuador para después salir por el Pacífico hacia México y luego hacia Estados Unidos”, explica Bergman.

En el último año, Ecuador ha vivido una creciente violencia. La ONG Armed Conflict Location & Event Data (ACLED, por sus siglas en inglés) lo ubica entre los diez países más violentos del mundo, con gran parte de su población expuesta a la amenaza del crimen organizado. Apenas un ejemplo de esta situación fue el reciente hallazgo de cinco cabezas humanas colgadas en la playa de Puerto López, en la provincia de Manabí.

Pero Ecuador no está solo en este infame ranking. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) con apenas el 9% de la población mundial, América Latina y el Caribe son escenario de casi un tercio de los homicidios globales y un 40% de esas muertes están relacionadas al crimen organizado y las pandillas.

Diversificación y uso de la tecnología

Según un informe de la organización sin fines de lucro Global Initiative Against Transnational Organized Crime (GI-TOC), si bien el tráfico de drogas, fundamentalmente de cocaína, es el negocio más grande del crimen organizado en América Latina, los grupos se han diversificado e incursionado en la minería ilegal de oro, la trata de personas, la extorsión y el lavado de dinero.

Si volvemos al caso de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “el Mencho”, vemos un claro ejemplo de esta diversificación: bajo su mando, el CJNG había ramificado sus negocios hacia la minería, el cultivo de aguacates e incluso la hotelería.

La tecnología ha profundizado también esa diversificación, así como también la capacidad de respuesta de las organizaciones criminales. “La tendencia al uso de la tecnología está facilitando la acción criminal. Los drones son perfecto ejemplo de esto. El uso de la inteligencia artificial para los ciberataques, que están muy en boga y que además se correlacionan con la trata de personas”, dice Felipe Botero Escobar, director de la Oficina Regional Andina de GI-TOC.

Otro ejemplo: el uso de las redes sociales por parte de los carteles para reclutar jóvenes.

Las fronteras se desdibujan

Botero Escobar destaca que muchos grupos criminales de la región están subcontratando y trabajando con otras agrupaciones para la provisión de servicios específicos. “Están saliendo de sus fronteras y están operando cada vez más en otros países. Lo cual hace mucho más difícil su disrupción o su desmantelamiento”, señala el experto. Además, esto permite traficar a través de complejas redes globales, en connivencia con actores internacionales.

El informe de GI-TOC señala que mafias balcánicas, grupos armados colombianos y cárteles mexicanos han formado alianzas con bandas locales. Otro ejemplo son dos organizaciones criminales de Brasil, el PCC y el CV, que han extendido sus negocios hacia Perú y Bolivia, sumando nuevos espacios para el cultivo de coca y expandiendo las rutas de tráfico.

El mismo estudio señala que, cuando las fronteras son porosas, los grupos criminales reemplazan al Estado en el control de la zona. “Por ejemplo, la frontera entre Colombia y Ecuador, que se extiende aproximadamente 586 kilómetros, es conocida por su permeabilidad debido a la existencia de más de 70 pasos fronterizos irregulares. Estos pasos permiten a las bandas criminales y a los grupos armados ilegales participar en diversas actividades ilícitas”, dice GI-TOC.

En el prolífico currículum del Mencho figura un cargo de policía. Así es: el fallecido líder del CJNG fue policía en Jalisco en la década del 90. Y esto no fue antes de entrar en la carrera criminal: para cuando asumió ese trabajo, ya había sido condenado en EE.UU. por conspiración para distribuir heroína en California.

Ejemplos como este abundan en la región. “El tipo de actor criminal más prevalente son los actores integrados al Estado. ¿Qué quiere decir esto? Son los actores que operan dentro de las instituciones estatales y que facilitan o permiten o posibilitan la existencia del crimen organizado”, explica Botero Escobar. “Entonces también hay una dinámica fuerte de corrupción en nuestra región que ha facilitado este crecimiento y esta expansión del crimen organizado”.

Todos los informes y especialistas consultados coinciden en un punto crucial: las cárceles de América Latina se han convertido, en su gran mayoría, en centros de creación de grupos criminales. Como ejemplos se pueden mencionar el Tren de Aragua, la banda criminal más poderosa de Venezuela, cuya base originalmente estuvo en la cárcel del Tocorón; el Comando Vermelho (CV) y el Primeiro Comando da Capital (PCC) de Brasil, también originados en las prisiones, y Los Choneros y Los Lobos de Ecuador. Todos estos grupos se fundaron o se fortalecieron dentro del sistema penitenciario e incluso gestionan sus negocios tras las rejas.

Como consecuencia, la región ha protagonizado numerosas masacres y disturbios carcelarios, como los ocurridos en Ecuador, Brasil, Perú y Venezuela. “Las cárceles han jugado y siguen jugando un rol importante en la consolidación de grupos. Es un problema de una complejidad mayúscula, poco atendida, porque hemos encarcelado, yo diría desmesuradamente”, explica Bergman.

El informe de GI-TOC detalla que, con excepción de Suriname, todos los países de América Latina tienen sobrepoblación carcelaria. “Esto nos habla un poco de una imposibilidad del Estado de controlar sus sistemas carcelarios. Y, ante este vacío, son los grupos criminales quienes están controlando y utilizando las cárceles como un mecanismo de reclutamiento y de operación protegido”, coincide Botero Escobar que señala nuevamente a Ecuador como ejemplo de este escenario. Allí se dieron numerosos episodios recientes de muertes multitudinarias, en general ligados a la violencia, aunque también a consecuencia del hacinamiento y la crisis sanitaria en las prisiones del país.

Países de América Latina que usualmente no entran en los rankings de la violencia criminal podrían considerarse excepciones. Sin embargo, el informe de GI-TOC pone una señal de alerta para el Cono Sur. “Si bien los indicadores son generalmente favorables, con Uruguay destacándose por su alta resiliencia y bajos niveles de criminalidad, tanto Chile como Argentina se acercan al umbral de alta criminalidad, a pesar de mostrar valores intermedios. Esta tendencia genera preocupación sobre su posible deterioro futuro”, dice el estudio.

Estos países, usualmente considerados seguros, ven un reciente aumento de la violencia vinculada al crimen organizado, sobre todo por la fragmentación de agrupaciones que comienzan a ganar territorio en zonas o barrios. Un ejemplo de esto es la ciudad de Rosario, en Argentina, la más violenta del país y con una alta tasa de homicidio en general relacionada a grupos de narcomenudeo.

Tampoco queda fuera de esta escena la una vez llamada “Suiza” de Centroamérica, Costa Rica, que en los últimos años ha comenzado a consolidarse como una ruta clave para el narcotráfico.

El panorama regional no es muy auspiciante. GI-TOC señala que cambios geopolíticos como el aumento de la influencia china, el retiro del apoyo de EE.UU. (como por ejemplo en Colombia), los vacíos regulatorios, la precariedad económica y el endurecimiento de políticas migratorias se suman para complejizar aún más el contexto ya descripto.

Pero no todo está perdido contra esta Hidra de mil cabezas. “Hay muchísimo foco en cómo fortalecemos las policías, los militares. Sin embargo, no estamos poniendo la atención en uno de los principales componentes: cómo combatimos la corrupción que está facilitando el surgimiento de estos grupos criminales”, dice Botero Escobar, y sugiere poner el esfuerzo en reducir la presencia de actores criminales integrados al Estado y al sistema judicial. “Claramente el problema es muy complejo y no tiene una solución única”.

Y no solo es sacar a los actores criminales del Estado, sino también fortalecer la presencia del Estado en sectores muy vulnerables. A lo largo de toda la región se han visto ejemplos de cómo grupos criminales ocupan el vacío que deja el Estado, repartiendo bolsas de ayuda a damnificados de eventos climáticos u ofreciendo “trabajo” en sectores en los que no hay acceso al mercado laboral formal.

Otro punto que el especialista de GI-TOC considera fundamental para reducir el crimen es el control eficiente de las fronteras. Además, algo fundamental a la hora de definir qué medidas tomar: contar con datos claros. La medición y la investigación del funcionamiento del crimen en cada país permite diseñar políticas apropiadas.

“Hay otro tema que identificamos a nivel global que es muy relevante en nuestra región y es el rol del contrabando. Según nuestras mediciones, donde hay alto contrabando, normalmente hay medias altas de otros mercados criminales. ¿Esto por qué es importante? Porque el contrabando se vuelve una muy buena forma de completar o de cerrar estos ecosistemas criminales”, explica Botero Escobar.

Bergman, el sociólogo experto en criminalidad, marca otro punto que suele estar ausente en las propuestas de lucha contra el crimen organizado: reducir la demanda. “Yo me remito a los últimos 50 años de historia. ¿Cuánto hemos hecho como sociedad, cuánto hemos invertido en la persecución y en la reducción de la oferta de drogas? Y, sin embargo, las drogas siguen, la producción sigue creciendo, el consumo sigue creciendo”, señala. Y agrega: “Si el negocio es rentable, es muy difícil desarticularlo”.

Martín Castillo Quintana, profesor del Harris School of Public Policy de la Universidad de Chicago y experto en crimen organizado sostiene que para hablar de éxito contra el crimen organizado primero hay que definir qué consideraría una sociedad que es un triunfo. “Quizás hay algunos países que se enfocan más en contener las externalidades negativas, mientras estos se expanden a otros mercados ilegales, se expanden a la extorsión, se expanden al robo de recursos naturales, el robo de gasolina, el robo de oro”, dice Castillo Quintana.

Entonces, el objetivo a corto plazo puede ser reducir la violencia y, en algunos casos, esto puede llegar a lograrse. Pero no necesariamente pone fin a la actividad criminal. “Uno de los casos extremos es el PCC en San Pablo. Hablamos de una de las ciudades más exitosas económicamente de Latinoamérica. Tiene tasas de homicidio que están incluso por debajo de las de Estados Unidos. Y entonces cuando uno mira los números pareciera ser que el estado paulista ha resuelto el problema del crimen organizado”, ejemplifica Castillo Quintana.

“Pero claro, cuando uno empieza a ver más detalle, el PCC ha crecido a tal nivel que ya se ha infiltrado en las élites económicas y financieras de San Pablo. Controlan obviamente todo el sistema penitenciario, que de hecho el origen del PCC viene de ahí. Incluso en la última elección del estado había un candidato que se sabía abiertamente que tenía algún nivel de conexión con el PCC”, detalla el especialista.

Esto no significa, aclara, que la reducción de la violencia no sea un efecto beneficioso para la sociedad. Pero lo que hay que mirar también es el largo plazo. “Consolidar la capacidad estatal, tener instituciones que disciplinen a los políticos en poder para que implementen políticas de acuerdo a lo que los ciudadanos quieren y así lograr un círculo virtuoso” son algunas de las medidas que sugiere Castillo Quintana. “Pero el tema es que eso toma tiempo y para eso se necesitan gobiernos que sean pacientes”.

En el mito griego, es Hércules quien logra ponerle fin a la Hidra. Pero no lo hace solo, sino con la ayuda de su sobrino, Yolao, quien tiene la idea de cauterizar las heridas de cada cabeza que el héroe corta para evitar que nazcan nuevas. La última cabeza de la bestia es enterrada bajo una roca. De vuelta a la realidad, muchos países de América Latina aún esperan soluciones que, como el método de Yolao, ayuden a cauterizar las heridas y poner fin a la expansión del crimen organizado. ¿Podrán lograrlo?

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