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Manual de plantas medicinales: qué son, cómo se usan y qué amenazas enfrenta este tesoro de la Tierra

Por CNN Español

En peligro de extinción es una expresión que evoca formas muy concretas: la vaquita marina del golfo de México, el tigre de Sumatra, el rinoceronte de Java. Sin embargo, los tentáculos largos de la pérdida de hábitats, el cambio climático y otras amenazas se extienden a miles de especies, entre ellas algunas que forman parte de un tesoro a menudo olvidado del que depende de nuestra salud: las plantas medicinales.

¿En qué piensas cuando te hablan de plantas medicinales? ¿El aroma del té con jengibre, limón, menta y canela que te tomas abajo de la frazada para paliar un resfrío molesto? ¿El gusto de una manzanilla cuando te duele la panza? ¿La sensación del aloe vera calmando la piel tras una quemadura del sol? Son eso y mucho más. ¿Pero cuánto más? En el mundo se cosechan entre 50.000 y 70.000 especies de plantas medicinales y aromáticas, según la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (conocida como CITES por sus siglas en inglés), plantas que son clave para los sistemas de salud tanto tradicionales como modernos.

Y muchas de ellas enfrentan los riesgos crecientes de la pérdida de hábitat, la sobreexplotación y el comercio ilegal y el cambio climático que ya han hecho estragos en la biodiversidad.

Si crees que el uso de las plantas medicinales se remonta a la época de tu tataratatarabuela, estás equivocado. ¿A la época de la Biblia? También. Hay que mirar milenios más atrás. La evidencia del uso de plantas para la salud data de hace 60.000 años, tal como explica esta revisión de la medicina árabe herbal publicada en la Librería Nacional de Medicina de EE.UU. En el suelo de un yacimiento funerario de esa época ubicado en una cueva del norte de Iraq —que fue descubierto en la década de 1960— se hallaron cantidades extraordinarias de polen de ocho especies alrededor de huesos humanos. De esas ocho especies, siete eran de plantas medicinales que aún hoy se usan. No hay ninguna duda: las plantas medicinales son la forma más antigua de medicación.

Desde entonces los remedios con base en plantas se desarrollaron a lo largo y ancho del planeta, desde la medicina tradicional china hasta la ayurvédica, pasando por la árabe y la occidental.

Adoptaron inicialmente la forma de tés, jarabes, infusiones, ungüentos y polvos. El desarrollo de la química y de la medicina moderna llevó su uso a un nuevo nivel: las sustancias activas de miles de especies fueron aisladas para usarlas en medicamentos hechos en los laboratorios. Hoy, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), cerca del 25% de los medicamentos modernos se derivan de plantas.

En ocasiones, una cifra dice más que mil palabras. ¿Entonces cuatro? Aquí, algunos números que ayudan a dimensionar la importancia de las plantas medicinales que reconocemos intuitivamente pero que podemos llegar a olvidar en un mundo cada vez más inundado de pastillas envasadas cuyos ingredientes no nos detenemos a mirar.

70 % – 95 %: en los países en desarrollo, los cuidados de salud primarios de entre el 70 % y el 95 % de la población dependen de la medicina tradicional, según la Organización Mundial de la Salud.

20 %: más del 20 % de las especies de plantas medicinales y aromáticas que se usan a nivel mundial están consideradas en peligro de extinción en la lista roja de IUCN, que evalúa el estado de miles de especies de flora y fauna, reporta CITES.

US$ 83.000 millones: las plantas medicinales y aromáticas mueven fortunas en la economía. El mercado de la medicina tradicional china, por ejemplo, fue de US$ 83.000 millones en 2012. El mercado europeo de medicinas y suplementos herbales, por su parte, está calculado en un valor de US$ 7.400 millones por año, según datos de la organización.

2,4 %: se trata, además, de un mercado creciente. Según CITES, entre 2001 y 2014 el volumen de las exportaciones de material vegetal creció en promedio un 2,4 % anual y el valor en un 9,2 %. Estas cifran muestran que en poco más de una década, desde 1999, el comercio mundial de plantas medicinales y aromáticas se ha más que triplicado.

La lista de plantas medicinales y sus beneficios tiende al infinito. A continuación, un repaso de algunas de las más populares que, tal como explica la Universidad de Rochester, han demostrado ser seguras y eficaces si se utilizan correctamente.

Pero cualquier listado sobre el tema debe ir con una salvedad: natural no necesariamente quiere decir seguro, y las medicinas naturales pueden tener efectos secundarios e interactuar de manera diferente con cada organismo, por eso los expertos siempre recomiendan la consulta con el médico.

Dicho eso, el recuento que probablemente encuentres en el recetario de muchas abuelas.

La manzanilla, que se puede beber en té o aplicar con compresas, se usa para promover la relajación, curar heridas, reducir inflamaciones.

La equinácea se usa para prevenir resfriados e infecciones, y para la cicatrización de heridas.

El ajo, un clásico de la cocina, tiene beneficios comprobados en el combate a los gérmenes, la protección del corazón y la reducción de inflamaciones.

El jengibre puede aliviar náuseas y además es un antioxidante potente.

El extracto de la hoja del ginkgo se usa para tratar el asma, la bronquitis, la fatiga y el tinnitus.

El ginseng también es muy popular, aunque según la Universidad de Rochester aún no se han confirmado sus beneficios, entre los que podrían contarse el aumento de la energía y el deseo sexual y una ayuda al equilibrio del cuerpo.

La valeriana es utilizada para los problemas de sueño y ansiedad, mientras que la hierba de San Juan podría colaborar en la lucha contra la depresión leve a moderada.

Las plantas medicinales no están ajenas a los embates del cambio climático, por supuesto, que puede desencadenar cambios en la disponibilidad, seguridad y eficacia de medicinas en las que los humanos hemos confiado desde el inicio de los tiempos.

El año pasado se publicó en Frontiers in Pharmacology una revisión de 219 estudios sobre el tema que abordaron la suerte de un total de más de 300 especies. Las conclusiones son reveladoras.

Como sucede con infinitas especies de flora y fauna, el cambio climático provoca una pérdida de hábitats adecuados para su desarrollo. Esto ya sucede y podría ampliarse en el futuro. Pero además de pérdida hay redistribución: se prevé que muchas especies se desplacen a altitudes y latitudes más altas, y estos cambios en la distribución pueden afectar la disponibilidad y eventualmente perturbar las cadenas de valor farmacéuticos.

Pero además el cambio climático puede alterar la composición de las plantas —por ejemplo la producción de metabolitos bioactivos y compuestos marcadores—, afectando sus posibles riesgos y beneficios. “El cambio climático altera la composición fitoquímica de las plantas medicinales, lo que podría afectar la seguridad, la eficacia y la dosificación de las medicinas herbales y sus productos farmacéuticos derivados. Por ejemplo, las temperaturas elevadas y los niveles elevados de CO2 pueden aumentar la biomasa, pero reducir las concentraciones de compuestos específicos, como flavonoides y fenólicos, lo que compromete la calidad medicinal”, explica el estudio.

Estos impactos, por supuesto, pueden impactar en la industria farmacéutica y también en la medicina tradicional. Los expertos citan un caso de la región del Himalaya: allí, investigadores identificaron 15 plantas medicinales de alto valor que los curanderos usan habitualmente. Sin embargo, los cambios han hecho que la disponibilidad y eficiencia de algunas disminuya y, como resultado, recurren cada vez más a especies sustitutas que podrían ser entre un 10 % y un 40 % menos eficaces.

Hasta aquí, además, hablamos solo de la salud de los humanos. Y hay que hablar también de la salud de los ecosistemas. Así lo resume el estudio: “Las funciones ecológicas que desempeñan estas plantas, desde la estabilización del suelo hasta el apoyo a los polinizadores, implican que su pérdida podría desestabilizar ecosistemas enteros”.

Y ni que hablar de la cultura. Las plantas tradicionales tienen un valor espiritual y patrimonial profundo para ciertas comunidades, recuerdan los investigadores, y las alteraciones en los cultivos podrían “erosionar tradiciones transmitidas de generación en generación”.

Ante este panorama desolador no estamos completamente indefensos. El abanico de acciones de conservación que pueden proteger a las plantas medicinales es vasto: los proyectos de preservación y restauración de ecosistemas pueden asegurar la supervivencia de las plantas nativas medicinales que crecen en cada lugar. Los proyectos que ayudan a conservar o recuperar las especies de polinizadores promueven la resiliencia de los ecosistemas y la reproducción de las plantas. Las iniciativas que frenan a las especies invasoras protegen a las nativas. Y a eso se suman los programas que reconocen y promueven que las comunidades locales gestionen de manera sostenible los territorios que habitan, transmitiendo conocimientos ancestrales como el uso de las plantas medicinales. La batalla no está perdida.

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