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Argentina y Estados Unidos firman un acuerdo para promover el comercio y las inversiones. ¿Qué implica?

Por Emiliano Giménez

Se había anunciado el 13 de noviembre de 2025, unos días después de que el presidente Javier Milei consiguiera un triunfo en los comicios legislativos de octubre. En ese contexto, ambos países comunicaron haber llegado a un entendimiento en materia comercial, en medio de la batería de medidas del Tesoro de Estados Unidos para rescatar a la economía argentina, sacudida por las turbulencias del año electoral.

Casi tres meses después, los gobiernos finalmente firmaron ese acuerdo. Del lado argentino, el ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Pablo Quirno, mientras que, por Estados Unidos, el aval fue de su Representante de Comercio, Jamieson Lee Greer, que manifestó su satisfacción por este nuevo paso en la relación bilateral: “El acuerdo reduce barreras comerciales de larga data y brinda un acceso significativo al mercado para los exportadores estadounidenses, que abarca desde vehículos automotores hasta una amplia variedad de productos agrícolas. Agradezco al ministro argentino, Pablo Quirno, por su compromiso con el logro de una asociación más sólida y equilibrada”.

El Gobierno de Argentina dijo por su parte que este pacto facilita el comercio de bienes y servicios, moderniza los procedimientos aduaneros y promueve la inversión en sectores estratégicos como la energía, los minerales críticos, la infraestructura y la tecnología.

“Nosotros tenemos como lema la apertura al comercio con Estados Unidos. Confiamos en que nos lleve a un futuro de crecimiento, mayor bienestar, mayor relevancia para la Argentina en el plano global y otro sinfín de beneficios en el futuro”, agregó este viernes el jefe de Gabinete de ministros, Manuel Adorni.

Más allá de las declaraciones de intención y los objetivos planteados, el núcleo del documento se encuentra en los aranceles. Argentina otorgará acceso preferencial y reducción o eliminación de barreras arancelarias a productos procedentes de Estados Unidos como maquinaria, medicamentos, químicos, tecnología, dispositivos médicos, automóviles y productos agrícolas. En este último mercado es en el que Argentina tiene las mejores posibilidades. El acuerdo implica trabajar en la eliminación de barreras no arancelarias para el comercio agroalimentario bilateral y una ampliación significativa del acceso de la carne bovina argentina al mercado estadounidense. Pero también los exportadores de ese país serán beneficiarios de una simplificación de trámites para la venta de carne vacuna y porcina.

Así presentado, este intercambio supone una mayor inserción de bienes de capital y consumo de Estados Unidos en el aparato productivo argentino y algunas posibilidades de incrementar el comercio de productos primarios argentinos (sin tanto valor agregado) en el mercado de la primera potencia mundial. Todo esto entendido en el marco de dos economías que suelen ser competidoras y no complementarias en diferentes sectores.

Con respecto a las inversiones, Estados Unidos está interesado en conseguir recursos estratégicos. El acuerdo supone el desarrollo de áreas de minerales críticos tales como cobre y litio, entre otros. Habrá apoyo a las cadenas de valor y cooperación técnica, a través de inversiones directas o a través de financiamiento estadounidense. Argentina se compromete a que las reglas de este mercado sean justas para las firmas de la contraparte.

El capítulo de la protección de la propiedad intelectual sostiene que Argentina seguirá mejorando la aplicación de la ley contra bienes falsificados y piratas, para alinear su régimen en la materia con estándares internacionales.

El país también aceptará que los productos importados de Estados Unidos sean sometidos a estándares de ese mismo país o internacionales, sin requisitos adicionales ni regulaciones gravosas. Es decir, para los fabricantes será más fácil ingresar al mercado argentino.

Argentina reconocerá a Estados Unidos como una jurisdicción adecuada bajo la ley local para la transferencia transfronteriza de datos, incluidos los personales, al mismo tiempo que acuerda no imponer aranceles a transmisiones electrónicas ni impuestos a servicios digitales.

En materia de seguridad económica, ambas naciones acuerdan trabajar en la lucha contra prácticas comerciales desleales de terceros países y la prohibición de la importación de bienes producidos mediante trabajo forzoso u obligatorio, para proteger los derechos laborales reconocidos internacionalmente.

Por último, Argentina observará las acciones necesarias para evitar posibles distorsiones de empresas estatales o subsidios industriales que puedan alterar la relación comercial bilateral.

El vínculo con Estados Unidos se ha vuelto estratégico para la Argentina. El alineamiento del presidente Javier Milei con Donald Trump casi no tiene fisuras, más allá de sus diferencias programáticas en materia económica. Como se dijo, este entendimiento comercial llegó a la salida de una crisis del Gobierno argentino, jaqueado por un proceso electoral en el obtuvo victorias y derrotas.

Para Estados Unidos, el acuerdo refuerza su estrategia de mantener una fuerte presencia en América Latina, una señal geopolítica buscando aliados ante el avance de China en la región. Y aquí surge una contradicción: Milei ha seguido a Trump como a su amigo más fiel, pero no ha podido hasta hoy darle buenas noticias con respecto a su relación con el gigante asiático. Según el último reporte de intercambio comercial argentino, con datos de diciembre, China se convirtió en el primer socio comercial del país y terminó segundo en el acumulado del año, detrás de Brasil. Además, para Argentina la relación comercial con China se convirtió en la de mayor crecimiento durante el año pasado, todos indicios de que el vínculo sigue siendo vigoroso, más allá de los intereses de Trump.

Mientras tanto, el convenio firmado ayer no será activado de inmediato. Antes de eso, las dos cámaras del Congreso de Argentina deberán aprobarlo. Una vez que eso suceda, y que en Estados Unidos se cumplan también los trámites necesarios en ese sentido, se abrirá un plazo de dos meses para su implementación definitiva, según surge del documento firmado por ambos países.

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