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El progreso hacia la paz en Ucrania era poco probable antes de la declaración de Trump en Davos. Ahora parece casi imposible

Análisis de Nick Paton Walsh, CNN

Una vez que se disipan la retórica altisonante y las actitudes beligerantes, Europa enfrenta la guerra de hoy, no una hipotética guerra futura que probablemente no ocurra.

La insistencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que no tomará Groenlandia por la fuerza, y su anuncio de un repentino “marco de acuerdo”, deberían disipar los temores de que una invasión y ocupación estadounidense a gran escala es inminente. Pero el daño que este episodio de ataques a Europa y avaricia colonial abierta ha causado es real y duradero.

Se tenían esperanzas de que Davos reuniría a Trump con los principales líderes de Europa y al presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, en torno a un acuerdo de “prosperidad” de US$ 800.000 millones para una Ucrania en tiempos de paz, y que cimente las garantías de seguridad estadounidense para Kyiv. No fue así. En un discurso extenso y poco enfocado que duró más de una hora, Trump mencionó tanto a Zelensky como al presidente de Francia, Emmanuel Macron, como si estuvieran presentes en la audiencia, cuando en realidad ambos se habían ausentado, al considerar que era poco probable lograr avances significativos hacia la paz.

¿Es más inquietante que Trump pensara que Macron estaba sentado frente a él cuando se burló de su acento y de sus gafas, o que el hombre que lo llama “querido Donald” se hubiera marchado de regreso a París tras una semana de tensiones?

¿El equipo de Trump no le informó que Macron y Zelensky no asistieron a su discurso, o él lo olvidó?

Ahora estas son algunas de las menores inquietudes que rondan las horas siguientes en Davos.

Zelensky tendrá que salir corriendo desde Kyiv si quiere llegar a la reunión del jueves: un largo trayecto en tren seguido de un breve vuelo desde el sur de Polonia, un viaje que un líder en tiempos de guerra con una crisis energética y un blanco en la cabeza no debería tener que apresurar.

Lo que espera a Zelensky a su llegada es aún más preocupante: un presidente de EE.UU. hostil e impredecible que parece trivializar y destrozar a los aliados más antiguos de su país, burlarse de sus líderes, y luego encontrar que todavía le sobra desprecio para los molinos de viento. Trump repitió su afirmación de que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, quería un acuerdo sobre Ucrania —pese a que hay poca evidencia pública que lo respalde— y que Zelensky también. Steve Witkoff, enviado especial del presidente para el conflicto, tiene previsto reunirse nuevamente con Putin el jueves, posiblemente después de un encuentro entre Trump y Zelensky en Davos. Los acontecimientos recientes reducen aún más la ya escasa posibilidad de lograr un verdadero acuerdo de paz.

En los últimos meses, Zelensky ha visto la necesidad de mantener el proceso de paz impulsar el actual conjunto de borradores, mostrando que Ucrania es dócil, dispuesta y ansiosa por lograr resultados para Witkoff. La última versión del acuerdo —presentada a finales de diciembre— dejó algunos temas clave sin resolver, lo que sugiere que cualquier paz dejaría las líneas del frente tal como están, con alguna (relativamente pequeña) concesión territorial o intercambio sometido a referéndum en Ucrania. Partes del Donbás bajo control ucraniano podrían convertirse en “zonas económicas especiales”. Dejando de lado estas espinas territoriales, Zelensky ha dicho que una propuesta de tripartición de la central nuclear de Zaporiyia entre EE.UU., Rusia y Ucrania sigue siendo un gran escollo.

Cualquier avance en Davos se daría en el contexto de una semana de Trump minando la soberanía europea y la alianza transatlántica, por más pronto que esto pareciera repentinamente resuelto a última hora de este miércoles. En el ruidoso mundo empresarial de Nueva York, con simples abogados a tu lado, puedes pedir mucho con la esperanza de obtener un poco. En la geopolítica, no puedes, especialmente cuando tu grandilocuencia está respaldada por el Ejército más poderoso de la historia. ¿Trump no espera que lo tomen en serio? ¿Se enoja cuando no lo hacen? ¿O vacila cada hora entre ambas posturas?

Sin embargo, el caos puede funcionar en ambos sentidos. Los acuerdos que Trump busca en Ucrania requieren que Kyiv confíe en que sus concesiones no la dejarán expuesta en los próximos meses. De igual modo, Europa necesita sentir que su dependencia de Washington como mediador y garante de seguridad juega a su favor. Sus opciones sin Estados Unidos son sombrías y onerosas. Pero Ucrania sobrevivió a los horrores del año pasado, y sus líneas del frente no se derrumbaron. Muchos de los líderes europeos no se reunieron con Trump en Davos. La tolerancia de Europa no es infinita, como ha logrado demostrar Trump. Del mismo modo, el mandato de Trump no es ilimitado, y las elecciones de mitad de mandato podrían frenar la ola de omnipotencia desenfrenada de la Casa Blanca.

El Estados Unidos de Trump necesita aliados. Actualmente, amenaza a gran parte del hemisferio occidental con acciones militares, mientras se burla de Europa por sus críticas y debilidad. Moscú, hasta ahora, rechaza sus peticiones de paz en torno a Ucrania. China e India mantienen una especie de distancia. “Hacer a Estados Unidos grande otra vez” no es lo mismo que “Hacer a Estados Unidos grande, pero solo”.

El progreso hacia un acuerdo sobre Ucrania sigue siendo posible en Davos. Podría fácilmente dejar al descubierto la intransigencia de Moscú, cuando Putin —como la mayoría espera— considere que la propuesta presentada ante él no satisface sus exigencias maximalistas. Pero la alianza en torno a Ucrania ha atravesado quizás su semana más peligrosa desde la invasión, tras haber visto cómo el hombre más poderoso del mundo parecía perder el rumbo durante siete días, tramando una toma de Groenlandia de beneficio económico y estratégico mínimo.

Putin, como mínimo, tomará nota de la incoherencia moral de Trump, su política inconsistente y su satisfacción al maltratar aliados. Sí, Trump podría actuar con la misma temeridad respecto a su enfoque hacia Moscú. Pero es probable que el Kremlin vea oportunidad, más que amenaza, en la nube de polvo que deja tras de sí este presidente.

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