Se mudó de California a Suecia en busca de una nueva aventura, pero no estaba preparada para tanta tranquilidad
Por Tamara Hardingham-Gill, CNN
Hay pocas cosas que Arabella Carey Adolfsson disfrute más que pescar cerca de su casa a orillas del lago en Suecia durante el verano, o sacar su cámara y fotografiar la belleza natural que la rodea.
Ella y su esposo Stefan, de nacionalidad sueca, a menudo salen en su barco desde Torpön, la isla donde viven, a las aguas del lago Sommen, disfrutando de las pintorescas vistas de los campos, bosques y acantilados circundantes.
“Es precioso aquí”, le cuenta Adolfsson, nacida y criada en San Diego, a CNN Travel. “Suecia es hermosa. El lago es hermoso. El aire es puro. No hay tráfico”.
Desde que se mudó a Escandinavia, en 2022, después de pasar gran parte de su vida en California, ha llegado a apreciar el ritmo de tener cuatro estaciones bien definidas, aunque admite que los inviernos suecos “pueden ser bastante duros”.
También hay otros placeres. Adolfsson dice que disfruta estar cerca del resto de Europa. La pareja a veces conduce hasta Copenhague y luego vuela a Portugal, o conduce hasta Estocolmo, a cuatro horas de distancia, desde donde pueden “tomar un avión a Letonia o Hungría”.
Sin embargo, casi tres años después de la mudanza, Adolfsson dice que adaptarse a la vida en Suecia ha tenido un costo que no había previsto del todo.
Ella y su esposo, que se conocieron y se casaron en 2009, habían imaginado durante mucho tiempo dividir su tiempo entre Suecia, México y California. Stefan y Adolfsson, de ascendencia mexicana, tienen tres hijos y tres nietos en común.
Intentaron vivir juntos en Suecia por primera vez en 2016, mudándose a la ciudad sureña de Lund, cerca de Malmö, pero después de dos años y medio, Adolfsson regresó a Estados Unidos, con nostalgia de su hogar.
Decidieron intentarlo de nuevo después de lo que ella describe como un momento fortuito en agosto de 2022, cuando encontró un anuncio en línea de una “hermosa” casa amueblada a orillas del lago en Torpön. En un mes, habían comprado la propiedad y en octubre ya se habían mudado.
Solo después de llegar a Torpön, Adolfsson se dio cuenta de que su nueva casa estaba “en medio de la nada”. La isla, pequeña y escasamente poblada, se encuentra a al menos media hora en coche de lo que ella llama “la civilización”.
A pesar de haber vivido antes en Suecia, mudarse a una zona tan remota del país supuso un choque cultural para Adolfsson. Pueden pasar días sin que vea a nadie más que a su marido.
“Soy una persona a la que le encanta la gente y que se nutre de la compañía de los demás”, comentó. En Torpön, añadió, los residentes tienden a ser reservados. Hacer amigos ha sido difícil.
En San Diego, Adolfsson estaba rodeada de su numerosa familia. La ausencia de esa comunidad ha sido uno de los cambios más difíciles para ella.
“Me arrebataron una parte muy importante de mi vida”, dice. “Y todavía no he descubierto con qué reemplazarla”. Sin embargo, está agradecida de que su hermana viva en Alemania, que está en la misma zona horaria que Suecia.
Reconoce que la vida sería diferente en una ciudad, en lugar de en una isla sin transporte público y con un solo restaurante.
Torpön bulle de actividad en verano —kayak, paddle surf, paseos en barco—, pero los inviernos son largos y tranquilos, la isla está prácticamente desierta.
Adolfsson y Stefan, quien trabaja como profesor sustituto, planifican cuidadosamente sus viajes para hacer la compra en el continente, abasteciéndose antes de refugiarse en casa. Cuando hay 30 centímetros de nieve en la puerta, “se acurrucan en casa, comen y beben”.
Adaptarse, ha aprendido, requiere un reseteo mental. “Se trata de reprogramar la mentalidad a la que estabas acostumbrada”, dice, “y adoptar una nueva perspectiva”.
El “nuevo programa” de Adolfsson consiste en viajar por Europa tanto como pueda. Ha viajado a Eslovenia, Letonia, Portugal, Alemania y Mallorca desde que se mudó a Suecia, creando collages con sus fotografías para familiares y amigos y escribiendo un libro infantil inspirado en sus nietos.
“Esto me permite tener tiempo para ser creativa”, dice.
Las videollamadas la mantienen en contacto con su familia y amigos en Estados Unidos. Adolfsson valora mucho las llamadas dominicales y cuenta cómo su nieto de tres años “abraza el teléfono” antes de despedirse. “Gracias a Dios por las tecnologías que tenemos ahora, que nos permiten ser expatriados y mantenernos conectados”, dice.
El idioma ha sido otro obstáculo. Aunque ya sabía algo de sueco antes de mudarse, Adolfsson no lo hablaba con fluidez. Las clases le han ayudado a comunicarse mejor, pero su dominio limitado del idioma resultó ser una barrera para integrarse con los suecos. La reserva que percibe en la cultura sueca también le ha exigido algunos ajustes.
“Soy hispana, y somos muy efusivos”, dice. “Los suecos son más reservados. Así que no hay muchos abrazos ni besos”.
Hay muchas ventajas. Su nueva vida puede ser mucho más tranquila que la que dejó en San Diego, pero Arabella Carey, que trabaja a distancia, dice que hay una clara “falta de estrés”, algo que agradece.
El costo de vida también es más favorable. “Todo es más barato” en Suecia en comparación con California, dice Adolfsson, especialmente la vivienda. El agua en su casa es gratis “porque proviene del lago”.
La atención médica en Suecia es mucho menos costosa que en Estados Unidos, dice. Cuando pasó cinco días en el hospital después de una caída hace unos años, se sorprendió al recibir una factura total de menos de US$ 100.
Si bien ha llegado a apreciar muchos aspectos de la vida sueca, la gastronomía no es uno de ellos. Echa de menos el fácil acceso a buena comida mexicana y dice que encontrar “una tortilla decente” ha resultado difícil. Y, habiendo llegado a apreciar las “cosas buenas de la vida” con la edad, se encuentra en desacuerdo con la cultura sueca, a la que considera “sencilla”.
Echa de menos la comodidad de algunos aspectos de la vida en Estados Unidos, y subraya que “Suecia no es un país práctico”. Le desconcierta lo que describe como la cultura del “hágalo usted mismo”, que le parece “muy admirable, pero demasiado complicada para mí”.
Mirando hacia atrás, Arabella Carey cree que la mudanza habría sido más fácil y sencilla a una edad más temprana. “El cambio se vuelve más difícil con la edad”, observa.
Le gustaría haber comprendido mejor las técnicas y los comportamientos necesarios para explorar, integrarse y adaptarse con facilidad a un nuevo lugar antes de irse de Estados Unidos, y cree que estas habilidades se están volviendo indispensables a medida que el mundo se globaliza.
Por ahora, planea quedarse en Suecia, viajando a San Diego cada pocos meses y con la esperanza de regresar definitivamente algún día, si logra convencer a su marido.
Su consejo para quienes estén considerando una mudanza similar en la edad adulta es que se aseguren de tener un vínculo con el lugar y que comprendan que llevará tiempo.
“Habrá momentos de soledad”, añade. “Y habrá días difíciles en los que desearán estar en casa. Pero también crearán recuerdos maravillosos”.
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