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2026 es un punto de inflexión en la historia que definirá el segundo mandato y el legado de Trump

Análisis de Stephen Collinson, CNN

2026 será un año decisivo para el posicionamiento político del presidente Donald Trump y para el contenido y el legado final de su segundo mandato.

El nuevo año también se desarrollará como una historia de resistencia a Trump.

Los demócratas esperan frenar su presidencia imperial ganando al menos una de las cámaras del Congreso en las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Los próximos meses también pondrán a prueba hasta qué punto la Constitución y centros de poder como los tribunales, el sector empresarial, los medios de comunicación y las instituciones culturales pueden soportar su afán de poder.

Desde sus primeras horas tras el regreso a la Casa Blanca el año pasado, Trump administró un tratamiento de choque sin precedentes a los sistemas estadounidenses e internacionales.

Destruyó agencias como la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional; despidió a miles de trabajadores federales; utilizó a fiscales del Gobierno contra sus enemigos; y se burló de la justicia con indultos para participantes de la insurreción el 6 de enero. Demolió el ala este de la Casa Blanca simplemente porque podía hacerlo.

Trump envió agentes enmascarados a ciudades estadounidenses para capturar a migrantes indocumentados (a veces por error) y transportó a algunos a una prisión en El Salvador. Ordenó el despliegue de la Guardia Nacional en las ciudades y recortó los fondos para enfermedades mortales como el cáncer para presionar a las universidades de la Ivy League a seguir su línea ideológica. Su secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., busca modificar los calendarios de vacunación infantil, a pesar de que Estados Unidos ha registrado la tasa más alta de casos de sarampión en 30 años.

Sin embargo, para los simpatizantes de Trump, este crescendo de disrupción representa una racha ganadora que está sacudiendo al país. Trump también presume de nuevos recortes fiscales como una gran victoria, aunque algunos analistas sostienen que los estadounidenses pagarán más por el aumento de costos derivado de los aranceles de lo que recibirán del Servicio de Impuestos Internos (IRS). Y pese a que la Casa Blanca asegura que está defendiendo a los trabajadores, los recortes fiscales benefician principalmente a los estadounidenses más ricos. Pero Trump también cumplió su promesa de cerrar los pasos fronterizos para migrantes en la frontera sur, una preocupación clave de los votantes en 2024.

En el extranjero, Trump trastornó el sistema comercial mundial con una guerra arancelaria. Despreció a sus aliados, idolatró a tiranos y exigió que Canadá se convirtiera en el estado número 51. Anhela Groenlandia, mientras que la diplomacia de la fuerza naval estadounidense frente a las costas de Venezuela también pone de manifiesto su afán de dominio en el hemisferio occidental.

No hay señales de que en 2026 vuelva la normalidad. El mes pasado, en Pensilvania, Trump prometió que la tormenta está lejos de disiparse. “Nos quedan tres años y dos meses. ¿Y saben lo que eso significa en el tiempo de Trump? Tres años y dos meses se llaman eternidad”.

Que Trump logre consolidar de manera permanente muchos de los cambios de su intenso primer año de vuelta al cargo en la vida estadounidense dependerá de los acontecimientos importantes que se produzcan en 2026.

Se espera que la Corte Suprema se pronuncie sobre si los aranceles recíprocos de Trump son constitucionales, después de que los jueces se mostraran escépticos durante una audiencia celebrada en noviembre. Una derrota sumiría en el caos su política comercial y podría limitar su uso de los poderes de emergencia de una manera que podría definir la propia presidencia.

Trump también ha pedido al alto tribunal que elimine la ciudadanía por nacimiento, otro gran salto constitucional para reforzar su ofensiva de deportaciones. El caso podría generar incertidumbre sobre el estatus de potencialmente millones de personas nacidas en Estados Unidos.

Los tribunales volverán a ser la principal restricción interna para Trump durante la mayor parte de 2026. El sitio web Just Security actualmente sigue 552 casos, de los cuales 153 han dado lugar a bloqueos permanentes o temporales de la acción gubernamental. Otros 28 están pendientes de apelación. La administración ha registrado victorias en 113 casos, y 214 siguen pendientes de resolución.

El sello distintivo del segundo mandato de Trump es el uso rápido y amplio del poder ejecutivo para superar la resistencia y crear una sensación de poder inevitable y abrumador.

Pero es posible que en 2026 no todo salga como él quiere.

Al comenzar el año, surgieron señales de que, pese a su espectáculo que desafía la realidad, se están activando las dinámicas que suelen convertir presidencias que inician con una avalancha de decisiones en monumentos erosionados por la arrogancia y el exceso de poder.

La popularidad de Trump ha caído a los niveles más bajos de su segundo mandato y actualmente se sitúa en solo el 38 %, según el promedio de encuestas de CNN. Los legisladores republicanos se apresuran a retirarse, por temor a una derrota demócrata en las elecciones de mitad de mandato. El público ha llegado a la conclusión de que Trump ha incumplido sus promesas electorales de bajar los precios. Y, tras diez años, su movimiento de extrema derecha muestra fracturas, incluso sobre si un simpatizante de Adolf Hitler tiene cabida en él. Disidentes del movimiento MAGA, como la representante de Georgia Marjorie Taylor Greene, acusan a Trump de traicionar el lema “Estados Unidos primero” con su política exterior.

Puede que Trump sea inigualable como cruzado contra el “Estado profundo”. Pero ahora representa un statu quo cada vez más desgastado. Este año, tendrá que cumplir una misión en la que fracasó en su primer mandato: reconstruir su capital político en el cargo. El próximo año puede decidir si un presidente que ha desafiado todas las normas logra frenar la fuga de autoridad que convierte a los mandatarios de segundo periodo en figuras irrelevantes.

La gente parece ahora menos asustada de Trump después de un año en el que los serviles oligarcas tecnológicos se arrodillaron ante él y los principales bufetes de abogados cedieron a su presión. Una revuelta republicana sin precedentes llevó al Congreso a exigir la publicación de los archivos de Jeffrey Epstein, reavivando una intrigante y perjudicial historia sobre la antigua amistad de Trump con traficante sexual. Los legisladores locales del Partido Republicano en Indiana frustraron el intento de Trump de manipular el mapa congresional de su estado para impulsar las esperanzas del Partido Republicano en las elecciones de mitad de mandato. Los votantes aprovecharon su primera gran oportunidad de evaluar su presidencia eligiendo gobernadores demócratas en New Jersey y Virginia. Y Trump se vio obligado a retroceder en un tema clave tras un reproche de la Corte Suprema, al anunciar en la víspera de Año Nuevo la retirada de tropas de la Guardia Nacional de Los Ángeles, Portland y Chicago.

Un triunfo demócrata en las elecciones de mitad de mandato supondría un régimen devastador de investigaciones para Trump en los últimos años de su mandato. Pero él no está ayudando en absoluto a los republicanos en el Capitolio. Su falta de interés les está privando de nuevas leyes con las que competir. Prefiere gobernar por decreto que legislar, tras aprobar su“gran y hermoso proyecto de ley”. “No necesitamos nada más del Congreso”, dijo el presidente en Tokio en octubre.

Pero Trump podría estar ya preparando un desastre político para Año Nuevo. La expiración de los subsidios mejorados de la Ley de Atención Médica Asequible (ACA, por sus siglas en inglés) ha supuesto para millones de votantes un enorme aumento de los precios de los planes de seguro. Su promesa de una mejor asistencia sanitaria a precios más baratos es ahora tan ilusoria como lo fue en su primer mandato. Y Trump hunde aún más a sus aliados republicanos cada vez que califica la crisis de la asequibilidad de engaño.

El destino político de Trump estará ligado a la economía en 2026. Un repunte de la inflación o una aceleración del desempleo podrían dejar al Partido Republicano sin margen en las elecciones de mitad de mandato. Mientras tanto, la creciente obsesión del presidente por proyectos vanidosos, como su nuevo salón de baile de la Casa Blanca, y su creciente costumbre de poner su nombre en todo lo que le llama la atención refuerzan la caricatura de un rey sol inestable en un palacio dorado. Lo mismo ocurrió con su discurso de fin de año en horario de máxima audiencia, en el que arremetió contra los votantes que no reconocen la “época dorada de Estados Unidos”.

Trump cumplirá 80 años en junio, por lo que su salud será observada de cerca, especialmente después de que pareciera dormitar en actos de la Casa Blanca, de que le hayan aparecido moretones en el dorso de sus manos y le haya costado explicar por qué se sometió a una resonancia magnética. El presidente declaró al Wall Street Journal en una entrevista publicada el jueves que se había sometido a una tomografía computarizada y no a una resonancia magnética, como había afirmado anteriormente. El médico de Trump declaró al Journal que la tomografía se realizó para descartar cualquier problema cardiovascular y no reveló ninguna anomalía. Trump y sus asesores afirman que se encuentra en excelente estado físico.

Trump, una de las figuras políticas más influyentes de la era moderna, ha desafiado reiteradamente las predicciones sobre su declive. Es difícil imaginar quién más podría haber hecho el mayor regreso político de la historia reciente en 2024, lastrado por problemas legales que amenazaban con enviarlo a prisión. El presidente esperará que el aumento del crecimiento del PIB a finales de año y la disminución de la inflación sean un presagio y no el ruido estadístico que algunos analistas atribuyeron al cierre del Gobierno. El crecimiento prolongado y la creación de empleo podrían atenuar la crisis de asequibilidad y dar un impulso político a los republicanos. Si se cumplen las predicciones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de que los recortes fiscales y la desregulación desencadenarán un auge, Trump desafiará a sus detractores. E incluso un rechazo de la Corte Suprema a los aranceles podría ser un rayo de esperanza si decide revertirlos y reducir precios para reactivar la confianza del consumidor.

Trump siempre busca un contrincante. Y ha tenido suerte con sus enemigos. Puede que sea impopular, pero las encuestas muestran que el público también está desesperado con los demócratas, que a menudo no logran conectar con la gente común. Las campañas republicanas para las elecciones de mitad de mandato recordarán a los votantes los flujos migratorios descontrolados y la inflación más alta en 40 años de la administración Biden. Aun así, el incipiente proceso hacia la elección presidencial de 2028 podría afinar el mensaje demócrata y presentar líderes más jóvenes con nuevas ideas.

Un torbellino permanente de caos, venganza y un aroma de corrupción rodea a un presidente que no pestañeó cuando Qatar le regaló un jet privado y que espera tributos y premios interminables de los líderes extranjeros.

Pero a algunos seguidores de Trump les encanta que insulte las convenciones de su cargo y ofenda a los liberales, a los comentaristas de los medios de comunicación y al decoro. Algunos ven el caos, las amenazas, la ira en las redes sociales y la vulgaridad como prueba del éxito de Trump. No todos lo juzgan por métricas tradicionales como encuestas, crecimiento económico o unidad nacional. Es tan influyente culturalmente como políticamente.

Un año exitoso en política exterior podría añadir un peso genuino a su legado.

Necesitará suerte y habilidad para llevar a cabo sus grandes apuestas en política exterior. Pero si Trump puede pasar a la segunda fase de su plan de paz para Gaza, consolidaría el alto el fuego entre Israel y Hamas que fue un triunfo en 2025. Si desafía la sangrienta intransigencia de su amigo, el presidente Vladimir Putin, y pone fin a la guerra en Ucrania, podría incluso merecer el Premio Nobel de la Paz que tanto ansía.

Pero su creciente enfrentamiento con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y los aparentemente ilegales ataques estadounidenses contra presuntos narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico podrían socavar su candidatura. También podrían hacerlo sus amenazas de nuevos ataques estadounidenses contra los programas nucleares y de misiles balísticos de Irán. La gestión de Trump del mayor reto de política exterior, el enfrentamiento con la nueva superpotencia China, será crucial en 2026. Trump tiene previsto visitar Beijing en abril para celebrar otra cumbre con el presidente de China Xi Jinping, tras una guerra comercial que terminó evidenciando la ventaja china en minerales raros esenciales para la economía del siglo XXI.

Los estadounidenses que se oponen a Trump temen nuevos retrocesos en la rendición de cuentas democrática en 2026. Pero el 250 aniversario de la independencia de un rey tirano abrirá un nuevo debate sobre un sistema constitucional diseñado para frenar el poder monárquico.

El nombre de Trump puede retirarse de edificios públicos y sus objetos dorados pueden desaparecer de la Casa Blanca en cuestión de horas con la toma de posesión del próximo presidente. El año que comienza, sin embargo, definirá hasta qué punto logró imponer cambios irreversibles y transformadores en Estados Unidos y en el mundo.

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