El éxito de Starship de SpaceX podría marcar el fin de una era y desatar una “crisis” en la industria espacial
Por Jackie Wattles, CNN
El cohete más potente jamás construido, Starship de SpaceX, alcanzó la órbita por primera vez el lunes y desplegó satélites Starlink operativos, en un avance sin precedentes. La misión marcó el comienzo de una nueva era y, posiblemente, el principio del fin de otra.
A medida que aumentan los vuelos de Starship, SpaceX ha dejado claro que la compañía retirará gradualmente dos de sus creaciones más emblemáticas: la nave espacial Dragon, que transporta astronautas y carga hacia y desde la Estación Espacial Internacional, y el cohete Falcon 9, que durante una década ha dominado el mercado mundial de lanzamientos.
Estos vehículos no solo revolucionaron la industria espacial a su manera, sino que además siguen siendo esenciales para el trabajo que se lleva a cabo actualmente en la órbita terrestre, sin que existan alternativas de respaldo claras. La posibilidad de perderlos ya genera pánico entre algunos operadores de satélites, indicó Caleb Henry, director de investigación de la firma de análisis Quilty Space.
“Para los operadores de satélites pequeños, que tienden a ser más emprendedores, esta crisis ha estado gestándose durante al menos seis meses”, dijo Henry. “Para recaudar dinero, las empresas emergentes necesitan demostrar que tienen una vía viable para llegar a la órbita. Tienen que avanzar rápidamente”.
Durante años, el Falcon 9 de SpaceX ha ofrecido una vía crucial para llevar satélites al espacio. Perder el cohete podría ralentizar el desarrollo de nuevas tecnologías, como la conectividad directa a celulares, que promete eliminar las zonas sin cobertura, y los centros de datos espaciales para computación de inteligencia artificial, dijo Henry.
También podría elevar el precio de poner determinadas naves espaciales en órbita y agravar un inminente cuello de botella en los lanzamientos. Eso podría dificultar que algunas empresas logren poner sus ideas, literalmente, en órbita.
Los operadores comerciales de satélites ya se apresuran a asegurarse un lugar en los Falcon 9 mientras se concretan las últimas ventas. Henry dijo que espera que la mayor parte del espacio restante a bordo de los cohetes Falcon 9 ya se haya vendido y que, después de principios de 2029, esos vuelos podrían quedar reservados exclusivamente para el Gobierno de Estados Unidos.
Incluso la NASA, que actualmente considera la cápsula Dragon como la única nave espacial fabricada en Estados Unidos capaz de transportar a sus astronautas hacia y desde la Estación Espacial Internacional, también ha reconocido el inminente retiro de los vehículos de trabajo de SpaceX.
“No creo que sea un secreto que SpaceX tiene la intención de retirar gradualmente plataformas más antiguas como Falcon y Dragon, mientras concentra sus esfuerzos en su capacidad de próxima generación, Starship”, dijo Isaacman el lunes.
A pesar del éxito de Falcon y Dragon, una mirada a las cuentas de SpaceX podría apuntar a razones financieras para retirar estos vehículos. En su primer informe trimestral de resultados, SpaceX reveló que su segmento espacial, que incluye Falcon, Dragon y Starship, registró pérdidas de US$ 542 millones. En comparación, su negocio de internet y conectividad Starlink generó casi US$ 1.700 millones.
Se espera que Starship continúe costándole a SpaceX millones de dólares mientras deja atrás la fase de prototipos. Pero una de las razones por las que SpaceX está dispuesta a apostar fuerte por Starship es que simplemente es “mucho mejor” para alcanzar los objetivos a largo plazo de la compañía, dijo la presidenta de SpaceX, Gwynne Shotwell, en una conferencia reciente. Por eso, tiene sentido trasladar recursos hacia el futuro del megacohete.
Concentrarse en Starship también tiene que ver con garantizar que SpaceX se mantenga a la vanguardia del desarrollo de cohetes, agregó: “Si no dejamos obsoletos nuestros propios productos y servicios, alguien encontrará la manera de dejarlos obsoletos por nosotros”.
Para el resto de la industria, eso podría poner la responsabilidad en manos de un conjunto de tecnologías incipientes, desde vehículos de lanzamiento no probados hasta una problemática nave espacial para astronautas que Boeing está desarrollando y que anteriormente sufrió una falla con dos astronautas de la NASA a bordo.
SpaceX ha sido un agente de cambio en el negocio de lanzar satélites comerciales durante una década.
Pero en la industria existe desde hace tiempo el mito de que SpaceX y el Falcon 9 han reducido el precio de poner satélites en órbita, según una fuente familiarizada con las negociaciones con clientes, que habló bajo condición de anonimato para abordar desarrollos delicados de la industria.
Es cierto que “los costos internos de SpaceX están bajando”, dijo la fuente. Pero “el precio de mercado de los lanzamientos ha aumentado durante los últimos 10 años”.
Actualmente, llegar a la órbita cuesta alrededor de US$ 7.500 a US$ 10.000 por kilogramo, dijo la fuente, una cifra ligeramente superior a la de hace una década. Robert Sproles, director ejecutivo de Exolaunch, una empresa de intermediación de lanzamientos y servicios de integración, aseguró que esa cifra podría incluso ser un poco baja, dependiendo de cómo se calculen los costos de lanzamiento.
Aun así, el Falcon 9 ha proporcionado un enorme valor a la industria espacial comercial, en parte porque realiza lanzamientos con mucha mayor frecuencia que cualquier otro vehículo.
Los cohetes Falcon de SpaceX realizaron 77 lanzamientos durante los primeros seis meses de 2026, según documentos regulatorios, más del doble de los vuelos registrados por la familia de cohetes Long March de China, que ocupa el segundo lugar entre los vehículos de lanzamiento con más actividad en el mundo.
La gran mayoría de esos vuelos de Falcon estuvo destinada a poner en órbita los propios satélites Starlink de SpaceX. Pero 17 fueron para clientes, entre ellos operadores de satélites comerciales, instituciones de investigación y el Gobierno de Estados Unidos.
Una vía clave para llegar a la órbita han sido las misiones de lanzamiento compartido de SpaceX, conocidas como “Transporter”, que han permitido a distintos operadores de satélites pagar para ocupar espacios junto a otros clientes a bordo de un vuelo de Falcon 9.
Cuando desaparezcan vuelos de ese tipo, es probable que empeore un cuello de botella en los lanzamientos que ya se cierne sobre la industria, mientras la demanda para poner satélites en órbita ha superado rápidamente la oferta de vuelos disponibles.
Esta escasez de cohetes comenzó a perfilarse en 2022, cuando Rusia invadió Ucrania, lo que retiró inmediatamente los cohetes Soyuz y Proton de Rusia del mercado comercial, señaló Henry.
Además, Amazon, que despliega una constelación de internet espacial para competir con Starlink de SpaceX, intervino para comprar más de 100 lanzamientos a distintos fabricantes de cohetes.
“Esa es una compañía que absorbió una cantidad enorme de la oferta disponible”, afirmó Henry.
Ahora, se espera que perder el Falcon 9 como vía para llegar a la órbita agrave el problema: “Ha sido un camino difícil para quienes intentan llegar a la órbita”, dijo Henry, “y no es que este sea el primer efecto posterior, pero sí es el más grave”.
Aunque algunos fabricantes de satélites tienen la esperanza de que el espacio disponible a bordo de futuros lanzamientos de Starship se ofrezca a los operadores de satélites, no está claro cuándo ocurrirá eso ni si ocurrirá.
El inminente cuello de botella en los lanzamientos podría afectar de manera desproporcionada a las empresas emergentes jóvenes frente a los operadores de satélites más antiguos y consolidados.
Por ejemplo, la empresa estadounidense Spire opera una constelación de más de 100 pequeños satélites capaces de monitorear el clima y rastrear cadenas de suministro, y lleva más de una década lanzando hardware al espacio.
La directora ejecutiva de la compañía, Theresa Condor, dijo a CNN que Spire planea “con años de anticipación mantener una cadencia regular, reponer y actualizar nuestra constelación” y que tiene su calendario de lanzamientos asegurado al menos hasta 2028.
Condor dijo que Spire no está preocupada por encontrar vuelos para llegar a la órbita, y su confianza refleja la larga trayectoria de Spire en la industria de los lanzamientos y su experiencia previa para hacer frente a un mercado que cambia rápidamente.
Sproles, el director ejecutivo de Exolaunch, también dijo a CNN que las empresas que llevan tiempo en la industria espacial saben que lo que viene representa, en realidad, un regreso a la situación anterior.
“Si retrocedemos 10 años, era normal reservar un lanzamiento con dos o tres años de anticipación y, desafortunadamente, también era normal que ese lanzamiento se retrasara unos 18 meses”, afirmó Sproles.
Ese podría ser el futuro hacia el que se encamina la industria de los satélites.
Es posible que se pueda evitar una escasez de oferta de lanzamientos, señaló Micah Walter-Range, analista espacial y colaborador del índice VettaFi Space. Pero los operadores de satélites podrían mostrarse cautelosos porque los nuevos cohetes que durante años han prometido aumentar su actividad para competir con el Falcon 9 todavía no han comenzado a volar con regularidad.
“La industria espacial detesta la incertidumbre, particularmente cuando se trata de planificar lanzamientos”, dijo Walter-Range.
Aunque Estados Unidos alberga a un puñado de fabricantes de cohetes, entre ellos Rocket Lab, Firefly Aerospace, la empresa Blue Origin, fundada por Jeff Bezos, y United Launch Alliance, esas compañías todavía no han alcanzado la escala ni la cadencia de lanzamientos que exige la industria.
Y aunque en Estados Unidos hay otros cohetes en desarrollo, de empresas como Firefly, Relativity y Stoke Space, se desconoce cuándo esos vehículos comenzarán realmente a volar ni qué tan exitosos serán.
Los cohetes de reciente desarrollo sufren con frecuencia contratiempos explosivos. Por ejemplo, el cohete New Glenn de Blue Origin explotó recientemente en la plataforma de lanzamiento. Y los nuevos cohetes Vulcan Centaur de United Launch Alliance han permanecido en tierra debido a problemas de desempeño.
“Si ambos programas de cohetes avanzaran sin problemas, creo que la industria estaría más tranquila”, dijo Walter-Range. “Pero no es así”.
La empresa finlandesa Iceye, cliente de SpaceX desde hace años y que ha lanzado sus satélites de imágenes de radar a bordo de cohetes Falcon 9 en más de una docena de ocasiones, podría estar recurriendo a Europa para cubrir sus necesidades de lanzamiento. La compañía llegó recientemente a un acuerdo preliminar con el fabricante francés de cohetes Arianespace para considerar futuros contratos de lanzamiento.
El director de operaciones de Iceye, Eric Jensen, dijo a CNN en una entrevista reciente que la compañía lleva algún tiempo preparándose para el retiro del Falcon 9.
“Hemos tomado medidas proactivas con mucha anticipación a esta conversación”, comentó Jensen, “y continuaremos conversando con distintos proveedores de lanzamientos”.
Condor, la directora ejecutiva de Spire, se hizo eco de esa postura y dijo que Spire busca constantemente oportunidades de lanzamiento tanto en Estados Unidos como en el extranjero.
“Evaluamos cada opción en función de su preparación, confiabilidad, calendario, capacidades de despliegue y acceso a las órbitas que necesitan nuestros satélites”, explicó.
Aun así, hay un elefante del tamaño de un cohete en la habitación: “Los precios están subiendo y espero que sigan subiendo”, dijo Sproles.
En lo que respecta a los vuelos espaciales tripulados, SpaceX se ha concentrado principalmente en adaptar Starship para un contrato de varios miles de millones de dólares con la NASA destinado a transportar astronautas del Gobierno a la Luna, en medio de una carrera espacial con China.
No está claro si Starship podría asumir alguna de las funciones de la nave espacial Dragon de SpaceX.
Los vehículos son radicalmente diferentes. Mientras que la nave espacial Starship es un coloso de 171 pies (52 metros) de altura diseñado para transportar personas al espacio profundo, Dragon es una cápsula de 13 pies (4 metros) de ancho capaz de transportar a unos cuatro astronautas a la vez hasta la órbita terrestre baja, donde se encuentra la Estación Espacial Internacional.
Está previsto que la Estación Espacial Internacional sea retirada al menos en 2030. Pero incluso después de su desmantelamiento, la NASA tiene previsto trabajar con empresas privadas para desplegar nuevas estaciones operadas comercialmente, con el fin de garantizar que Estados Unidos siga teniendo laboratorios en la órbita terrestre baja donde puedan realizarse investigaciones cruciales. (China también opera una estación espacial de última generación, lo que ha llevado a algunos expertos de la industria a considerar un imperativo de seguridad nacional que Estados Unidos continúe operando un laboratorio en esta región de la órbita).
Estas futuras estaciones espaciales necesitarán naves para transportar personas hasta ellas. Shotwell ha dicho anteriormente que espera que Dragon deje de operar en algún momento de la década de 2030.
Sin Dragon de SpaceX, la única opción para transportar personas hacia y desde esos puestos orbitales podría ser Starliner de Boeing, una nave espacial desarrollada bajo el mismo programa de la NASA que Crew Dragon.
Pero Starliner sufrió una conocida falla durante su primer vuelo de prueba tripulado. El incidente dejó a dos astronautas de la NASA, Suni Williams y Butch Wilmore, viviendo y trabajando en el espacio durante meses más de lo previsto. Recientemente, la agencia clasificó el incidente como un “accidente de tipo A”, en la misma categoría que los desastres de los transbordadores espaciales que costaron la vida a astronautas.
Es una situación precaria, dado que todavía no está claro cuándo exactamente Starliner podría volver a volar con tripulación. Durante una conferencia de prensa este lunes, funcionarios de la NASA dijeron que, si un vuelo de prueba sin tripulación de la nave sale bien en diciembre, lo más pronto que Starliner podría volar con astronautas sería a mediados de 2028.
Pero cuando le preguntaron sobre la posibilidad de retirar las cápsulas Dragon de SpaceX, la presidenta y directora de operaciones de SpaceX, Gwynne Shotwell, fue directa: “A Boeing le han pagado —creo que probablemente más de lo que nos han pagado a nosotros— para desarrollar su cápsula tripulada”, dijo Shotwell en la cumbre All-In a principios de este mes.
SpaceX ha recibido US$ 5.920 millones en contratos de la NASA para 17 vuelos, mientras que Boeing recibió US$ 4.820 millones con una orden obligatoria para cuatro vuelos. El lunes, la NASA dijo que otorgaría fondos adicionales a Boeing para solucionar los problemas de Starliner.
“Simplemente vamos a dejar que ellos tengan algo de negocio”, dijo Shotwell sobre Boeing.
Su comentario generó risas y el reconocimiento del entrevistador de que estaba siendo un poco sarcástica.
Pero Shotwell adoptó un tono serio al explicar las razones por las que SpaceX querría trasladar recursos de su programa Dragon hacia Starship.
Shotwell señaló que Starship no solo desplegará satélites de internet mejorados y los centros de datos orbitales que SpaceX tiene previstos, sino que la nave también es la piedra angular del objetivo fundacional de SpaceX, establecido por Musk durante las últimas dos décadas: establecer una colonia autosuficiente en Marte.
“Un Falcon 9 con una cápsula Dragon encima es como una miniván”, según Shotwell. “El viaje por carretera a Marte dura seis meses, así que no quieres estar en una miniván”.
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