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Cumple 50 años Ronaldo, el jugador que cambió al fútbol a pesar de sus rodillas

Por Pablo García Escorihuela, CNN en Español

A Ronaldo Luis Nazario de Lima le gusta el fútbol y la fiesta. Es tan así que, desde que nació, se encontró con un doble motivo para celebrar, realizando dos fiestas en cada septiembre.

Y no, no tiene que ver con un evento trágico, o con haber vuelto a nacer. Más bien, está relacionado con una de esas particularidades que pueden pasarle a una familia en cualquier zona popular latinoamericana.

Ronaldo nació en Bento Ribeiro, un barrio de escasos recursos de Río de Janeiro, el 18 de septiembre de 1976, pero, en medio de la algarabía por la llegada de un nuevo hijo al hogar, su padre olvidó registrarlo en la fecha de su natalicio.

Nélio Nazario se apareció en el registro con su bebé, Ronaldo, en brazos, cuatro días más tarde, el 22 de septiembre, diciendo que había nacido recién ese mismo día, para evitar pagar una costosa multa por el olvido.

Así que podríamos decir que “El Fenómeno” fue especial desde el momento en el que nació.

En su infancia, Ronaldo se volvió famoso en Río de Janeiro por sus habilidades para el fútbol de salón. Fue reclutado finalmente por el Cruzeiro tras su paso por el Sao Cristovao, y el equipo azul lo hizo debutar en primera división con solo 17 años, en 1993. Terminó esa primera temporada con 20 goles en 21 partidos y ganó el título ese año.

Tantos goles atrajeron la mirada de Carlos Alberto Parreira, el DT de la selección brasileña, quien decidió llevarlo a la Copa del Mundo de 1994 en Estados Unidos. Pese a que no debutó en ese torneo, “Ronaldinho”, como marcaba la camiseta con el número 18 que utilizó durante la cita, terminó siendo parte del plantel que alzó el tetracampeonato para Brasil.

Justo después del Mundial, Ronaldo siguió los pasos del ídolo brasileño del momento, Romario, y se fue a jugar al PSV Eindhoven de Países Bajos, donde despuntó desde el momento en el que llegó.

En Eindhoven dejó números impresionantes: en dos temporadas marcó 57 goles en 54 partidos, mientras desarrollaba ese pique corto endemoniado y la gambeta fantástica que desequilibraba a todas las defensas de la Eredivisie.

El estrellato tocaba a la puerta.

Llegó al FC Barcelona rodeado de una enorme expectativa en 1996, y desde que se bajó del avión sacudió al planeta entero. Su gol maradoniano al Compostela, los hat-trick conseguidos en la Liga de España, una Recopa europea, la Supercopa y la Copa del Rey en España, fueron avales suficientes para que después de 45 goles en 47 partidos, todos estuvieran hablando de él.

Además, había ganado la Copa América con Brasil en 1997 y lideraba a la selección en la eliminatoria rumbo a Francia 1998, a donde Brasil llegaba con máximo favorito.

El Inter de Milán pagó la clausula de rescisión del contrato del brasileño, de 4.000 millones de las antiguas pesetas, para llevarse a la figura brasileña a Italia. A su llegada, todos lo conocían como “Il Fenomeno”.

En su primer año en Milán, ganó la Copa UEFA (actual Europa League) y todo estaba servido para ver al brasileño en su esplendor, buscando la defensa de la corona de la Canarinha en 1998.

El Mundial de 1998 estaba siendo consagratorio para Ronaldo. Era la figura de un Brasil que fue atravesando fases con sus cuatro goles, uno en la fase de grupos ante Marruecos, y luego dos a Chile en octavos y uno más ante Países Bajos en la semifinal.

La final ante la local Francia era el evento más esperado. Pero una convulsión la noche antes del partido alteró todos los planes. Él y Canarinha en su conjunto fueron una sombra y la orquesta que dirigía Zinedine Zidane los barrió del campo.

Recuperado de la derrota, llegó el infortunio. El 22 de noviembre de 1999 sufrió la rotura del tendón patelar de la rodilla derecha. Se perdió media temporada, y apresurado por volver al ritmo de juego retornó al campo el 12 de abril del 2000, en el Estadio Olímpico de Roma, contra la Lazio en el partido de ida de la final de la Copa Italia.

Solo estuvo cuatro minutos en la cancha. El grito fue desgarrador. Intentó una gambeta en velocidad entrando al área y se volvió a romper el tendón patelar de la rodilla. Todo parecía terminado. “El Fenómeno” salía en camilla y parecía imposible que, a pesar de tener solo 23 años, pudiera regresar.

Venía de ganar dos veces el Balón de Oro, de irradiar un aura que lo equiparaba a Michael Jordan, con todo lo que había cosechado y cómo había jugado al fútbol en sus primeros cinco años de carrera. Pero todo parecía terminado.

Sin embargo, volvió. Tras año y medio de una larga recuperación, saltó a la cancha en septiembre de 2001 con el Inter con solo un objetivo en su mente: ganar el Mundial 2002 con Brasil.

La Copa del Mundo fue su historia de redención. Terminó con ocho goles, fue máximo artillero del torneo y, aunque apenas quedaban vestigios de su endemoniado pique en corto y de su gambeta mareante, su capacidad anotadora y de liderazgo seguían intactas.

La Brasil de Felipe Scolari se llenó de gloria en Yokohama y como si de una película se tratase, Ronaldo anotó los dos goles del título en la final ante Alemania.

Después del Mundial, Florentino Pérez se llevó a Ronaldo al Real Madrid, donde el propio jugador ha confesado que encontró el lugar donde se sintió mejor para jugar al fútbol. Estaba rodeado de galácticos. Él era uno de ellos, junto a Figo, Zidane, Roberto Carlos, Raúl y Beckham, que llegó también al poco tiempo.

Sin embargo, solo ganó dos ligas con los merengues y nunca pudo alzar la Champions, ni en la capital española, donde marcó 104 goles en 177 partidos, ni en el Milan, en donde aterrizó en la tapa final de su carrera europea para marcar nueve tantos en 20 partidos.

Su amor por la fiesta y la noche se hicieron famosos en la capital española, algo que tras su retiro, el brasileño no ocultó nunca. Era lógico, partiendo de que celebra su cumpleaños dos veces.

Con dos Copas del Mundo, dos Balón de Oro, siendo el cuarto mejor anotador de la historia del Mundial, marcando 62 goles con Brasil, Ronaldo dejó una estampa que pareció traer al fútbol al siglo XXI. Era el epítome de lo que físicamente debía ser el jugador moderno: rápido, fuerte y creativo, aunque lamentablemente le fallaron sus rodillas de cristal.

Su leyenda se agrandó por lo rápido de su ascenso, lo contundente de su caída, la resiliencia ante la desgracia, pero, sobre todo, por su regreso triunfal, aunque ya no fuera el mismo.

Ronaldo era el jugador favorito de muchos de los ídolos de la generación de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, y uno de los personajes más carismáticos de la historia del fútbol. El hombre de los dos cumpleaños, el goleador implacable, el bicampeón del mundo, “El Fenómeno”, Ronaldo Luis Nazario de Lima.

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