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Muere a los 84 años Ratko Mladić, el “Carnicero de Bosnia”, condenado por genocidio

Por Ivana Kottasová, CNN

Ratko Mladić, el general serbobosnio que orquestó la masacre de Srebrenica y el asedio de Sarajevo durante las guerras de los Balcanes, ha fallecido en prisión a los 84 años.

Conocido como el “Carnicero de Bosnia”, Mladić fue condenado en 2017 por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) por idear una campaña de limpieza étnica contra la población no serbia de Bosnia a principios de la década de 1990.

El tribunal, creado por la ONU, lo declaró culpable de genocidio, crímenes de lesa humanidad, persecución, exterminio, asesinato, terror, ataques ilegales contra civiles y toma de rehenes.

En el momento de la acusación formal contra Mladić, el juez del TPIY Fouad Riad describió las acciones supervisadas por el exgeneral como una “salvajería inimaginable”.

Mladić murió mientras cumplía cadena perpetua en la unidad de detención de la ONU en La Haya, según declaró a la CNN su abogado, Dragan Ivetić. Pasó algo más de 15 años en prisión.

Tras su condena, Mladić presentó múltiples recursos y solicitudes de liberación por motivos médicos. La última de ellas fue tramitada por sus abogados la semana pasada.

Solicitaron su liberación anticipada por motivos humanitarios, citando a los médicos de la unidad de detención, quienes afirmaban que su “estado general se había deteriorado rápidamente” y advertían que su muerte “podía ocurrir en cualquier momento”. La solicitud fue denegada.

Mladić nació el 12 de marzo de 1942 en el municipio de Kalinovik, en lo que entonces era Yugoslavia. Nacido en plena Segunda Guerra Mundial, sus primeros años de vida se vieron profundamente afectados por el conflicto: su padre, Nedja Mladić, fue asesinado por el régimen de los Ustaša, un movimiento fascista croata instaurado por los nazis y la Italia fascista en la Yugoslavia ocupada, y que perpetró un genocidio contra judíos, serbios y romaníes.

Ratko Mladić se formó en la academia militar del Ejército Popular Yugoslavo en Belgrado. Se graduó en 1965, se afilió al Partido Comunista y siguió la carrera militar.

Tras la desintegración de Yugoslavia, Mladić asumió el mando del Estado Mayor del ejército de la República Serbia de Bosnia —entidad secesionista respaldada y armada por el líder serbio Slobodan Milošević—.

Como jefe del ejército, Mladić fue el principal artífice de una brutal campaña de limpieza étnica, supervisando directamente asesinatos generalizados e indiscriminados, así como deportaciones y traslados forzosos de civiles.

Aunque Mladić fue hallado culpable de numerosas atrocidades, dos de sus crímenes se han convertido en sinónimo del terror que infligió a la población musulmana y croata de Bosnia durante la guerra: el asedio de Sarajevo y la masacre de Srebrenica.

Bajo su mando, las fuerzas serbobosnias sitiaron la ciudad de Sarajevo desde las zonas elevadas circundantes en 1992. Mantuvieron a los residentes atrapados en el valle durante dos años, sometiendo a la población civil a frecuentes bombardeos y ataques de francotiradores. Más de 10.000 personas, incluidos muchos niños, murieron durante el asedio.

En julio de 1995, Mladić encabezó un ataque contra el enclave musulmán de Srebrenica, designado como “zona segura” por la ONU. La masacre sigue siendo la peor atrocidad cometida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial: más de 7.000 musulmanes, en su mayoría hombres y niños, fueron asesinados en el transcurso de unos pocos días.

Riad describió los sucesos de Srebrenica como “verdaderas escenas del infierno, escritas en las páginas más oscuras de la historia de la humanidad”.

“Miles de hombres ejecutados y enterrados en fosas comunes, cientos de hombres enterrados vivos, hombres y mujeres mutilados y masacrados, niños asesinados ante los ojos de sus madres, un abuelo obligado a comerse el hígado de su propio nieto”, declaró el juez al anunciarse la acusación formal contra Mladić.

Aunque el TPIY (Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia) presentó cargos contra Mladić en noviembre de 1995, este logró eludir a la justicia durante 16 largos años.

Inicialmente se refugió en Belgrado, bajo la protección de Milošević. Cuando el expresidente serbio fue detenido en 2001, Mladić pasó a la clandestinidad, logrando escapar de las autoridades durante otra década.

Finalmente fue capturado en Serbia en mayo de 2011 y extraditado a La Haya poco después. Su juicio duró más de cuatro años y fue, en muchos aspectos, la culminación de la labor del TPIY. Se trató del último gran caso del tribunal e incluyó testimonios desgarradores de cientos de testigos.

Mladić mostró escaso remordimiento durante el proceso y negó toda responsabilidad. Atribuyó los actos por los que se le juzgaba a los subordinados que ejecutaron sus órdenes.

En su alegato final, el fiscal del TPIY, Alan Tieger, describió a Mladić como “el dueño de la vida y de la muerte”.

“Ha llegado el momento de que el general Mladić rinda cuentas por esos crímenes contra cada una de sus víctimas y contra las comunidades que destruyó”, declaró Tieger. “Nadie puede llegar a comprender la magnitud del sufrimiento del que Ratko Mladić es responsable”.

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