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Xi Jinping aún planea una fastuosa visita de Estado a EE.UU. aunque Trump alegó que China obtuvo datos electorales

Por Kevin Liptak, CNN

Normalmente, una afirmación como la que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó contra China en horario estelar esta semana podría presagiar una gran ruptura en los lazos con Beijing.

“La República Popular China llevó a cabo lo que se cree que es la mayor vulneración de datos electorales de la historia”, declaró Trump el jueves desde la Sala Este, visiblemente dolido porque, según una opinión minoritaria de inteligencia, el país habría intentado socavar sus posibilidades electorales en 2020.

“El Gobierno chino quería que el presidente de Estados Unidos perdiera la próxima elección”, afirmó. “La razón por la que querían que yo perdiera es porque sabían que yo era astuto con ellos, les impuse miles de millones de dólares en aranceles y construí las Fuerzas Armadas más fuertes del mundo”.

Las afirmaciones eran graves —aunque no eran nuevas ni estaban totalmente respaldadas por pruebas— y provocaron una indignación inmediata entre los funcionarios chinos. Sin embargo, en el discurso de Trump no hubo ninguna sugerencia de que planeara castigar al Gobierno chino por sus presuntas acciones.

Al día siguiente, un funcionario de la Casa Blanca dijo que la planificación de la fastuosa visita de Estado del líder chino Xi Jinping a Washington, dentro de dos meses, seguía en marcha. Y no ofreció respuesta cuando se le preguntó si Trump planeaba alguna represalia contra China por lo que afirmó que fue una violación de datos de escala histórica.

Fue distinto en el caso de los funcionarios de inteligencia de Estados Unidos, a quienes Trump acusó de haberle ocultado la información sobre China durante su primer mandato. Encargó a cuatro agencias federales distintas que investigaran, con instrucciones de “despedir a los involucrados en el encubrimiento y presentar cargos penales, si corresponde, contra estas personas”.

La diferencia de enfoque dejó al descubierto la fijación de Trump con reabrir la disputa por la elección de 2020, que perdió frente a Joe Biden. Pero también evidenció que tiene poco interés en alterar lo que se ha convertido en un frágil equilibrio con Xi tras un primer año complicado de regreso en el poder.

En cierto modo, el discurso de Trump del jueves marcó un cambio respecto del tono que ha adoptado en los últimos meses hacia China y su líder, con quien ha trabajado para cultivar lazos personales a lo largo de varias reuniones cara a cara.

“Soy un gran admirador del presidente Xi”, dijo Trump en la cumbre de la OTAN de la semana pasada en Turquía, al elogiar al país por mantenerse en gran medida al margen de la guerra con Irán, pese a los temores iniciales de que Beijing pudiera proporcionar asistencia militar a Teherán.

Después de que Trump lanzara sus acusaciones electorales el jueves por la noche, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China respondió que carecían de fundamento.

“China se adhiere al principio de no injerencia en los asuntos internos de otros países. No tenemos interés en interferir en las elecciones de Estados Unidos y nunca lo hemos hecho”, dijo el portavoz Lin Jian, al tiempo que criticó a Estados Unidos y aludió al impacto negativo que las afirmaciones podrían tener en los lazos bilaterales. “Instamos a Estados Unidos a reflexionar sobre su propio comportamiento, detener la vilificación injustificada de China… y actuar de maneras más favorables para las relaciones entre China y Estados Unidos”.

Estabilizar los lazos ha sido recientemente una prioridad para el Gobierno de Trump tras un duro año de enfrentamientos arancelarios. Xi recibió a Trump con una visita de Estado cargada de pompa en Beijing en mayo, y ambos líderes planean reunirse de nuevo en Washington a finales de septiembre.

Trump también ha sugerido que podría regresar a China este año para la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico en noviembre, en Shenzhen. Y Xi podría visitar Estados Unidos para la cumbre del Grupo de los 20 (G20) que Trump organiza en Miami.

En todos sus contactos con Xi durante el último año, Trump nunca ha mencionado públicamente intentos chinos de hackear la infraestructura de Estados Unidos, y mucho menos datos electorales sensibles.

Eso ocurre pese a que expertos en ciberseguridad del FBI investigan múltiples campañas sofisticadas de ciberespionaje chino dirigidas a secretos gubernamentales y corporativos de Estados Unidos.

Los documentos que el Gobierno de Trump publicó el jueves, aunque carecían de pruebas de fraude electoral a gran escala o de esfuerzos por cambiar votos, sí reforzaron hasta qué punto los servicios de inteligencia chinos han recopilado vorazmente información sobre los estadounidenses y aportaron nuevas evidencias de hasta dónde habrían llegado presuntamente hackers chinos para espiar a altos funcionarios del Gobierno de Estados Unidos y a la campaña presidencial de Joe Biden en 2020.

Un grupo chino de hackers utilizaba técnicas para rastrear las cuentas de correo electrónico de miembros del personal de la campaña de Biden, lo que sugiere que “los operadores chinos están mapeando la red objetivo para acciones posteriores, posiblemente incluso asignando las cuentas de correo electrónico del personal de campaña al sistema de inteligencia de señales de las Fuerzas Armadas chinas para su recopilación”, de acuerdo con un informe de inteligencia desclasificado.

Otros informes de la colección de documentos sostienen que actores del Gobierno chino descargaron información de registro de votantes en numerosos estados. En algunos casos, la información ya estaba disponible públicamente. Y no se menciona que China haya explotado activamente los datos de votantes que recopiló o robó, ni que haya accedido a sistemas de una forma que le permitiera cambiar los votos de las personas.

Los documentos dibujan un panorama de unos servicios de inteligencia chinos que están recopilando prácticamente toda la información que pueden sobre cientos de millones de estadounidenses.

Eso, en conjunto, no es una revelación nueva. Entre el hackeo de 2015 a la Oficina de Administración de Personal y los ataques posteriores contra proveedores de atención médica de Estados Unidos y otras empresas, funcionarios de inteligencia del país han advertido desde hace tiempo que espías chinos tienen un panorama detallado de decenas de millones, si no cientos de millones, de estadounidenses. El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, dijo en 2024 que el país había visto evidencias de intentos chinos de “influir y, posiblemente, interferir” en las próximas elecciones estadounidenses, pese a un compromiso previo del líder Xi Jinping de no hacerlo.

En el pasado, Estados Unidos ha aplicado sanciones financieras específicas y ha buscado acusaciones penales contra hackers chinos patrocinados por el Estado.

No obstante, un día después de que Trump afirmara que el Gobierno chino había obtenido 220 millones de archivos de votantes estadounidenses, lo que condujo a una “pesadilla de seguridad electoral sin precedentes”, había pocos indicios de que planeara un castigo similar.

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