La guerra con Irán se intensifica y pone en riesgo la capacidad militar de EE.UU. para futuros conflictos
Por Davis Winkie, CNN
Las reservas de armas clave de EE.UU. siguen considerablemente reducidas y enfrentarán una presión aún mayor si los ataques contra Irán continúan al ritmo actual, después de que el presidente Donald Trump reiterara este viernes que el alto el fuego en el conflicto “ha terminado”.
Según expertos consultados por CNN, la situación de los arsenales podría afectar la capacidad de las Fuerzas Armadas de EE.UU. para afrontar una eventual guerra con China o incluso con Corea del Norte.
“Si la guerra continúa al ritmo de los últimos cinco días… las reservas se reducirán lo suficiente como para generar un nivel de riesgo más alto… en el Indo-Pacífico”, dijo Mark Cancian, coronel retirado del Cuerpo de Marines y analista de defensa del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés).
La fase inicial del conflicto con Irán, denominada Operación Epic Fury, llevó a las Fuerzas Armadas de EE.UU. a emplear miles de misiles clave utilizados para ataques de precisión de largo alcance y para defenderse de ataques aéreos y con misiles enemigos, según analistas y reportes previos de CNN.
Michael O’Hanlon, director de investigaciones de política exterior de la Brookings Institution, dijo que “no hay duda” de que las reservas son “más bajas de lo que nos gustaría”.
Para cuando cesaron los combates a gran escala entre EE.UU. e Irán en abril, el Pentágono había utilizado al menos la mitad de sus interceptores de misiles balísticos THAAD, casi la mitad de sus interceptores Patriot y alrededor del 30% de sus misiles de ataque terrestre Tomahawk, según un análisis del CSIS. CNN confirmó previamente la precisión de ese análisis con tres personas familiarizadas con las estimaciones internas de las reservas del Departamento de Defensa.
El alto el fuego dio un respiro a las reservas estadounidenses, ya que los ataques de baja intensidad de los meses posteriores requirieron menos misiles.
Pero el ritmo de reposición de los misiles clave es bajo, dijo Cancian. Según el calendario de entregas para el actual año fiscal, el Pentágono recibe aproximadamente 15 nuevos misiles Tomahawk y 20 Patriot al mes. No hay entregas previstas de misiles THAAD para 2026. El CSIS calcula que se necesitarán tres años o más para recuperar las existencias a los niveles previos a la guerra con Irán.
Elaine McCusker, investigadora del American Enterprise Institute y exsubsecretaria adjunta y contralora interina del Pentágono, dijo a CNN que “el plazo para reponer las municiones, en la mayoría de los casos, se medirá en años: entre dos y cinco para la mayoría”.
John Ferrari, experto en adquisiciones de defensa, general retirado de dos estrellas del Ejército y también vinculado al American Enterprise Institute, destacó que “el Congreso no ha aprobado ni un solo dólar para reemplazar un solo misil” desde que comenzó la guerra, por lo que solo está en marcha “el lento proceso anual habitual de tiempos de paz”.
En las últimas semanas, la Casa Blanca solicitó formalmente al Congreso fondos adicionales para cubrir los costos de la guerra con Irán —además de algunos programas no relacionados—, pero la medida enfrenta un camino complicado en el Capitolio.
Un funcionario del Pentágono dijo a CNN que el departamento está “comprometido con expandir rápidamente la base industrial de defensa”. Trump invocó en junio la Ley de Producción para la Defensa con el fin de eliminar trabas regulatorias y acelerar la fabricación de misiles, y el Departamento de Defensa ha firmado acuerdos con fabricantes para ampliar sus líneas de producción.
“El Departamento está incorporando de manera agresiva lo mejor de la innovación estadounidense, dondequiera que se encuentre, para aumentar la producción a gran escala y fortalecer la resiliencia de las cadenas de suministro”, dijo el funcionario del Pentágono.
Cancian señaló que recurrir a la Ley de Producción para la Defensa es “útil”, pero que “el impacto será limitado”. Además, ampliar la capacidad de producción lleva tiempo.
Los acuerdos de licencia para permitir que otros países, como Alemania y Ucrania, fabriquen localmente misiles interceptores Patriot también podrían aliviar la presión sobre las líneas de producción estadounidenses en medio del aumento de la demanda mundial. Trump anunció el jueves la licencia para Ucrania durante la cumbre de la OTAN en Turquía.
Sin embargo, esos acuerdos avanzan lentamente. Japón necesitó tres años para construir su planta de producción de misiles Patriot, y Alemania aún no ha fabricado uno solo, pese a haber comenzado a desarrollar su línea de producción en 2022.
Según el análisis del CSIS, otras reservas de misiles, como las del Precision Strike Missile y el Joint Air-to-Surface Standoff Missile, se recuperarán con mayor rapidez y deberían volver a los niveles previos a la guerra entre mediados y finales de 2027.
Cancian advirtió que un posible conflicto con China no es el único riesgo que enfrenta el Pentágono si continúa utilizando misiles clave a un ritmo elevado. Los analistas creen que los planes militares frente a Corea del Norte requieren una gran cantidad de misiles estadounidenses, tanto para atacar objetivos enemigos como para defender a las fuerzas de EE.UU. y a Seúl frente a los previsibles ataques masivos de Pyongyang.
El principal portavoz del Pentágono, Sean Parnell, reiteró en un comunicado idéntico al enviado a CNN en abril que “las Fuerzas Armadas de Estados Unidos son las más poderosas del mundo y cuentan con todo lo necesario para actuar en el momento y el lugar que elija el presidente”.
“Hemos ejecutado múltiples operaciones exitosas en distintos comandos de combate, garantizando al mismo tiempo que las Fuerzas Armadas de EE.UU. mantengan un amplio arsenal de capacidades para proteger a nuestro pueblo y nuestros intereses”, dijo Parnell.
O’Hanlon, de la Brookings Institution, afirmó que no cree que la capacidad de las Fuerzas Armadas de EE.UU. para disuadir una agresión de China o Corea del Norte “se haya visto afectada todavía”.
No obstante, advirtió que “en algún momento” esa capacidad de disuasión podría debilitarse. “Probablemente sea imposible medir o saber cuándo llegará ese punto, porque depende en gran medida de la psicología del adversario”, señaló O’Hanlon.
Zachary Cohen y Natasha Bertrand, de CNN, contribuyeron a este informe.
El trabajo de Davis Winkie en CNN cuenta con el apoyo de una alianza entre Outrider Foundation y Journalism Funding Partners (JFP). CNN mantiene el control editorial total de esta cobertura.
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