Cepeda y De la Espriella hacen grandes promesas económicas. No les será tan fácil cumplirlas por estos números que deja Petro
Por Fernando Ramos, CNN en Español
Juan José Rendón tiene un restaurante de comida típica colombiana a las afueras de Bogotá desde hace 30 años. Lo que empezó como un pequeño emprendimiento llegó a convertirse en un próspero negocio que daba empleo directo a unas 30 personas y de manera indirecta beneficiaba a unos 15 proveedores y sus familias. Pero en marzo de este año, se vio enfrentado a una situación muy dura en lo personal y compleja para el establecimiento: o despedía a varios de sus trabajadores o corría el riesgo de tener pérdidas económicas que en el mediano plazo podrían afectar el futuro del lugar.
“Como empresario, fue un golpe muy duro el aumento de más del 20% del salario mínimo y además la entrada en vigencia de la reforma laboral, que reduce la jornada y aumenta el pago de horas extras. Además, el gobierno nos pidió por adelantado el pago del impuesto de retención en la fuente de este año, sin aún haber realizado las ventas. Todo eso me está asfixiando y yo no puedo trasladarles esos costos a los clientes. A eso súmale la inflación, todos los precios de los alimentos están por las nubes. Me dolió despedir a trabajadores que han estado conmigo por años, pero no tengo alternativa”, dijo Rendón a CNN.
Su historia se repite en muchas empresas colombianas y refleja las dificultades que enfrentan en medio de una economía que, según el Banco de la República, este año solo crecerá en un 2,4%.
Esta proyección y sus posibles repercusiones exponen uno de los grandes desafíos que enfrentará quien a partir de agosto asuma el lugar del presidente Gustavo Petro, ya sea el izquierdista Iván Cepeda, cercano al mandatario, o el ultraderechista Abelardo de la Espriella, duro crítico del oficialismo.
“El próximo presidente va a encontrar un país con unas finanzas públicas tremendamente deterioradas. Es decir, con una muy poca capacidad de poder llevar a cabo sus programas de gobierno prometidos en campaña y por los cuales fue elegido”, dice a CNN Luis Fernando Mejía, exdirector de Fedesarrollo y CEO de Lumen Economic Intelligence.
“Hay dos elementos que nos dan una muestra de la gravedad de lo que está sucediendo en materia de crisis fiscal: uno, el tamaño del déficit en los últimos seis años ha sido de un 6,5% del Producto Interno Bruto, antes de la pandemia del covid el histórico era de 3,5%; el segundo elemento tiene que ver con que esto es inédito, en el sentido en que Colombia había tenido déficits altos en ocasiones anteriores, pero no un crecimiento de la economía que apenas llega a crecer en un 2,6% (en 2025). Eso es insostenible y se necesitan medidas de fondo urgentes”, detalla.
Como él, varios expertos coinciden en que hay muchas señales de riesgo en el horizonte. Y en que, en estas elecciones, hay mucho en juego. No solo si el país se mantiene en la senda de la izquierda de Petro y su candidato, Cepeda, o si vuelve a la derecha, como lo propone De la Espriella, candidato del movimiento político Defensores de la Patria.
“Yo creo que hay mucha ideología de izquierda romántica en Iván Cepeda y su campaña. La idea de estatización, de papá Estado que te da todo, lleva a la pobreza de la población eventualmente. Es una obsesión por llevar a un cambio social inmediato, y yo lo entiendo, todos quisiéramos lo mismo, pero no es viable en términos macroeconómicos. Toda la utopía del socialismo es muy linda, que todos seamos iguales. Pero la historia de la humanidad nos ha demostrado que eso no funciona, pero conquista electores. Cómo no va a seducir la idea de un país en donde todos estemos en las mismas condiciones. Frente a eso, la propuesta de recorte de gastos, de reducir el tamaño del Estado, de un ajuste fiscal fuerte, es decir, de ajustarse el cinturón como lo propone Abelardo de la Espriella, es muy impopular pero absolutamente necesaria”, dice Alberto Bernal, jefe de estrategia global de XP Investment.
El próximo inquilino de la Casa de Nariño asumirá las riendas de un país con un margen de maniobra históricamente limitado. Lejos de las promesas de campaña, los datos oficiales del Ministerio de Hacienda y del Banco de la República dibujan una realidad muy compleja: una inflación total anual del 5,6%, que aumentó y se alejó aún más de la meta del 3%, y una tasa de desempleo del 8,8%, pero con niveles de informalidad laboral por encima del 50%. Son desbalances estructurales que requerirán una alta dosis de pragmatismo político y técnico.
Una de las cosas que más preocupa a los expertos es el déficit fiscal y el aumento de la deuda pública, que ha llegado a un nivel que muchos estiman insostenible en el mediano plazo.
“Un Estado no puede salir a endeudarse indefinidamente porque hay unas calificadoras de riesgo, le bajan la calificación al país, y a medida que eso sucede pues le toca salir a buscar recursos más costosos. Sucede igual que con una persona: si yo no estoy tan endeudado, accedo más fácil a un crédito y a mejores tasas. Si estoy endeudado, entonces tendré más dificultades y, si me dan crédito, será más caro. Así está Colombia hoy. Con un agravante: cada vez más los recursos que ingresan a la nación se van a pagar una deuda que crece como una bola de nieve”, argumenta el analista económico José Miguel Santamaría.
En igual sentido coincide el analista Alberto Bernal. “Si tú tienes un taxi y todos los días ganas 100 pesos, pero gastas 107, pues tienes un déficit de siete y no importa. Si es por tres días o 10 no pasa nada, porque en algún momento decides no almorzar y cuadras la caja de ingresos de tu taxi. Pero, si eso lo vuelves permanente, en algún momento esos siete pesos de faltante se te van acumulando en deudas por pagar. Bien sea a tus amigos, a tus papás que te prestaron, al banco, etcétera. Y en algún momento es tanto lo que debes que tu capacidad de pago se vuelve imposible. Eso es Colombia hoy, y ya los mercados empezaron a angustiarse mucho con eso y se nota en las tasas de interés que han llegado hasta un 14% en algunos préstamos”.
Más allá de las ideologías, expertos en temas económicos y de los mercados sostienen que en el corto plazo habrá que enderezar el rumbo, pero eso no será ni fácil ni popular.
“Cuando usted tiene que hacer como gobierno un ajuste fiscal, eso implica decisiones difíciles en dos frentes. En materia tributaria, es decir, más impuestos vía reforma tributaria. Y, por otro lado, también tendrá que recortar el gasto público. Y para eso se necesita voluntad política. Pero si no creemos como país que este déficit fiscal es insostenible, vamos a tener graves problemas a la vuelta de unos años”, sostiene Luis Fernando Mejía.
Durante los cuatro años del gobierno de Petro, los industriales y empresarios han tenido fuertes desencuentros con el Ejecutivo por la política monetaria y económica. Se han quejado de medidas que consideran populistas y que terminan afectando la productividad y el crecimiento de la economía.
“Un gobierno liberal en lo económico no aumenta el tamaño del Estado. Le da la posibilidad a los privados de inversión productiva para que creen nuevos puestos de trabajo y por ende crecimiento económico. En el gobierno de Petro fue todo lo contrario”, afirma José Miguel Santamaría.
El ministro de Hacienda, Germán Ávila, presentó el 12 de junio el marco fiscal de mediano plazo que regirá en Colombia para los próximos años y que actualiza las principales proyecciones macroeconómicas y fiscales del país. Entre los cambios más relevantes se encuentran un ajuste al alza en las metas de déficit fiscal e inflación, así como una revisión de las perspectivas sobre ingresos, gastos y cuenta corriente de la nación.
“Creemos que la economía colombiana retornaría a su crecimiento tendencial de un promedio del 2,9% en un entorno de disipación de las presiones inflacionarias. Creemos que es conveniente seguir considerando medidas que aseguren una dinámica sostenida del crecimiento económico. Incluso creemos que esa tendencia de un crecimiento más alto es importante para la economía”, dijo Ávila durante la presentación.
El ministro reconoció, sin embargo, las dificultades que enfrenta el gobierno en el manejo de la economía, aunque se mostró optimista sobre el futuro de las finanzas públicas. “El balance del gobierno nacional central nos llevaría a un balance total, es decir, un déficit fiscal en el 2025 del –6,4%, en el 2026 del –5,3% y en el 2027 del –4,5%. El balance primario de –3,5% en 2025, a –2,1% en 2026 y a –0,5% en el 2027, cumpliendo con la meta y con la exigencia de la regla fiscal”, concluyó.
A todo esto hay que sumarle la crisis en la estatal empresa de petróleos, Ecopetrol. La situación de la empresa más importante del país resume el dilema energético y fiscal de la nación. Afectada por una menor rentabilidad debido a la volatilidad del peso frente al dólar y el congelamiento en la exploración de hidrocarburos, la capacidad de Ecopetrol de transferir regalías, impuestos y dividendos al Estado se debilitó.
El próximo presidente deberá decidir si mantiene un enfoque de transición energética o si flexibiliza la política de hidrocarburos permitiendo nuevas exploraciones o, incluso, el fracking para estabilizar los ingresos de la compañía, pues de ello depende, en gran parte, la posibilidad de aliviar el déficit fiscal de la nación.
Lo cierto es que, según algunos expertos, los nubarrones en la economía presagian tormentas que podrían ser muy difíciles de enfrentar para el próximo gobierno y complicadas para aceptar y entender por parte de los ciudadanos y empresarios, que dicen estar ya asfixiados con la carga tributaria. Después de la segunda vuelta este domingo, los colombianos verán si el horizonte se despeja o si, por el contrario, los vientos auguran tempestades impredecibles.
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