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¿Cambiar al Chelsea por las Chivas? Esta es la historia de 3 extranjeros que ahora viven en las sedes del Mundial en México

Por Ivonne Valdés y Uriel Blanco, CNN en Español

Un australiano dejó atrás su profesión para aprender español y hacer de la Ciudad de México su nueva casa. Una inglesa se estableció en Guadalajara casi por accidente para ser maestra de inglés —aunque terminó dando clases de física—. Un suizo-italiano ha vivido en Monterrey una década y ya es un regio más con su filosofía de “ahorita vemos qué pedo”.

Estos extranjeros tienen historias muy distintas, pero los tres comparten algo: hicieron de las ciudades sede de México para el Mundial 2026 su nuevo hogar y hablando más que “poquito español”. Así fue como acabaron allí.

Alessandro Giorgi es originario de Lugano, una ciudad en la parte italiana de Suiza, como él mismo la define. En México ya lleva viviendo 10 años y fue, en principio, el gusto por la fiesta lo que lo llevó a decidirse por este país como su hogar.

“Estaba en Estados Unidos, en la frontera entre San Diego y Tijuana, y no tenía ni la mayoría de edad para ir de fiesta en EE.UU. La solución fue Tijuana y me encantó México, desde ahí dije: ‘Lo mío es de este lado de la frontera’”, dice en entrevista con CNN.

Desde entonces comenzó su amor por México, su gente y sus paisajes. Viajó por varios lugares hasta que se quedó a vivir en Guadalajara. Sin embargo, Monterrey, en el estado norteño de Nuevo León, terminaría siendo su hogar.

“Desde que conocí (Monterrey) a los 21 años me cautivó mucho la cultura y la manera de vivir el sueño mexicano, como lo llamo yo (…) Aquí es mi segunda casa”, añade.

Al preguntarle sobre un momento que lo hizo apegarse más a Monterrey, Alessandro responde que las carnes asadas, algo que en la ciudad neoleonesa es casi un ritual. Consiste en invitar amigos, familia y personas en general a una comida (carne asada, principalmente) que se convierte en una fiesta que se prolonga hasta la madrugada.

“Es toda la experiencia que lleva el hacer carne, el asar la carne, el no meterte con el parrillero porque se enoja, pero al mismo tiempo ayudar, llevar algo, llevar las cheves (cervezas)”, explica Alessandro.

En pocas palabras, dice, “esto es como estar en familia cuando no es mi familia”.

En los 10 años que lleva viviendo en Monterrey, la ciudad “ha mejorado muchísimo” en infraestructura, asegura Alessandro. Dice que ahora ya se puede caminar a algunos lugares, cuando antes era imposible por los caminos enfocados al automóvil y por el calor sofocante de la ciudad. Tener coche sigue siendo primordial, pero los cambios son palpables, al punto, dice, de que incluso ahora hay banquetas donde antes no las había (su queja por las banquetas en Nuevo León, de hecho, lo hizo viral en 2016, cuando recién llegaba).

La “persona ideal” para Alessandro debe tener los tres ingredientes de las culturas que él conoce: “amable como los mexicanos, organizada como los suizos e intensa como los italianos”.

Alessandro piensa de forma similar a Leah sobre que la imagen de México hacia el exterior suele ser la de un país inseguro.

“Pues tristemente las noticias de México que llegan al extranjero casi siempre son las mismas: inseguridad, matanzas, hasta en lugares que no tienen nada que ver con Monterrey. La gente de mi casa me pregunta: ‘¿Oye, todo bien?’. Todo bien. Yo creo más bien la percepción es de inseguridad y yo siempre intento ver que la calidad de vida de Monterrey es muy alta”, declara.

Mientras que en ciudades como Guadalajara la percepción de inseguridad se elevó en los últimos meses, en Monterrey bajó y se encuentra en un nivel más bajo que el promedio nacional. No obstante, la capital de Nuevo León aún tiene a millones de personas en situación de pobreza y de vulnerabilidad por carencia social; asimismo, miles de personas todavía tienen baja o muy baja accesibilidad a calles pavimentadas por las cuales caminar.

Es consciente de que en Monterrey hay inseguridad, pero trata de sortearla a la mexicana, que básicamente apela a tomar mejores decisiones al momento de salir.

“En 10 años (en Monterrey) nunca me han asaltado. He visto cosas feas, sí hay inseguridad, pero hay que también ser un poco inteligentes, no meterte en cosas que no son tuyas, no faltar el respeto. Al final eres siempre un huésped aquí aunque ya tengas años”, asegura.

La cuestión del tiempo ha sido un choque cultural para Alessandro, aunque para él es más fácil sobrellevar la situación con un “ahorita vemos qué pedo”, una frase mexicana que se podría entender como un “espera, todo saldrá bien” e incluye el “ahorita” que Billy hacía referencia en su choque cultural respecto al tiempo.

“No enojarse si los horarios son muy flexibles y ahí ver qué pedo y pasarla bien. Al inicio como que sí te estresas, porque hay que dormir o ir a algún lado, (pero) sobre todo si eres joven, aprovecha esa mentalidad y esa manera muy mexicana y muy padre de vivir. Ves qué pedo y ahí conoces gente y lo que dure, lo que aguante el cuerpo. Eso sí, cuidado con los shots de tequila”, recomienda Alessandro a todos los extranjeros que vayan a visitar Monterrey por el Mundial.

Piensa que tanto mujeres como hombres disfrutarán de la época mundialista por la gran cultura futbolística de Monterrey, que tiene dos equipos principales y rivales: Tigres y Monterrey.

“(Las mujeres) van con la playera bien puesta. Ni siquiera tengo amigos que tengan tantas playeras como mis amigas de Monterrey, que tienen playeras de Tigres o Rayados, tienen como 10 o 15 cada quien (…) Van hasta a carnes asadas con la playera de Tigres o Rayados. Creo que sería impensable para una italiana ir con camisa de fútbol a un lugar de fiesta”.

Leah Everson es de Londres, Inglaterra. En su país era ingeniera, pero su deseo de ser maestra de inglés y aprender español al mismo tiempo la llevó a Guadalajara, donde terminó siendo profesora de física.

Su llegada a Guadalajara fue casi por azar, durante el año sabático que decidió tomar de su carrera en ingeniería. Para lograr ser maestra de inglés y aprender español, quería tomar un curso en un país donde se hablara el idioma. Originalmente eligió uno en Bogotá, Colombia, pero se canceló un mes antes de llevarse a cabo, por lo que buscó otro de última hora. Encontró un curso en Guadalajara, y fue así como terminó en la capital del estado mexicano de Jalisco.

“Nunca había oído hablar de Guadalajara antes; investigué un poco y vi que tenía muy buen clima y excelentes críticas, por ejemplo, en cuanto a la comida. Además, era una ciudad grande, algo que también me gusta, así que, bueno, fue una decisión un tanto espontánea”, dijo Leah en entrevista con CNN.

Ahora Leah, que compara la pasión del fútbol entre Inglaterra y México, se siente tan en casa que cambió al Chelsea de su natal Londres por las Chivas de Guadalajara.

Enamorarse de Guadalajara fue una combinación de situaciones: desde hacer amigos y la amabilidad de la gente, hasta las actividades que se pueden hacer en la ciudad.

“(Tres semanas después de llegar) estaba caminando en la ciudad. Escuché como un tipo de fiesta en un parque con gente y pensé ‘me gusta este tipo de música’. Entonces fui allá y había mucha gente. Ellos empezaron a platicar conmigo y me preguntaron ‘¿de dónde eres?, ¿por qué estás aquí?’ (…) Después de esto me invitaron a clases para aprender a patinar, y a comer en grupo. Y en ese momento pensé que tenía una comunidad aquí en Guadalajara y era una ciudad en la que yo podía vivir más tiempo”, recuerda.

Leah, al igual que Billy, coincide en que para integrar debes al menos intentar hablar español.

“(Al hablar español), me fijé que toda la gente ayuda, te ayuda a hablar más, te da más confianza cuando hablas y con eso también tú puedes experimentar más de la vida que tienen”, dice sobre su experiencia en Guadalajara.

Sabe que la imagen de la ciudad es negativa en el ámbito de la seguridad. Sin embargo, dice que toma sus precauciones, como salir “con más amigas”. La gran mayoría de habitantes de la ciudad se sienten inseguros, según datos del Inegi. Esta sensación de inseguridad aumentó sobre todo después de los hechos de violencia registrados en febrero en Guadalajara —y otras partes de Jalisco— luego del operativo federal que terminó con la muerte de Nemesio “Mencho” Oseguera, el líder de una las principales organizaciones delictivas mexicanas. Leah se encontraba en Guadalajara en esos momentos y dice que sintió “miedo”, aunque asegura que las cosas regresaron a la normalidad poco después.

“Estaba en casa con mis amigos que viven allí y son de México, me sentía bastante tranquila porque la gente decía simplemente que nos quedáramos dentro; lo peor que podía pasar era quedar atrapados en un fuego cruzado, pero la realidad es que eso nunca ocurrió en nuestra zona, así que no vimos tiroteos violentos ni nada por el estilo; lo único que pasaba era que estaban quemando algunos Oxxo (nombre que se refiere a las tiendas de autoservicio de esta marca que fueron quemadas en febrero tras el operativo)”, comenta.

Pese a estos hechos, Leah dice que no se iría de Guadalajara y que siempre se tienen que tomar “riesgos” para conocer otros lugares, incluso en ciudades consideradas de primer mundo, como su ciudad natal.

“Si estás en un lugar cuando una cosa mala pasa, no puedes controlar eso. Tienes que vivir tu vida. Tomas precauciones, pero también no quiero vivir con miedo”, asegura.

Si bien las noticias de inseguridad son algo que llama la atención desde el exterior, Leah piensa que otra cosa que sorprenderá a los extranjeros que visiten Guadalajara es la temporada de lluvias. Junio suele ser un mes lluvioso en varias partes de México, y ese clima viene acompañado esta semana de dos ciclones tropicales, Boris y Cristina, desplazándose sobre el Pacífico —misma región en la que se encuentra Jalisco— y generando nubosidad y precipitaciones. “Tal vez esto va a ser un problema para la gente que viene a visitar durante la Copa del Mundo”, menciona Leah.

En el área metropolitana de Guadalajara, donde se encuentra el estadio en el que debutaron Corea del Sur y República Checa el jueves 11 de junio en el Mundial 2026, se registraron lluvias ligeras.

Aprender un idioma y sentir curiosidad por la cultura que lo acompaña es algo común. Así comenzó la historia de Billy Peters. Lo que empezó como un reto entre amigos para comer sano, hacer ejercicio y aprender una nueva lengua pronto se convirtió en algo más. A medida que avanzaba con el español, también crecía su fascinación por una cultura desconocida y distante de la vida que conocía en Australia. La curiosidad lo llevó a viajar a México, pero una vez allí, descubrió que no le bastaba con visitarlo. Lo que había comenzado como un interés por un idioma terminó convirtiéndose en una nueva vida.

Billy trabajó como paramédico durante seis años, tres de ellos en Australia y tres más en Londres. Regresó a su ciudad de origen, Melbourne, en 2023, luego de esos años de trabajo. Pero encontrar un nuevo empleo ahí era “muy difícil”, según cuenta, así que decidió llevar el aprendizaje del español en una ciudad donde también pudiera trabajar.

“Encontré una opción en Guadalajara para trabajar como paramédico voluntario durante un mes. Lo que realmente quería era practicar el español mientras realizaba una labor que dominaba a la perfección. Fue entonces cuando me enamoré de México y me di cuenta de cuánto español sabía ya y de cuánto me quedaba aún por aprender”, dice en entrevista con CNN. “Me enamoré del español porque, creo, me resultó bastante natural; avancé mucho y con gran rapidez, lo cual me dio mucha motivación para seguir adelante”.

El hecho de aprender español va más allá de los viajes, Billy dice que a menudo se sentía restringido al interactuar con personas que hablaban otros idiomas, ya que no podía comunicarse ni comprenderlas en su propia lengua.

“Tengo la creencia de que, si tienes que traducirte a ti mismo para otra persona, es en cierto modo como si estuvieras traduciendo una parte de tu alma; y esa otra persona no llegará a comprender realmente tu cultura, tu sentido del humor ni tu personalidad tan bien como lo haría si se lo explicaras en su propio idioma”, menciona.

Fue durante un voluntariado como paramédico en Guadalajara, en 2024, cuando Billy asegura que se enamoró de México y decidió que quería regresar.

“Tuve la oportunidad de ver un lado de México a través los ojos de un mexicano. Y ahí es cuando me enamoré de México y después decidí regresar”, declara.

En enero de 2025, Billy volvió a Australia. Apenas al llegar al aeropuerto, sabía que debía regresar a México. Primero viajó por América Latina y después concertó su regreso a tierras mexicanas.

“Cuando llegué al aeropuerto de Australia y hablé con el hombre de inmigración, pensé que ya no puedo hablar español en mi día a día y, en serio, me encanta. Por eso decidí regresar aquí a México, porque viajé por todas partes de América Latina y México es el país donde me siento más cómodo y donde hay más vida”, afirma.

Billy dice que ama Australia por su gente y la seguridad en las calles, aunque la considera distinta a México porque las interacciones le parecen menos cercanas. Además, asegura que trabajar en países donde solo podía hablar inglés lo hacía sentir “esposado”.

“Me di cuenta que tal vez no estaba disfrutando mi profesión mucho, pero sí estaba disfrutando el proceso de aprender otro idioma. Por eso pensé en dejar mi profesión en Australia como paramédico y buscar lo que vino después de esa profesión”, señala Billy, que convirtió sus procesos de aprendizaje y enseñanza de idiomas en su nueva forma de vida.

Dejar atrás a familia y amigos, dice, es lo más difícil de irse a otro país.

“Tengo casi 28 años y es un tiempo en mi vida de muchos cambios, en las vidas de mis amigos también. Es difícil estar muy lejos de esas personas mientras están viviendo esas experiencias y perder la oportunidad de compartir ese tiempo con ellos”, explica.

Para Billy, uno de los grandes choques culturales en su experiencia en México ha sido el tamaño de la capital y la percepción de seguridad en lugares solos.

“En general la Ciudad de México es una ciudad gigante y me parece que no hay mucho espacio, eso es diferente a mi país. En mi país puedes caminar y encontrar un lugar con mucho espacio, un parque con mucho césped y puedes hacer ejercicio y sentirte solo, puedes salir de la ciudad a un lugar sin gente. Aquí, si sales de la ciudad a un lugar sin personas, pues tal vez ese lugar es un poco peligroso y no deberías estar allá”.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) de México, la percepción de inseguridad en la Ciudad de México —una de las entidades con mayor población en el país, junto al Estado de México y Jalisco— rondaba en marzo de 2026 entre el 16,4 % (alcaldía Benito Juárez) y el 71 % (alcaldía Iztapalapa). Esto quiere decir que Iztapalapa es el lugar de la capital mexicana donde la gente se siente más insegura, mientras que donde se siente más es en Benito Juárez. En Tlalpan y Coyoacán, zonas cercanas al estadio mundialista Ciudad de México, la percepción de inseguridad está entre el 45 % y 58 % (o sea, 4 o 5 de cada 10 personas que se encuentran esas zonas se sienten inseguras).

Otro choque cultural fue pasar la Navidad en Durango, estado al norte de México, y sorprenderse de que incluso Santa Claus estaba ahí.

“Nos quedamos despiertos hasta las 3:00 de la mañana, con la comida, rezando, cantando, bailando y todo eso es muy diferente. Todavía hubo Santa Claus y no me di cuenta de que habría Santa Claus en una Navidad mexicana, pero sí es muy diferente a mi país”, relata.

Ante el panorama de gentrificación en la Ciudad de México y las protestas contra este fenómeno que beneficia mayormente a los extranjeros o personas con alto poder adquisitivo, Billy asegura que nunca ha tenido una mala experiencia con alguna persona en la calle, pero sí puede notar los comentarios que incitan al odio en sus contenidos de redes sociales.

“La cosa que me confunde es que esas personas ven a alguien que habla español, que le encanta este país, que no quiere cambiar nada, que paga impuestos y tiene una visa de trabajo. Escoge tu batalla. Si yo no soy de las personas que quieren aquí, ¿pues a quién quieren?”, pregunta.

Recomienda a quienes visitarán México por el Mundial que intentar hablar español es esencial para ser parte de la comunidad, así como estar abierto a experiencias nuevas.

“Para incorporarte, tienes que intentar con el idioma, y eso es lo que me encanta hacer. Y también no te quejes de cosas que son diferentes a tu país. El ruido aquí es muy difícil para mí, pero no quiero quejarme porque es una parte de la vida”, declara.

Billy se ha acomodado tan bien en México que sabe a la perfección el significado de “ahorita”, una palabra que puede abarcar un lapso corto o amplio para los latinos, dependiendo la situación. Todo consiste, dice, en “disfrutar de la vida”.

Cuenta que su meta en México es hablar español “como nativo”.

“Después de eso, no sé, voy a ver lo que tiene el futuro. Tengo una visa de un año y tal vez puedo quedarme más después con otra visa. No sé cuánto tiempo me voy a quedar aquí, pero hasta que logre esa meta”.

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