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¿Se está posicionando China para convertirse en un mediador de paz entre Estados Unidos e Irán?

Análisis por Simone McCarthy y Sofía Saifi, CNN

Mientras la guerra en el Golfo se prolonga por segundo mes, lastrando la economía mundial sin que se vislumbre una salida, surgen cada vez más preguntas sobre el papel que está dispuesta a desempeñar China, una potencia mundial y socio diplomático de Irán.

El posible papel de China estuvo en el punto de mira esta semana después de que el ministro de Asuntos Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, visitara Beijing el martes para conversar con su principal diplomático, Wang Yi.

Esta reunión se produce en un momento en que Islamabad ha intensificado sus esfuerzos por posicionarse como mediador de paz en el conflicto.

En un comunicado sobre el “restablecimiento de la paz” publicado el martes, ambos países pidieron un “alto el fuego inmediato”, conversaciones de paz “lo antes posible” y una paz duradera respaldada por la ONU.

“China y Pakistán apoyan a las partes pertinentes en el inicio de las conversaciones”, expusieron ambas partes en su iniciativa de cinco puntos publicada después de lo que Islamabad describió como “horas de diálogo” entre Dar y Wang.

Esta iniciativa representa la postura más detallada que Beijing ha articulado hasta la fecha sobre cómo resolver el conflicto. Asimismo, exige la seguridad de las rutas marítimas, el cese de los ataques contra civiles y objetivos no militares, y la salvaguarda de la soberanía y la seguridad tanto de Irán como de los Estados del Golfo.

Pero esa postura, expresada en términos generales, también plantea interrogantes sobre qué medidas concretas tomaría China en un futuro proceso de paz.

¿Hasta qué punto está dispuesta a involucrarse en un conflicto que se desarrolla en una región volátil donde debe mantener relaciones equilibradas con socios de ambos bandos?

Fuentes oficiales paquistaníes han declarado a CNN que uno de los temas que Dar probablemente abordaría durante su estancia en China sería la posibilidad de que el gigante de Asia actúe como garante para asegurar un acuerdo de paz.

Dos fuentes paquistaníes también confirmaron que, mientras se celebraba una reunión a cuatro bandas entre Turquía, Arabia Saudita, Egipto y Pakistán en Islamabad a principios de esta semana, el presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, mantuvo reuniones en la embajada china para discutir la situación regional actual.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán declinó responder el martes a las preguntas sobre las conversaciones con China, alegando que estas conversaciones son demasiado “delicadas y complejas” como para que el Ministerio de Asuntos Exteriores haga declaraciones basadas en suposiciones.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de China no respondió de inmediato a la solicitud de comentarios de CNN.

Irán ha enviado señales contradictorias. El presidente Masoud Pezeshkian declaró el martes que el país estaba dispuesto a cesar los combates bajo ciertas condiciones, “especialmente las garantías necesarias para evitar una nueva agresión”, informaron los medios estatales iraníes.

Al mismo tiempo, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, afirmó que Irán está preparado para “al menos seis meses” de guerra.

Pakistán se ha ofrecido a mediar entre su vecino Irán y Estados Unidos, aprovechando su posición como potencia con relaciones estables con ambos países. El viaje de Dar a China el martes fue por invitación de Wang, según comunicados de ambos ministerios de Asuntos Exteriores.

Aunque Beijing se posiciona como una voz a favor de la paz y un actor responsable en un conflicto que está sacudiendo la economía mundial, es probable que actúe con cautela.

“China tiene todos los incentivos para mostrar su capacidad de mediación diplomática”, afirmó Tong Zhao, investigador principal de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. “Quiere que el mundo vea un contraste: mientras Estados Unidos genera agitación y caos, China se posiciona como una fuerza para la desescalada, la estabilidad y la paz”.

“Sin embargo, lo que Beijing esté dispuesto a aportar materialmente es otra cuestión”, añadió.

Este no es el primer intento de China por presentarse como un agente de paz en conflictos internacionales.

Beijing acogió conversaciones tras los enfrentamientos fronterizos entre Tailandia y Camboya el año pasado.

También ha presentado varias propuestas para poner fin a la guerra en Ucrania, aunque con escaso éxito, ya que los críticos afirman que estos esfuerzos fueron más un intento de mejorar la imagen de China que de una reconciliación sincera.

En lo que respecta al conflicto actual, los estrategas chinos pueden ver ventajas respecto a unos Estados Unidos preocupados que están dañando su credibilidad global con una guerra económicamente desastrosa, incluso mientras China está inquieta por las repercusiones para su economía basada en las exportaciones.

Además, es muy improbable que Beijing acepte cualquier tipo de papel de garante que le exija aportar recursos militares o garantías para respaldar la paz. A esto se suma que se considera que su influencia en materia de seguridad en Medio Oriente es limitada.

No está claro qué implicaría tal acuerdo. Una fuente diplomática al tanto de las conversaciones a cuatro bandas en Islamabad declaró a CNN que el tema surgió mientras los cuatro países involucrados exploraban diferentes maneras de “superar las diferencias entre las distintas partes interesadas de forma creativa”.

Un acuerdo de este tipo no encajaría con la reticencia de China a las alianzas militares. Beijing también desconfiaría enormemente de cualquier acuerdo que le obligara a supervisar y sancionar las violaciones del alto el fuego, especialmente uno que pudiera provocar un conflicto con Estados Unidos.

Si bien China mantiene un tratado de defensa mutua con Corea del Norte que data de hace décadas, tradicionalmente ha evitado las alianzas y ha abogado por una reforma del modelo de seguridad internacional liderado por Estados Unidos.

“Sin duda, a medida que crece el poder duro y blando de China, aumenta el debate interno sobre si Beijing debería desplegar sus capacidades de forma más proactiva para expandir su influencia global y consolidar su estatus de potencia líder. Aun así, Irán no parece un escenario probable para tal inversión”, afirmó Zhao.

Durante las más de cuatro semanas de guerra en el Golfo, China ha mantenido una postura diplomática cautelosa, pidiendo un alto el fuego y celebrando numerosas reuniones y conversaciones sobre el tema.

Sin embargo, también ha dejado claro dónde cree que debería residir el impulso para poner fin al conflicto y a sus repercusiones económicas globales.

“Quien ató la campana debe ser quien la desate”, declaró la semana pasada el enviado de China para Medio Oriente, Zhai Jun, en una clara referencia a Estados Unidos e Israel, cuando se le preguntó sobre las circunstancias en las que podría alcanzarse un alto el fuego.

Los analistas chinos también reflejan una aguda conciencia por parte de Beijing de los desafíos arraigados para resolver un conflicto en el que las dos partes tienen poca confianza y mucha animosidad.

“China ha pedido a ambas partes un alto el fuego inmediato, pero dudo que alguna de ellas haga caso a ese tipo de consejo en este momento. Estados Unidos ya se encuentra en un dilema del que debe salir adelante como pueda, e Irán necesita una venganza que al menos le permita salvar las apariencias”, declaró el coronel (retirado) Zhou Bo, investigador principal del Centro de Seguridad y Estrategia Internacional de la Universidad de Tsinghua en Beijing.

Es posible que China ya no desempeñe un papel en las conversaciones de paz, dado que Pakistán ya ha asumido esa posición, añadió.

Beijing desempeñó un papel fundamental en la mediación para lograr un acercamiento entre Irán y su antiguo rival, Arabia Saudita, en 2023. Además, la visión alternativa del líder chino Xi Jinping para la seguridad internacional incluye a Beijing como mediador.

Según Wang Yiwei, director del Instituto de Asuntos Internacionales de la Universidad Renmin de Beijing, las relaciones de China con los actores clave de este conflicto, incluidos Irán y Estados Unidos, así como Pakistán, podrían facilitarle el acceso a todas las partes en las conversaciones de paz.

Pero China también está sopesando las implicaciones de su diplomacia para sus propias prioridades, en particular la visita prevista del presidente de EE.UU., Donald Trump, a China en mayo y otros encuentros diplomáticos que se esperan entre los dos líderes este año.

China podría intentar desempeñar un papel como gesto de buena voluntad hacia Estados Unidos, pero también se ha mostrado cautelosa ante la posibilidad de que la guerra tense esa relación.

“No queremos que Irán ni ningún otro fenómeno dañe esta confianza”, señaló Wang, de la Universidad Renmin, refiriéndose a los próximos intercambios diplomáticos.

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