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Un acuerdo con Irán no bajaría los precios de la gasolina en el corto plazo

Por David Goldman, CNN

El presidente Donald Trump dio un giro radical en su posición con respecto a los ataques contra Irán la mañana del lunes y los precios del petróleo se desplomaron.

Lamentablemente, los precios de la gasolina no seguirán ese mismo camino de inmediato.

El precio promedio de la gasolina en Estados Unidos se acerca ya a los US$ 4 por galón, y los estadounidenses rezan por un alivio en el surtidor. El diésel ha superado los US$ 5 dólares, lo que está empezando a encarecer el precio de cualquier mercancía que requiera transporte.

Sin embargo, deben ocurrir muchas cosas para que los precios de la gasolina vuelvan a caer por debajo del rango de los US$ 3, tal como estaban antes de la guerra: Irán debe reabrir el estrecho de Ormuz, la producción de petróleo debe reactivarse por completo y la bajada en los precios del crudo debe trasladarse a lo largo de toda la cadena de suministro.

Nada de esto está garantizado. Y, aun si lo estuviera, no se trata de un proceso rápido.

El lunes, Trump le dijo a Kaitlan Collins, de CNN, que el estrecho de Ormuz se abrirá pronto al tráfico de buques petroleros, siempre y cuando las negociaciones den frutos. Afirmó que espera que esta crucial vía fluvial sea controlada conjuntamente por Estados Unidos e Irán.

“El ayatolá y yo”, dijo Trump.

Esa es una admisión crucial y el meollo del problema: Estados Unidos no controla actualmente el estrecho, lo hace Irán. El cierre del estrecho causó daños económicos instantáneos a gran parte del mundo, otorgando a Irán una ventaja significativa en la guerra.

“Hacen falta dos para el TACO”, dijo Helima Croft, jefa de estrategia global de materias primas en RBC Capital Markets, refiriéndose al acrónimo de Wall Street “Trump Always Chickens Out” (Trump siempre se acobarda).

“No me creo que esto sea el principio del fin”, afirmó.

El cierre efectivo del estrecho de Ormuz por parte de Irán es similar a la decisión de China de restringir las licencias de tierras raras a las empresas estadounidenses en respuesta a la histórica guerra comercial de Trump. Al igual que con Irán, la administración Trump no logró anticipar la disposición de China a infligirse una herida económica a sí misma a cambio de obtener la ventaja en las negociaciones con Estados Unidos.

Pero China, al menos, cuenta con un liderazgo estable. Los bombardeos israelíes y estadounidenses contra Irán han matado a muchos representantes del gobierno iraní. Trump ni siquiera mencionó con quién está negociando Estados Unidos, se limitó a decir que su administración mantiene conversaciones con “una persona de alto nivel” y que han llegado a acuerdos sobre “puntos importantes”.

El secretario de Energía, Chris Wright, reconoció el lunes ante la CNBC que no estaba claro con quién debería negociar Estados Unidos.

“Ha habido una gran rotación en el liderazgo energético [de Irán]”, dijo Wright. “Esa es una de las cosas que averiguaremos aquí, en estos diálogos: ¿Quién está en el poder?”.

Esto plantea interrogantes sobre si los negociadores iraníes hablan en nombre de todo el gobierno y si poseen la autoridad y el poder para reabrir el estrecho de Ormuz, suponiendo, claro está, que tales negociadores existan realmente. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmaeil Baghaei, ha negado que Irán mantuviera negociaciones con Estados Unidos.

Suponiendo que las negociaciones sean un éxito y que Irán acceda a reabrir por completo el estrecho de Ormuz, es probable que los precios del petróleo caigan de manera brusca y rápida. El simple hecho de que Trump mencionara esta posibilidad hizo que el precio del petróleo se desplomara cerca de un 7 % el lunes.

Sin embargo, se han producido daños considerables en la infraestructura circundante, incluidas las refinerías de gasolina. Qatar declaró que el bombardeo perpetrado por Irán la semana pasada contra su puerto de gas natural licuado (GNL) de Ras Laffan —el más grande del mundo— fue de tal magnitud que su plena reactivación operativa llevará años.

Muchas instalaciones de producción energética resultaron indemnes, pero fueron desconectadas durante el conflicto, dado que el cierre del estrecho de Ormuz impedía a los productores dar salida a su petróleo. La reactivación de la producción en las instalaciones operativas podría demorar varias semanas.

“Abrir y cerrar el grifo del petróleo no es lo mismo que encender y apagar las luces”, señaló Joe Brusuelas, economista jefe de RSM US. “Se trata de una proeza de ingeniería de considerable envergadura”.

Por este motivo, es probable que transcurran entre tres y cuatro meses tras el cese de las hostilidades en Medio Oriente antes de que la producción de petróleo y gasolina se acerque, siquiera remotamente, a los niveles previos a la guerra.

Eso no es todo: las compañías aseguradoras deberán cerciorarse de que los buques petroleros que tienen cubiertos puedan navegar con total seguridad por el estrecho de Ormuz —zona que Irán ha minado— sin temor a sufrir ataques. Las refinerías de gas deberán producir gasolina a partir de los precios más bajos del crudo, la cual tendrá que ser posteriormente transportada por oleoductos hasta los mayoristas y distribuida en camiones cisterna a las gasolineras.

Y las gasolineras, que operan con márgenes de beneficio extremadamente estrechos, deberán mostrarse dispuestas a rebajar sus precios. Ningún propietario de gasolinera de la zona desea ser el primero en dar el paso.

De ahí que el sector describa las variaciones en los precios de la gasolina como un fenómeno que en inglés se conoce como “rockets and feathers” (cohetes y plumas): los precios de la gasolina tienden a dispararse hacia arriba como un cohete cuando suben los precios del petróleo, pero descienden con lentitud —como una pluma— cuando el precio del crudo baja.

Ese fenómeno ha frustrado a los políticos durante años, incluido el expresidente Joe Biden, quien en 2022 se quejó de que los precios de la gasolina se mantenían en torno a los US$ 4,30 por galón, incluso cuando los precios del petróleo cayeron más de US$ 20 dólares —situándose por debajo de los US$ 100 — en cuestión de un par de semanas.

Los precios elevados de la gasolina causan daños que van más allá de los índices de aprobación presidencial, aunque ciertamente también afectan a estos. Asimismo, suponen un aumento inmediato y significativo en los costos para los hogares estadounidenses. Según Mark Finley —investigador no residente en energía y petróleo global del Instituto Baker de la Universidad Rice, y execonomista sénior en BP—, cada dólar adicional que sube el precio de la gasolina se traduce en 122.000 millones de dólares en gastos anuales extra en los surtidores de Estados Unidos.

Esto equivale a unos US$ 1.000 dólares por hogar al año.

“El precio de la gasolina importa de muchas maneras distintas. La más importante de ellas, para el bolsillo de los consumidores”.

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