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Las deportaciones lanzadas por Trump no son novedosas: estos son sus dos oscuros antecedentes

Análisis por Juan Carlos López, CNN en Español

Make America Great Again, el eslogan del presidente Donald Trump, no es suyo. Surgió en 1980 en la campaña en la que el republicano Ronald Reagan derrotó al entonces presidente demócrata, Jimmy Carter, como mantra de la llamada “revolución conservadora”. La cruzada republicana buscaba impulsar la unidad nacional y la fortaleza de la economía en momentos de crisis. En la versión de Trump, la propuesta es volver a un pasado más próspero, pero el manido concepto de “todo tiempo pasado fue mejor” no siempre es real.

La Placita Olvera es considerada el lugar de nacimiento de Los Ángeles, California. Según el relato, 11 familias mexicanas se asentaron allí a finales del siglo XVIII en lo que hoy es una de las metrópolis más importantes de Estados Unidos.

Pero la Placita, como es conocida, fue escenario de un oscuro capítulo en la historia del país. En medio del desempleo que crecía por la depresión económica, el rechazo a los inmigrantes mexicanos aumentó; la opinión pública los culpaba de quitarle puestos de trabajo a los estadounidenses, el mismo argumento que casi un siglo después usaría Donald Trump.

Tras publicar anuncios durante varios días sobre redadas contra mexicanos, el 16 de febrero de 1931 comenzaron en la Placita Olvera. Fue el comienzo de un proceso que, según estimaciones, para 1940 llevó a la deportación o salida voluntaria de por lo menos 1 millón de personas de origen mexicano; se estima que hasta un 60% había nacido en Estados Unidos, es decir, eran ciudadanos estadounidenses.

Según el diccionario de americanismos, “mojado”, más que su significado obvio, se refiere en primera acepción a “persona que emigra ilegalmente a los Estados Unidos” y en segunda a “relativo a los inmigrantes ilegales en los Estados Unidos”. Claro, es difícil cruzar un río nadando y salir seco; de ahí viene el termino despectivo “wetback” o espalda mojada. Fue el terminó que escogió el gobierno del republicano y general retirado Dwight Eisenhower para su campaña de deportaciones en 1954.

Si la gran depresión llevó a la expulsión de miles de inmigrantes y ciudadanos de origen mexicano, la Segunda Guerra Mundial revivió la necesidad de esa mano de obra ante la incorporación de millones de estadounidenses a las fuerzas militares. La guerra no solo abrió las puertas del mercado laboral a las mujeres, sino además a los trabajadores mexicanos, que regresaron por miles.

En 1942 el gobierno de Estados Unidos creó el Programa Braceros en coordinación con el de México. Se permitió el ingreso temporal de mexicanos de manera legal, pero la necesidad de mano de obra era tal que muchos optaron por contratar trabajadores por fuera del programa, a quienes les pagaban menos y con mucha menor burocracia. De nuevo la opinión pública reaccionó a las versiones que aseguraban —como había sucedido en 1930 y como sucedería 80 años después— que el ingreso de indocumentados reducía las opciones laborales de los estadounidenses.

Eisenhower, quien fue comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa, encargó el operativo a subalternos que también habían sido militares. Ese verano de 1954, miles de mexicanos fueron detenidos y deportados; otra gran cantidad se fue por su cuenta por el temor generado por las redadas. La cifra oficial es de 1,1 millones de deportados, pero algunos estudios ponen en duda ese dato y advierten que la cantidad real fue de unos 300.000 detenidos.

Un estudio de Kelly Lytle Hernández, profesora de la universidad de California en Los Ángeles, reveló que la Operación Wetback fue en realidad una estrategia para forzar a los agricultores a contratar trabajadores bajo los términos del Programa Braceros, que siguió en vigor hasta 1964. A partir de 1955, la Patrulla Fronteriza redujo la intensidad de sus operativos.

Desde su primer gobierno, Donald Trump invocó la Operación Wetback como el modelo a repetir, pero en realidad ha combinado “todas las formas de lucha”, desde las redadas en ciudades, como la de la Placita Olvera de 1930, a la movilización de agentes de la Patrulla Fronteriza y otras agencias federales de Wetback.

Ahora tiene a la Corte Suprema de su lado. El tribunal lo habilitó en una medida conocida como la orden de detención Kavanaugh, por el magistrado Brett Kavanaugh, el único juez en explicar su decisión en septiembre de 2025.

La Corte suspendió entonces la aplicación de una orden temporal de una instancia menor que impedía usar una combinación de factores para detener a alguien bajo sospecha de ser indocumentado, eso incluía su apariencia física o racial, si habla español o inglés con acento, si está en un lugar frecuentado por indocumentados o por el tipo de trabajo que desempeña.

En su decisión, Kavanaugh explicó que el sentido común y el precedente legal establecen que esos pueden ser factores de permanencia irregular en el país y que un ciudadano o persona con estatus legal será liberado “después de un breve encuentro”. Pero por lo que se ha visto hasta ahora, no todos esos encuentros son breves y ocurren en lugares que los agentes determinan.

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