El “TACO” de Trump con respecto a Groenlandia podría evitar una guerra económica
Análisis por Anna Cooban, CNN
La amenaza del presidente Donald Trump de imponer aranceles a los países que se opusieran a su intento de anexar Groenlandia desapareció y, con ella, la perspectiva de una guerra económica de represalias con Europa, uno de los socios comerciales más importantes de Estados Unidos.
Trump anunció el miércoles un marco para un futuro acuerdo sobre Groenlandia y canceló los aranceles prometidos: su más reciente “TACO” (el acrónimo de Wall Street para “Trump Always Chickens Out”, es decir, “Trump siempre se echa para atrás”).
Europa estaba considerando acciones de emergencia contra Estados Unidos, porque la exigencia de Trump de que Europa le cediera territorio soberano de un aliado de la OTAN o enfrentara aranceles punitivos era una línea que los líderes de la región no estaban dispuestos a dejarle cruzar, al menos no sin dar pelea. Los líderes de la Unión Europea aún planean mantener una reunión de emergencia previamente programada en Bruselas este jueves.
No está claro si las amenazas de la UE de responder con sus propias medidas comerciales o su decisión de este miércoles de pausar las aprobaciones finales de su acuerdo comercial con EE.UU. motivaron a Trump a retroceder.
Sea cual sea la lógica del “TACO” de Trump, por ahora parece haberse evitado una guerra fea.
Este miércoles, los legisladores de la UE respondieron a la amenaza arancelaria de Trump al acordar suspender la ratificación de un borrador de acuerdo comercial entre la UE y Estados Unidos, forjado el verano pasado con sangre, sudor y (sobre todo) lágrimas europeas.
El acuerdo fijaba un gravamen del 15 % sobre la mayoría de los bienes importados del bloque —con varias excepciones notables, entre ellas los productos farmacéuticos— e incluía un compromiso de la UE de comprar US$ 750.000 millones en productos energéticos estadounidenses.
El futuro del acuerdo comercial sigue siendo incierto. Julian Hinz, jefe de investigación en política comercial del Instituto Kiel, considera que muchos en Europa no creen que valga la pena protegerlo. Le dijo a CNN que muchos europeos lo ven como “muy asimétrico” a favor de Estados Unidos.
En represalia contra Estados Unidos, la UE podría haber desempolvado un paquete de aranceles de represalia por un valor de 93.000 millones de euros (US$ 109.000 millones), elaborado el año pasado en respuesta a amenazas arancelarias previas de Trump. Según informes, apunta a productos que van desde la soya estadounidense hasta el whisky.
Esos aranceles podrían haber asestado un golpe político a Trump, que en meses se enfrentará a las elecciones intermedias, dijo Jacob Funk Kirkegaard, investigador principal del Peterson Institute for International Economics.
“Ese paquete ya estaba diseñado para apuntar a estados republicanos, estados agrícolas… habría tenido, creo, un impacto negativo bastante significativo (en esos lugares)”.
La UE podría haber ido más allá de los gravámenes de represalia y activar por primera vez su llamada “bazuca comercial”, un mecanismo que permite al poder ejecutivo del bloque imponer una gama de sanciones a socios comerciales.
El llamado Instrumento Anticoerción permite a la UE imponer controles a las exportaciones europeas hacia Estados Unidos, introducir nuevos aranceles y limitar las inversiones de empresas estadounidenses en el bloque, explicó Carsten Brzeski, jefe global de investigación macroeconómica de ING.
“La belleza (del ACI) es que puede ser todo y nada”, dijo.
Eso le permitiría infligir un daño significativo a Estados Unidos, señaló Kirkegaard, siempre que suficientes Estados miembros estén de acuerdo.
“Esta herramienta se describe legítimamente como una bazuca… pero también puede verse como un bisturí que realmente puede herir los intereses empresariales de EE.UU. de una manera muy quirúrgica”.
Al blandir el ACI, Europa pudo haberse inspirado en la contundente represalia de China contra Estados Unidos en su propia guerra comercial el año pasado.
La segunda economía más grande del mundo —que en un momento tuvo un arancel total de 145 % de EE.UU. sobre sus productos— introdujo controles de exportación para minerales críticos. También incrementó con gran éxito sus exportaciones a mercados nuevos y existentes, demostrando que no solo podía resistir los aranceles de EE.UU., sino prosperar.
Los países de la UE poseen en conjunto US$ 8 billones en acciones y bonos estadounidenses, lo que los convierte en el mayor prestamista de Estados Unidos, escribió el domingo George Saravelos, jefe de investigación cambiaria de Deutsche Bank, en una nota. Sugirió que Europa podría deshacerse de deuda del Gobierno de EE.UU. en represalia por el intento de Trump de apropiarse de Groenlandia, una medida que podría elevar los costos de endeudamiento en Estados Unidos y encarecer el costo de vida.
El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, desestimó la nota este miércoles en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, al decir que el director ejecutivo de Deutsche Bank le aseguró que el banco no respalda ese análisis.
Deshacerse de deuda estadounidense es casi con certeza una fantasía, porque tendría un efecto boomerang y reduciría el valor de las tenencias restantes de bonos del Tesoro de esos países.
“Por lo tanto, no considero que esta sea realmente un arma comercial viable”, dijo Kirkegaard. “Es el tipo de cosa que uno hace (si hay) una guerra real en Groenlandia”.
Una disputa comercial habría tenido un costo para Estados Unidos —y para Europa—. Trump amenazó con imponer aranceles del 30% al bloque antes del acuerdo.
Eso podría haber elevado los precios en Estados Unidos, erosionado aún más la confianza empresarial y empujado al límite a un mercado laboral estadounidense ya tambaleante. Y también habría perjudicado a las empresas europeas al alejar a los clientes estadounidenses de sus productos.
Algunos sostienen que la represalia habría sido una apuesta peligrosa, porque podría haber llevado a Trump a abandonar otras políticas cruciales para Europa.
“Si Europa empieza a imponer aranceles, ¿quién impide que el Gobierno de EE.UU. diga: ‘ah, bueno, entonces dejaremos de apoyar a Ucrania’?”, dijo Brzeski. “Europa todavía cree que estamos en un juego con reglas muy claras. No lo estamos”.
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