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Trump redobla sus provocaciones de cara a las elecciones intermedias

Análisis por Aaron Blake, CNN

Aunque el comportamiento personal del presidente Donald Trump suele ser extraño, su conducta durante los últimos 12 días ha sido bastante extraordinaria, especialmente con las elecciones intermedias a la vuelta de la esquina.

Ha ofrecido a los votantes lo que incluso algunos republicanos califican de soborno. Ha amenazado (¿en broma?) con retener la ayuda por desastres a un estado si este no elige a un senador republicano. Antes del 25º aniversario del 11 de septiembre, contó una historia dudosa sobre lo cerca que estuvo de la Zona Cero. Ha insinuado sin fundamento que los demócratas conspiraron para matarlo. Amenazó con detener todo el comercio exterior. Mantiene como rehén el futuro del Kennedy Center si los jueces no le permiten ponerle su nombre. Y ahora está negando a ciertos medios de comunicación, entre ellos CNN, el acceso a la Casa Blanca.

Una de las razones más subestimadas del declive de la fortuna política de Trump es la pérdida de confianza de los estadounidenses en su capacidad de liderazgo.

Las encuestas de los últimos meses han mostrado lo siguiente:

Y en el período previo a las elecciones intermedias de 2026, está haciendo muy poco para disuadir a la gente de estas ideas.

La oferta de Trump de US$ 5.000 a cada ciudadano estadounidense adulto si los republicanos mantienen sus mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado es, sin duda, un quid pro quo. Los votantes registrados consideran, por un margen del 66 % al 18 %, que es “inapropiada”.

Su amenaza en tono de broma del miércoles de retener la ayuda por desastres a Carolina del Norte si elige a un senador demócrata también resulta alarmante. Trump dijo que estaba bromeando, pero su historial deja claro que su administración ha discriminado a los estados demócratas en asuntos de este tipo. Y es algo bastante poco gracioso incluso para bromear al respecto.

Su relato, antes del aniversario del 11 de septiembre, sobre unos bomberos que se lo llevaron en medio del temor al derrumbe de un edificio no estaba confirmado y, en el mejor de los casos, era engañoso, como escribió Daniel Dale, de CNN. Y en la medida en que la historia esté adornada, se parece mucho a que el presidente se atribuya méritos heroicos ajenos.

Trump también dijo esta semana que el intento de magnicidio contra él en 2024 en Butler, Pensilvania, fue “un complot demócrata para sacarme de las elecciones”, una afirmación explosiva si tuviera algo de verdad. Pero sigue sin haber pruebas de que ningún demócrata estuviera implicado y él no proporcionó más detalles. De hecho, el presunto autor del intento de magnicidio, Thomas Crooks, estaba registrado como republicano. E incluso el mismo día de los comentarios de Trump, el director del FBI, Kash Patel, declaró que “no había pruebas” de que Crooks “estuviera siquiera hablando literalmente con ningún otro ser humano aparte de sus padres”.

Trump amenazó repetidamente con paralizar grandes sectores del comercio exterior de Estados Unidos —incluido el comercio con todos los países con los que Estados Unidos tiene un déficit comercial— si la Reserva Federal no baja las tasas de interés. “Si dejamos de comerciar con todos los países con los que tenemos un déficit, que son la mayoría y con los que sería muy fácil dejar de hacerlo, ganaríamos al menos US$ 1,5 billones al año”, dijo Trump el miércoles en Carolina del Norte. Esa lógica no tiene ningún sentido.

Para el viernes, Trump anunció repentinamente que estaba “vetando” a CNN, MS NOW y Politico de la Casa Blanca “con efecto inmediato”, tomando por sorpresa incluso a algunos miembros de su propio personal. A una periodista de CNN se le negó el acceso a los terrenos de la Casa Blanca el sábado por la mañana y se le confiscó su acreditación de prensa. También se les negó el acceso a un periodista de Politico y a un periodista y un fotógrafo de MS NOW.

Algunos de los otros ejemplos del comportamiento de Trump son un poco menos trascendentes, pero curiosos de todos modos.

El martes, Trump sugirió que los jueces de la Corte Suprema de Justicia que él postuló podrían haber tergiversado sus intenciones, al afirmar que “no son las personas a las que entrevisté” y que “son apenas una sombra de lo que eran originalmente”. Rompió con el protocolo de política exterior estadounidense de larga data al elogiar la posibilidad de la reunificación de Irlanda. Calificó las preocupaciones sobre la seguridad de la IA de “engaño”, pese a que amplios sectores de la población estadounidense están bastante preocupados por ese tema.

Y, por último, Trump ha pasado gran parte de esta semana buscando una manera de obligar a los tribunales a permitirle poner su nombre al Kennedy Center, pese a que eso aparentemente sería ilegal. Ahora Trump sugiere explícitamente que podría dejar que la institución se marchite y muera si no consigue lo que quiere.

Parece que fue hace mucho tiempo, pero durante el primer mandato de Trump se hablaba a menudo de su “temperamento” y de sus tuits. Sin duda, su conducta ha insensibilizado hasta cierto punto a los estadounidenses.

Pero estos parecen ser el tipo de comportamientos que querría moderar antes de unas elecciones intermedias en las que está en juego el control del poder por parte de su partido y los votantes tienen serias dudas sobre su estabilidad como líder.

Trump ha ido en la dirección opuesta, intensificando sus extravagancias.

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